Opinión: Adiós al 'Op-Ed': por qué el New York Times decidió retirar el término

Kathleen Kingsbury
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NUESTRA MISIÓN DE ESTIMULAR EL PENSAMIENTO Y ABRIR EL DEBATE INTELIGENTE SOBRE LOS PROBLEMAS PÚBLICOS SIGUE SIENDO LA MISMA.

La primera página de Op-Ed de The New York Times apareció el 21 de septiembre de 1970. Se llamó Opposite-Editorial porque esa página estaba físicamente contrapuesta a la del editorial del diario y no porque (como muchos creen todavía) solo ofrecería opiniones contrarias a las del periódico. Inevitablemente, también haría eso: sus fundadores le daban la bienvenida a ideas y argumentos de muchos lados del espectro político, social y cultural de afuera de los muros del Times para estimular el pensamiento y provocar la discusión de problemas públicos.

Esa misión crucial sigue siendo la misma. Pero es hora de cambiar el nombre. La razón es simple: en el mundo digital, en el que millones de suscriptores del Times leen el periodismo del diario, no existen coordenadas que ubiquen al “Op-Ed”, como tampoco las hay para una página de “Editoriales” a las cuales contraponer los “Op-Ed”. Se trata de una reliquia de una época pasada y del antiguo diseño del periódico impreso.

Así que ahora, a 50 años de su estreno, esa designación dejará de usarse. Los editoriales seguirán llamándose editoriales, pero los artículos escritos por autores externos al periódico se conocerán como “Ensayo invitado”, una etiqueta que aparecerá de forma prominente arriba del titular.

La página del Op-Ed tuvo una gran trayectoria. Se convirtió en un estándar para el resto de nuestra industria y fue muy popular tanto entre los lectores como con los colaboradores. Ahora es difícil recordar que, al inicio, los editores estaban bastante nerviosos y preocupados de que las personas se sintieran animadas a colaborar. Pero, como se lee en un ensayo que celebraba los 20 años de la página, “fue como si la Dama Gris [Gray Lady, en inglés, ha sido un sobrenombre con el que se conoce al Times] hubiera llegado a la pista de baile”. Las colaboraciones llegaron a raudales y, para cuando se cumplieron 40 años de su aniversario, se habían impreso casi 15.000 páginas de opinión.

Los elementos que hicieron que el Op-Ed fuera exitoso desde el inicio seguirán presentes. Uno es el atractivo de opiniones diversas bien expresadas. Como dijo una vez Herbert Bayard Swope, editor del periódico New York World en la década de 1920 y pionero del concepto del Op-Ed: “No hay nada más interesante que una opinión cuando la opinión es interesante”. O en palabras de John B. Oakes, un antiguo predecesor mío que impulsó la creación del Op-Ed: “La diversidad de opiniones es el elemento vital de la democracia. […] En el momento en que comenzamos a insistir en que todos piensen de la misma manera que nosotros, nuestra vida democrática está en peligro”.

Eso sigue siendo cierto hoy, en un momento crítico en el que se cuestiona la orientación de la esfera pública. En muchos sentidos, esa esfera es más representativa. Todos tenemos un medio social, desde Facebook hasta Substack y Twitter. Esto se debe celebrar, incluso si la cantidad de voces a veces resulta abrumadora. Lo que está desapareciendo, sin embargo, son espacios donde las voces pueden ser respetadas y escuchadas, donde las ideas no se desvanezcan tan rápidamente, se les pondere con seriedad, se les interrogue para luego florecer o perecer.

Para defender una discusión reflexiva, la sección de Opinión del Times insiste en un conjunto de reglas. Hacemos cumplir las reglas de gramática y estilo. Exigimos ciertos estándares de argumentación convincente, pensamiento lógico y retórica persuasiva. Requerimos transparencia sobre la identidad de un escritor y sus motivos para escribir un texto.

Al mismo tiempo, no somos una fábrica que ensambla partes de manera irreflexiva ni somos árbitros desinteresados: no solo queremos que los ensayos individuales tengan una intención, sino que el reporte general de opinión tenga en sí mismo una intención. Nos gusta que las personas a las que invitamos a escribir ensayos para nuestras páginas a veces se sorprendan con la propuesta de colaborar. Nos gusta experimentar la misma sorpresa cuando leemos voces que son nuevas para nosotros, sobre temas que quizás aún no comprendamos. E inclinamos nuestra balanza a favor del progreso, la equidad y la humanidad.

También trabajamos arduamente para mantener a nuestros lectores interesados. La escritura de opinión en 2021 es un proyecto colaborativo, dinámico y nunca estático.

De ahí el nuevo rótulo de Ensayo invitado. Los lectores entendieron de inmediato este término durante las sesiones de investigación y comprendieron intuitivamente lo que decía sobre la relación entre el escritor y el Times. Refleja nuestra misión de invitar y convocar a una amplia gama de voces y puntos de vista en nuestras páginas.

Puede parecer extraño vincular los cambios en nuestro diseño a la calidad de la conversación que estamos teniendo hoy. Términos como Op-Ed son, por su naturaleza, jerga periodística de un grupo pequeño; nos esforzamos por ser mucho más inclusivos al explicar cómo y por qué hacemos nuestro trabajo. En una era de desconfianza en los medios y confusión sobre lo que es el periodismo, me parece que las instituciones, incluso aquellas con muchas tradiciones queridas, sirven mejor a sus audiencias con un lenguaje directo y claro. No nos gusta la jerga en nuestros artículos; tampoco la queremos en sus rótulos o nomenclaturas.

Hace medio siglo, los editores del Times apostaron a que los lectores apreciarían una gama más amplia de opiniones en nuestras páginas. Estamos haciendo la misma apuesta, pero en un momento en que la balanza del periodismo de opinión puede parecer cada vez más inclinada contra lo libre y lo justo, lo sensato y lo honesto. Trabajamos todos los días para corregir ese desbalance.

This article originally appeared in The New York Times.

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