Opinión: Este momento es diferente

·6  min de lectura

EL PUEBLO PALESTINO SIGUE AVANZANDO, SIN IMPORTAR SI SUS LÍDERES LO ACOMPAÑAN O NO.

Para quienes de manera periódica se interesan y luego pierden el interés por la situación entre Israel y Palestina, los acontecimientos de los últimos días y semanas podrían parecer la repetición de una película que ya han visto: los palestinos son obligados a abandonar sus hogares, Israel lanza ataques contra Gaza, los palestinos lanzan cohetes desde Gaza, Israel destruye la mayoría de los cohetes con un sistema de defensa aérea que es pagado en gran medida por los contribuyentes estadounidenses.

Todo resulta familiar. Sin embargo, la verdad es que este momento es diferente. Además, podría ser un momento transformador en la lucha palestina por la libertad.

Antes de que la atención del mundo cambiara hacia impulsar un cese al fuego, los palestinos en Gaza, Cisjordania, Jerusalén, así como dentro de Israel y en la diáspora se han movilizado de manera simultánea de un modo que no se había visto en décadas. Todos están trabajando con la misma meta en mente: liberarse de los grilletes del sistema opresor de Israel.

Como reacción a las crecientes restricciones israelíes en Jerusalén y la inminente expulsión de palestinos de sus hogares en el vecindario jerosolimitano de Sheikh Jarrah, los palestinos de toda la región que se identifican con la experiencia de ser desposeídos por Israel alzaron la voz, juntos. Incluso ahora, a medida que las bombas caen en Gaza, continúan haciéndolo. Los palestinos protestan en numerosas ciudades y pueblos en toda la zona; cientos de miles participaron en una huelga general.

Con este movimiento unificado, los palestinos han mostrado a Israel que no pueden ser ignorados. Durante años, los israelíes han estado tranquilos al saber que pueden manejar, aunque sea de manera brutal, su relación con los palestinos en lugar de resolverla. A esto ha contribuido un proceso de amurallar la fealdad de su régimen: Gaza, enjaulada y bajo sitio, podría haber estado en otro planeta; los israelíes podrían manejar a través de Cisjordania prácticamente sin avistar palestinos; los ciudadanos palestinos en Israel han sido en gran medida relegados a zonas concentradas y olvidadas.

Ojos que no ven, corazón que no siente. O de eso parecía tener la esperanza Israel.

No obstante, conforme los palestinos protestaron en las calles en las últimas semanas, al levantar su bandera nacional de manera desafiante y cantar consignas contra su subyugación, los israelíes despertaron a la realidad de que para los palestinos las divisiones entre los habitantes de Gaza, los residentes de Cisjordania y los ciudadanos palestinos en Israel no existen. Palestina no está “por allá”, sino en todos lados alrededor de ellos. Con sus cuerpos y sus pies, los palestinos representaban los diálogos del afamado poeta palestino Mahmud Darwish: “Yo soy de aquí. Y aquí estoy. Yo soy yo. Y aquí es aquí”. Han reafirmado que todos son palestinos, con una bandera y una lucha.

Eso es precisamente el porqué, en las próximas semanas y meses, los palestinos no deberían ser obligados a volver a un paradigma que los divida con llamados a una solución de dos Estados.

El llamado proceso de paz, el cual supuestamente buscó una solución de dos Estados, nació en la década de los noventa, en un momento en el que el liderazgo político palestino, en la forma de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), estaba en exilio. Por el deseo de regresar a casa, la OLP fue atraída hacia una trampa: a cambio de permitirle el regreso a la ocupada Cisjordania, los líderes políticos palestinos acordaron entablar negociaciones. En lugar de eso, Israel ha usado esas conversaciones (mediadas por Estados Unidos, el aliado más fiel de Israel) como un protección para continuar con su expansión de los asentamientos.

Casi treinta años después, ahora debería estar claro que el proceso no llegará a ningún lado. Y por ello el pueblo palestino sigue avanzando, sin importar si sus líderes están con él o no.

Para que quede claro, todas las facciones palestinas (incluyendo a Fatah, que domina la OLP) son parte de la política del cuerpo palestino. Serán partes necesarias para lo que sigue. Sin embargo, los palestinos que pueden moldear más el futuro están ahora en las calles y las plazas, hablan el uno con el otro y con el mundo de manera directa, y dejan en claro que la Línea Verde que dividió a Israel y los territorios ocupados fue un instrumento de división, no de liberación.

La energía de este momento representa una oportunidad para unir las aspiraciones palestinas con un creciente consenso global. Según una encuesta de 2018 efectuada por la Universidad de Maryland, el 64 por ciento de los estadounidenses respaldarían la equidad de derechos en un solo Estado si la solución de dos Estados fracasa. Ese número aumenta al 78 por ciento entre los demócratas. Entre académicos y expertos en el Medio Oriente, descubrió una encuesta reciente, el 66 por ciento dice que es una realidad de un Estado. También hay un cambio creciente en las organizaciones tradicionales que han estado reacias a exhortar a un cambio más grande: el Fondo Carnegie para la Paz Internacional dio a conocer recientemente un informe en el que hace un llamado a dejar atrás el enfoque de dos Estados.

Muchos diplomáticos y analistas de todo el mundo con los que he hablado en los últimos años entienden que la solución de dos Estados está muerta. Israel acabó con ella. Cuando pregunto por qué no exhortan a derechos equitativos para los palestinos con el fin de acabar con lo que es cada vez más obvio un sistema de segregación de facto, señalan que la postura palestina oficial sigue siendo la de un Estado independiente. Cuando me preguntan qué espera el liderazgo palestino, no tengo una buena respuesta.

El proceso de paz de los dos Estados ha funcionado como una excusa conveniente para los terceros que prefieren pretender que representa un camino viable hacia la paz (sin importar qué tan evidentes han sido sus fracasos) en lugar de hacer rendir cuentas a los líderes israelíes. Sin embargo, el telón está cayendo: los palestinos siguen avanzando y muchas personas en Estados Unidos y en todo el mundo también están listos para hacerlo. Ahora los funcionarios palestinos deberían hacer lo mismo. No serían los primeros en abandonar el paradigma de los dos Estados (después de todo, Israel lo sepultó bajo asentamientos hace un largo tiempo). No obstante, tampoco hay premios al último lugar.

A la larga, las bombas y los cohetes disminuirán y esta ronda “familiar” parecerá haber terminado. Israel, Washington y algunos funcionarios palestinos podrían intentar pretender que nada ha cambiado, pero no hay que equivocarnos: sí ha cambiado algo.

This article originally appeared in The New York Times.

© 2021 The New York Times Company

Nuestro objetivo es crear un lugar seguro y atractivo para que los usuarios se conecten en relación con sus intereses. Para mejorar la experiencia de nuestra comunidad, suspenderemos temporalmente los comentarios en los artículos.