Opinión: Biden, el mundo necesita su ayuda para acabar con la pandemia

Michelle Goldberg
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Un cubrebocas en Woodcliff Lake, Nueva Jersey, el 7 de marzo de 2021. (Fred R. Conrad/The New York Times)
Un cubrebocas en Woodcliff Lake, Nueva Jersey, el 7 de marzo de 2021. (Fred R. Conrad/The New York Times)

En julio pasado, durante la campaña a la presidencia, Joe Biden prometió al defensor de la salud universal Ady Barkan que no dejaría que las leyes de propiedad intelectual se interpusieran para que el mundo tuviera acceso a las vacunas contra la COVID-19.

“La Organización Mundial de la Salud está liderando un esfuerzo global sin precedentes para promover la cooperación internacional en la búsqueda de tratamientos y vacunas contra la COVID-19”, comentó Barkan. “Pero Donald Trump se negó a unirse a ese esfuerzo, aislando a Estados Unidos del resto del mundo. Si Estados Unidos es el primero en desarrollar una vacuna, ¿se comprometerá a compartir esa tecnología con otros países y se asegurará de que no haya patentes que eviten que otros países y empresas produzcan en masa esas vacunas que salvan vidas?”, preguntó el activista.

Biden fue tajante. “Eso que estamos haciendo carece de toda dignidad humana”, dijo sobre el aislacionismo de Trump en materia de vacunas. “Así que la respuesta es sí, sí, sí, sí, sí. Y hacer esto no solo es bueno, sino que nos beneficia enormemente”.

Sin embargo, ahora que Biden está en el poder, su percepción de nuestro beneficio no parece tan clara. El año pasado, India y Sudáfrica solicitaron una renuncia a las normas de la Organización Mundial del Comercio (la OMC, por su sigla en español) que rigen la propiedad intelectual para la tecnología relacionada con la pandemia. Desde entonces, se les han unido decenas de países, en su mayoría en desarrollo. Un puñado de países ricos, entre ellos Estados Unidos, se oponen a la renuncia, pero existe la creencia generalizada de que si Estados Unidos cambia su postura, otros países lo harán. Gran parte del mundo está esperando a ver qué hace Biden.

Hay un enorme consenso a favor de la renuncia. Incluye a decenas de premios Nobel y a exmandatarios del Reino Unido, Canadá, Costa Rica, Francia, Malawi, Nueva Zelanda y muchos otros más. Diez senadores demócratas le pidieron a Biden que acceda a la petición de India y Sudáfrica. La representante de Illinois Jan Schakowsky , está ayudando a organizar una carta de los miembros de la Cámara de Representantes y hasta ahora la han firmado casi cien.

La mayoría de las principales ONG de salud y derechos humanos se han unido a la campaña a favor de la renuncia, como Médicos sin Fronteras, Partners in Health, Human Rights Watch y Oxfam International.

“Creo que esta es una de las primeras promesas incumplidas”, afirmó Asia Russell , directora ejecutiva del Proyecto de Acceso Global a la Salud, una organización de abogacía internacional, sobre el hecho de que el gobierno de Biden no haya apoyado una renuncia, al menos hasta ahora. Ella lo compara con la breve negativa del gobierno de levantar los límites de refugiados de Trump. “Eso ya se revirtió casi en su totalidad”, dijo. “Y no ha sucedido lo mismo en este otro caso. Y estamos en una pandemia. Si no es ahora, ¿cuándo?”.

Andrew Yang,  quien está contendiendo a la alcaldía de Nueva York, en Manhattan, el 5 de abril de 2021. (Adam Pape/The New York Times)
Andrew Yang, quien está contendiendo a la alcaldía de Nueva York, en Manhattan, el 5 de abril de 2021. (Adam Pape/The New York Times)

A decir verdad, este asunto es más complicado que el de las admisiones de refugiados. Es bastante fácil desestimar los argumentos de las grandes farmacéuticas de que el levantamiento de las protecciones de la propiedad intelectual ahogará la innovación, dadas las enormes subvenciones públicas que sustentan la creación de las vacunas. “Los contribuyentes estadounidenses han invertido enormes cantidades para que esto sea posible”, dijo Schakowsky. Pero hay otros argumentos que merecen ser tomados en serio.

Peter Hotez, decano de la Escuela Nacional de Medicina Tropical de la Escuela de Medicina de Baylor y experto en vacunas, no está en contra de la renuncia , pero cree que la propiedad intelectual no es la barrera más importante para ampliar el acceso a las vacunas.

“Es un problema, pero yo no diría que es el más importante”, comentó. “Aunque mañana se liberaran por completo todas las restricciones de las patentes, no creo que suponga una diferencia para esta pandemia. Y la razón es que el mayor problema son los conocimientos técnicos”. Sostiene que dar a los países la fórmula de las vacunas no será suficiente si no se tiene una mano de obra capacitada para fabricarlas.

Hotez está trabajando con una empresa de la India para producir 1000 millones de dosis de una “vacuna para el pueblo”, una inoculación contra la COVID-19 de bajo costo y fácil de fabricar que está por terminar los ensayos de la fase 2. Le gustaría que el gobierno estadounidense le ayudara a producir 5000 millones de dosis.

“Estas vacunas de nueva tecnología son emocionantes y muy innovadoras, pero con una tecnología totalmente nueva es difícil pasar de cero a 5000 millones con tanta rapidez”, explicó.

Sin embargo aunque una renuncia de la OMC no sea suficiente para resolver la escasez de vacunas, sería un comienzo. En una carta reciente a grupos de activistas, Ngozi Okonjo-Iweala , directora general de la OMC, reconoció que existe “un potencial de producción sin explotar en el mundo en desarrollo. Acertar con la dimensión de la propiedad intelectual y la transferencia de tecnología es sin duda fundamental para liberar este potencial”.

Muchas de las figuras más destacadas de la salud pública mundial creen que la renuncia es un primer paso para permitir que este proceso se inicie.

“Cada día que no ponemos en marcha políticas progresistas es un día perdido para salvar más vidas, por lo que muere más gente”, aseveró Russell. “Porque ese cambio no se puede dar de la noche a la mañana: se necesitan seis meses, un año, tal vez más, para poner esto en marcha. No se necesita una eternidad, ni mucho menos. Pero cuanto más digamos que tardará, tardará mucho más”.

En estos momentos, la vacunación generalizada está liberando a muchos estadounidenses de un año de terror y aislamiento, incluso mientras nuevas oleadas de la pandemia asolan a países como India y Brasil. Los países de ingresos bajos y medios dicen que un cambio temporal en las normas mundiales de comercio les ayudará a defenderse. ¿El gobierno de Biden en verdad quiere ponerse en contra de esos países?

Se puede argumentar que Estados Unidos necesita ayudar a vacunar al mundo para frenar la evolución de nuevas variantes o para reafirmar el liderazgo mundial en un momento en el que Rusia y China han emprendido una diplomacia mucho más eficaz en cuanto a las vacunas. Pero la verdadera razón para hacer todo lo posible para ayudar a los países a conseguir las vacunas que necesitan para combatir esta plaga es la que Biden expresó a Ady Barkan el año pasado.

“Es lo único humanitario que se puede hacer en el mundo”, dijo. Así que debería hacerlo.

This article originally appeared in The New York Times.

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