Opinión: Biden y el futuro de la familia

Paul Krugman
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Al igual que a muchos progresistas, me gusta el plan del gobierno de Biden para invertir en infraestructura, pero me encantan sus planes para invertir más en la gente. Existen buenos motivos para hacer más por mejorar activos físicos como las carreteras, los suministros de agua y las redes de banda ancha, pero los argumentos a favor de hacer más para ayudar a las familias con hijos son contundentes.

Sin embargo, para los políticos republicanos es todo lo contrario. La oposición de este partido a los planes de infraestructura del presidente Joe Biden ha sido poco enérgica y ha consistido en su mayoría en juegos de palabras sobre el significado de “infraestructura” y en la repetición de viejas consignas sobre el gobierno grande y los aumentos de impuestos que acaban con el empleo. Sin embargo, los ataques al plan para la familia han sido realmente virulentos; los republicanos parecen estar muy molestos por las propuestas de gastar más en el cuidado y la educación de los niños.

Esto no quiere decir que los argumentos que han esgrimido sean honestos.

¿Cómo sabemos que debemos gastar más en las familias? Resulta que hay muchas pruebas de que ayudar a los niños y a sus padres produce grandes beneficios; a decir verdad, pruebas más sólidas que las de los altos beneficios derivados de mejorar la infraestructura física.

Por ejemplo, los investigadores han estudiado los efectos a largo plazo del programa de los cupones de alimentos, que se extendió poco a poco por todo el país en las décadas de 1960 y 1970. El Centro de Washington para el Crecimiento Equitativo afirma que los niños que tuvieron acceso temprano a los cupones de alimentos “se educaron mejor y tienen una vida más sana, larga y productiva”. Los investigadores han encontrado efectos similares en el caso de los niños cuyas familias tuvieron acceso a los créditos fiscales por ingresos ganados y a Medicaid.

Así que existen buenos motivos para creer que proporcionar más apoyo a las familias con hijos, además de ayudar a los estadounidenses necesitados, fortalecerá nuestra economía a largo plazo. Y no puedo evitar contrastar las sólidas pruebas de los beneficios económicos derivados de ayudar a los niños con la total falta de pruebas de que los recortes fiscales que durante mucho tiempo han sido la respuesta de la derecha a todos los problemas traigan beneficios económicos.

Sin embargo, el Partido Republicano se opone de manera rotunda a aumentar las subvenciones para las familias. Los republicanos de la Comisión de Medios y Arbitrios de la Cámara de Representantes emitieron una declaración en la que criticaron “la agenda socialista descendente de los demócratas”. La semana pasada, durante el discurso de Biden ante el Congreso, la senadora Marsha Blackburn tuiteó: “¿Saben a quién más le gustaba el servicio de guardería universal?”, con un enlace a un reportaje del Times de hace décadas sobre las guarderías en la Unión Soviética. (¿Saben qué otro país tiene ahora guarderías para todos? Ese infierno socialista que es Dinamarca).

¿Por qué las guarderías son tan terribles? Resulta curioso que los republicanos estén intentando restarle importancia a la cuestión económica y centrándose más en la guerra cultural, ya que critican los planes de Biden por ser “ingeniería social de izquierda”. J. D. Vance, el autor de “Hillbilly Elegy”, declaró que la guardería universal es una “guerra de clases contra la gente normal” porque a “los estadounidenses normales les importan más sus familias que sus trabajos”.

¿Es esa una declaración verdadera sobre los “estadounidenses normales”? ¿Y la gente como Vance argumenta de buena fe?

Pues, a estas alturas, no parece haber mucha gente normal según el criterio de Vance. Solo el catorce por ciento de los niños crecen en familias tipo “Leave It to Beaver”, el programa de comedia de mediados del siglo pasado, con un padre trabajador y una madre que se queda en casa, ambos en su primer matrimonio (solo la mitad de los niños vivían en familias así incluso cuando “Leave It to Beaver” estaba al aire en televisión).

Es cierto que las mujeres sin título universitario tienen menos probabilidades de tener trabajo que las mujeres con estudios universitarios, pero eso también ocurre con los hombres, lo que sugiere que el bajo nivel de empleo tiene más que ver con la falta de oportunidades y, por supuesto, con el costo del cuidado de los niños que con los valores tradicionales.

Además, si a los republicanos en verdad les preocupara la imposición de los valores de la élite, pedirían que se diera a las familias lo suficiente para vivir sin tener que enviar a las madres a trabajar. En realidad, la declaración de la Cámara de Representantes en contra de los planes de Biden condenaba en específico la propuesta de los créditos fiscales por hijos por ofrecer “asistencia social sin trabajo”.

La lógica parece ser que proporcionar cuidado infantil es malo porque es un complot liberal para obligar a las madres a dejar el hogar y aceptar empleos, pero dar a las familias una ayuda incondicional también es malo porque permitiría a las madres quedarse en casa en lugar de salir a trabajar.

Ahora bien, hay una cuestión real sobre la manera en que debe darse ayuda a las familias. ¿Por qué pagar por el cuidado de los niños? ¿Por qué no dar solo dinero a las familias y dejar que decidan si lo utilizan para una guardería o para quedarse en casa?

Una respuesta rápida es que el gobierno de Biden ya está dando a las familias una ayuda financiera no vinculada al cuidado infantil; de hecho, sus planes tal vez reducirán la pobreza infantil a la mitad. El apoyo para el cuidado de los niños sería un complemento.

Otra respuesta rápida es que parece que el mercado de las guarderías funciona tan mal como el de la salud, por muchas de las mismas razones: falta de información, falta de confianza, etc. Se sabe que solo dar dinero a la gente para que compre un seguro de salud funciona muy mal, así que solo darle el dinero a la gente para que pague el cuidado infantil quizá también funcione muy mal.

De cualquier modo, podríamos y tal vez deberíamos debatir si los padres que decidan no llevar a sus hijos a la guardería deberían recibir ese dinero en efectivo. Sin embargo, esa es la manera de abordar el asunto, y les aseguro que los republicanos no participarán en ese debate. Ellos solo vienen a acabar con la ayuda para las familias, no a mejorarla.

This article originally appeared in The New York Times.

© 2021 The New York Times Company