Opinión: El último aliento de Hong Kong

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El último aliento de Hong Kong (Ilustración de Arsh Raziuddin, The New York Times)
El último aliento de Hong Kong (Ilustración de Arsh Raziuddin, The New York Times)

LAS PRECIADAS LIBERTADES QUE DISTINGUÍAN A LA CIUDAD DE LA CHINA CONTINENTAL ESTÁN SIENDO DEMOLIDAS.

Solo tomó seis días cerrar el Apple Daily.

El hecho de que el Apple Daily, un periódico temerario pro-democracia con 26 años de historia que nunca le rehuyó a criticar a Pekín, haya tenido un final tan abrupto, es una muestra de la brutalidad de la represión que está sufriendo Hong Kong.

El jueves 17 de junio, 500 policías allanaron las oficinas del periódico y arrestaron a cinco miembros del personal bajo sospecha de colusión con naciones extranjeras por haber publicado artículos que pedían sanciones a Hong Kong y China. Para el miércoles siguiente, el diario ya estaba imprimiendo su última edición, incapaz de operar porque el gobierno había congelado sus cuentas bancarias.

Y así, sin más, otra de las instituciones de Hong Kong había desaparecido.

El cierre del Apple Daily representa una inmensa reducción de la libertad de prensa. Como lo expresó la periodista Daisy Li Yuet-wah, ya no solo hay “líneas rojas” para los medios de comunicación, sino una “red roja” o incluso un “mar rojo”.

Ese mar rojo está en la actualidad inundando Hong Kong. El 21 de junio se llevaron con una bolsa en la cabeza a un hombre que había colgado frente a su casa una bandera con un lema de protesta prohibido, bajo sospecha de que profirió expresiones sediciosas. Han desaparecido libros de las estanterías, se está implementando un nuevo sistema de censura cinematográfica, y se están reescribiendo los libros de texto con un enfoque en la seguridad nacional.

Los habitantes de Hong Kong han experimentado una letanía de derrotas en el último año, debido a una radical ley de seguridad nacional impuesta en junio del año pasado que ha socavado instituciones preciadas. La muy valorada independencia del sistema judicial ya no existe, porque la nueva legislación desplaza el derecho consuetudinario. Este mes, en una movida siniestra, los políticos pro-Pekín bloquearon por primera vez un nombramiento judicial.

El enérgico ambiente político de la ciudad se ha visto sofocado por una reforma electoral que prohíbe la postulación de candidatos que estén a favor de la democracia. Ahora, cada candidato debe someterse a una investigación policial que garantizará que solo “patriotas” tengan escaños en la legislatura.

Muchas de las figuras más reconocidas del bando prodemocrático ya están tras las rejas: en febrero, 47 personas fueron acusadas de conspiración para cometer subversión tras haber realizado unas primarias informales para los candidatos; otros han sido encarcelados bajo el cargo de reunión ilegal por asistir a protestas. Esta es una purga política de la vieja escuela realizada a través de la “guerra jurídica”, que utiliza el sistema legal como arma. El objetivo es criminalizar a toda una generación de políticos y activistas.

Casi todos los departamentos, individuos y organizaciones gubernamentales se han visto afectadas por la legislación. Carrie Lam, la jefa ejecutiva de Hong Kong respaldada por Pekín, ha declarado: “Tenemos que revisar todos nuestros sistemas”. Eso está muy alejado de sus afirmaciones ante el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas el día en que se promulgó la ley cuando dijo que solo tendría como objetivo a una “minoría extremadamente pequeña” de infractores.

La legislación está remodelando a Hong Kong a la imagen de China. Solo en el último mes, se prohibió la vigilia anual para conmemorar a los manifestantes democráticos asesinados en la plaza de Tiananmén en 1989, y se canceló la marcha anual de protesta del 1 de julio, que marca el aniversario del regreso de Hong Kong al control chino.

Y de esta forma ha sucedido lo que más temían muchos de los habitantes de Hong Kong: una represión acelerada de las libertades que distinguían a Hong Kong de China. Hasta hace poco, los habitantes de Hong Kong solían quedarse despiertos toda la noche viendo emisiones en directo de la policía disparando gases lacrimógenos a los manifestantes y golpeándolos con porras. El ataque actual —menos visible, pero no menos violento— se encuentra en la propia esfera pública.

Los habitantes de Hong Kong temen por el próximo objetivo tras el cierre del Apple Daily. Las oleadas rojas están ya tocando a los medios digitales: El sitio prodemocracia Stand News ya está eliminando algunos contenidos en línea. Otros se preguntan si el mar rojo inundará los medios de comunicación internacionales, que podrían sentirse obligados a sacar a los corresponsales restantes de Hong Kong por su propia seguridad mientras el gobierno prepara una nueva legislación para combatir las “noticias falsas”.

Los ataques de los medios de comunicación del Estado chino a la crítica Asociación de Abogados está espantando a la comunidad legal. Jueces extranjeros, autorizados a trabajar bajo la Ley Básica de Hong Kong, se están retirando de los tribunales del territorio. La Iglesia Católica Romana está en la mira; este mes aparecieron pancartas advirtiendo sobre “cultos malvados” frente a siete iglesias que ofrecían misas para recordar la represión de Tiananmén de 1989.

La vibrante y cacofónica sociedad civil de Hong Kong está siendo amordazada. Como resultado, hay un éxodo de habitantes de Hong Kong que han tomado la desgarradora decisión de abandonar todo lo que conocen, ya que no ven ningún futuro prometedor en su hogar.

Su sensación de alarma se ha visto reforzada por una reorganización gubernamental realizada a finales de la semana pasada, que afianza la presencia de funcionarios de seguridad de línea dura en la cima de la administración pública. Esta medida convierte a Hong Kong literalmente en un Estado policial. Y cinco de sus altos funcionarios están en la actualidad bajo sanciones del gobierno de Estados Unidos por socavar la autonomía de la ciudad y restringir sus libertades.

Muchos coinciden en que lo peor está por llegar. Utilizando la historia como guía, el académico que estudia China Geremie Barmé predice que los programas y centros de reeducación serán el próximo paso en la campaña de Pekín por el control ideológico coercitivo.

Aun así, muchos habitantes de Hong Kong están decididos a seguir lo que ven como el camino moral correcto, sin importar el costo. Jimmy Lai, el fundador de Apple Daily, encarcelado en la actualidad, es un ejemplo. Predijo correctamente que la legislación de seguridad nacional haría que el funcionamiento de la prensa libre “no fuera solo difícil sino peligroso”, pero aun así ha prometido seguir en la lucha. “Lo que me hace seguir motivado es saber que estoy haciendo lo correcto”, me dijo cuando lo entrevisté en junio del año pasado.

Ese sentimiento fue puesto de relieve por el hecho de que el millón de copias de la "edición obituario” del Apple Daily’s se vendiera por completo, una proeza en una ciudad de 7,5 millones de habitantes. También se mostró a través de las acciones de los periodistas del Apple Daily que se quedaron hasta el final para publicar una edición final a pesar de los riesgos cada vez mayores.

Pekín, muy acostumbrado a hacer cumplir su voluntad a través de decretos, parece estar acelerando sus medidas para convertir a Hong Kong en otra ciudad de la China continental. Sin embargo, debería tomar en cuenta las palabras de la carta de despedida del Apple Daily: “Cuando una manzana es sepultada bajo tierra, su semilla se convertirá en un árbol lleno de manzanas más grandes y hermosas”.

Este artículo apareció originalmente en The New York Times.

© 2021 The New York Times Company

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