La película que Joe Biden debería ver | Opinión

John Brennan
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LOS NIÑOS DE CISJORDANIA Y GAZA CRECEN CON LA SENSACIÓN DE QUE SU DESTINO ESTÁ CONTROLADO POR PERSONAS A LAS QUE NO LES IMPORTAN.

Joe Biden. REUTERS/Kevin Lamarque
Joe Biden. REUTERS/Kevin Lamarque

Hace unas pocas noches, vi “El presente”, un cortometraje de la cineasta palestina Farah Nabulsi que fue nominado al Premio Oscar por mejor cortometraje (el ganador de la categoría fue “Two Distant Strangers”). La película de 25 minutos de Nabulsi es un relato poderoso y desgarrador de las penurias de Yusuf, un hombre palestino, y Yasmine, su pequeña hija, cuando atraviesan un puesto de control militar israelí en Cisjordania dos veces el mismo día.

“El presente” establece su contexto casi de inmediato. El cortometraje comienza con imágenes de hombres palestinos abriéndose paso a través de un corredor estrecho en uno de los numerosos puestos de control que están por toda Cisjordania, ocupada por Israel. Los palestinos que van al trabajo, a visitar a sus familiares o a comprar en el otro lado de una barrera de seguridad, tienen que soportar este humillante proceso todos los días.

Yusuf salió con Yasmine a comprarle un regalo de aniversario a su esposa. Sin embargo, lo vemos encerrado en una celda de malla ciclónica. La razón aparente es que los guardias israelíes quieren revisarlo (y a sus posesiones) más a fondo. Yasmine está sentada cerca, mientras observa y espera en silencio.

La escena me trajo recuerdos de mi primera visita a Cisjordania en 1975, cuando crucé el río Jordán y llegué a un puesto de seguridad israelí. Siendo estudiante de la American University en El Cairo, estaba emocionado por visitar Jerusalén y pasar la Nochebuena en Belén. Me incorporé a una fila relativamente corta, que se movía a un ritmo constante y eficiente.

A pocos metros de distancia pude ver a hombres, mujeres y niños en una fila mucho más larga y completamente encerrada por cercas de malla ciclónica, identificada como para “palestinos y árabes”. Vi a varias personas ser sujetas a búsquedas agresivas y groseras por parte de los soldados israelíes.

Si bien estaba consternado por lo que había visto, sabía que Israel tenía preocupaciones de seguridad legítimas tras las guerras de 1967 y 1973. Esas preocupaciones se habían visto agravadas por ataques a objetivos israelíes y judíos por parte de organizaciones terroristas palestinas.

Cambios profundos

Ha pasado medio siglo y el panorama político y de seguridad del Oriente Medio ha cambiado de manera profunda.

Israel ha firmado tratados de paz con Egipto y Jordania. Los Acuerdos de Abraham, negociados por Estados Unidos el año pasado, han allanado el camino para que cuatro Estados árabes adicionales —Emiratos Árabes Unidos, Baréin, Sudán y Marruecos— establezcan relaciones diplomáticas con Israel. Con suerte, más líderes árabes seguirán el ejemplo, ya que no hay razón y poco sentido geoestratégico en continuar negando la realidad y la permanencia del Estado de Israel. (Desafortunadamente, los acuerdos no hicieron nada por los palestinos, excepto obtener una suspensión de los planes israelíes de anexar de forma ilegal a Cisjordania).

También ha habido un progreso significativo en la reducción de la violencia generada por los palestinos dentro y fuera de los territorios ocupados. La excepción es Hamás, que continúa lanzando ataques con cohetes a Israel desde la Franja de Gaza.

En Cisjordania, los servicios de inteligencia y seguridad palestinos han trabajado en estrecha colaboración con sus homólogos israelíes, árabes y occidentales para desarticular las redes extremistas y prevenir ataques. Estas agencias palestinas han demostrado un impresionante grado de profesionalidad durante las últimas dos décadas.

Estado soberano

A pesar de que las tensiones entre Israel y el mundo árabe se han visto marcadamente reducidas, el propio pueblo palestino no ha percibido ningún progreso apreciable en su búsqueda por vivir en su propio Estado soberano. Las divisiones políticas y el ineficaz liderazgo político de la Autoridad Palestina han contribuido a obstaculizar las ambiciones de un Estado palestino.

Sin embargo, eso podría cambiar. Las elecciones legislativas en mayo y las elecciones presidenciales en julio en Cisjordania y Gaza les ofrecen a los palestinos la oportunidad de elegir representantes capaces de llevar a cabo un diálogo político más eficaz dentro y fuera del suelo palestino. De ser elegidos, los candidatos palestinos que no tengan la reputación esclerótica de los políticos actualmente en el poder ayudarían a suavizar el cinismo profundamente arraigado que muchos funcionarios israelíes muestran hacia los negociadores palestinos.

El mayor obstáculo será revertir la tendencia que ha mostrado el gobierno israelí en tener cada vez menos interés en la búsqueda de una solución de dos Estados. El primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, ha liderado una implacable expansión de los asentamientos en Cisjordania. Esa expansión ha generado más muros de concreto, barreras de seguridad y puntos de control y ha reducido aún más los espacios donde los palestinos pueden vivir, llevar a pastar sus rebaños, así como cuidar sus olivares y huertos sin ser cuestionados por sus ocupantes.

Ignorados

Desafortunadamente, durante los años del gobierno de Donald Trump, Estados Unidos ignoró los intereses y las aspiraciones de los palestinos. Trump trasladó la embajada estadounidense en Israel a Jerusalén , rechazando la postura de todos los gobiernos anteriores de Estados Unidos de que eso pondría en peligro las negociaciones sobre la condición definitiva de esa ciudad en disputa. De manera insensata, eliminó el financiamiento a la Autoridad Palestina y puso fin a nuestras contribuciones a la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina.

El gobierno de Joe Biden ha realizado un cambio positivo y ha autorizado el desembolso de 235 millones de dólares para programas humanitarios, económicos y de desarrollo que apoyan a los palestinos en Cisjordania, Gaza y otras partes de la región.

La escena final de “El presente” muestra a Yusuf, cansado y aquejado por un dolor de espalda, cada vez más enojado y al borde de la violencia mientras intenta regresar a casa con el regalo de aniversario. Su arrebato escalofriante y emocional me hizo pensar en la frustración que sienten todos los palestinos que tienen que vivir con las asfixiantes medidas de seguridad y la opresión política consecuencia de la ocupación militar de Israel.

Sin embargo, fue su pequeña hija, Yasmine, quien más me hizo reflexionar y preocupar. La niña vio cómo la paciencia, dignidad y humanidad de su padre se desmoronaban de manera sistemática.

No puedo ni imaginar la huella que estas experiencias tienen en los niños y niñas que viven en Cisjordania y la Franja de Gaza. Crecen traumatizados por la injusticia, la discriminación y la violencia. Viven con la sensación de que su existencia está controlada por personas a las que no les preocupa su bienestar, su seguridad o su futuro.

El gobierno de Biden está lidiando con una variedad abrumadora de problemas nacionales e internacionales, pero la búsqueda palestina por tener condición de Estado merece la participación temprana de su equipo de seguridad nacional. Estados Unidos debe decirles a los líderes israelíes que abandonen la desafiante construcción de asentamientos y el tipo de prácticas de seguridad opresivas mostradas en “El presente”.

Tendría una gran relevancia política que el presidente Biden diera una señal clara de que está listo para facilitar discusiones serias entre israelíes y palestinos sobre una solución de dos Estados.

This article originally appeared in The New York Times.

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