Opinión | Índice del Desarrollo Democrático

Ignacio Ruelas Olvera
·4  min de lectura

¡Bienvenido el índice del Desarrollo Democrático! La semana próxima pasada, se presentó IDD, 2020 para el Estado de Aguascalientes. ¡construyamos juntos la democracia! No haré una síntesis, permítanme un reflexión, se puede leer en esta dirección electrónica: https://idd-mex.org/perfiles-de-estados-2020/ Evalúa el comportamiento y el desarrollo democrático de los Estados de la Nación. Una radiografía mostrada en 24 indicadores, en cuatro grandes paneles: Democracia de los ciudadanos; Democracia de las instituciones; Democracia Social; Democracia Económica. Es crisol para la toma decisiones, prudentes, creativas, éticas, para mejorar la vida colectiva. El IDD-Mex, es la herramienta para la diagnosis, la prognosis, para la construcción de una mejor democracia.

Hablamos de un indicador de vanguardia que nos permite revisarnos en un espejo de alta nitidez. No podemos culpar a covid-19 de todo, crisis en todos los ámbitos, educativo, económico, de salud; hacerlo es buscar culpables para justificar incapacidades. La democracia necesita pensamiento coherente, abona su evolución, es preciso pensar de manera lúcida, es imposible contribuir en sociedad con libertades y derechos democráticos, si tenemos carencia de pensamiento crítico.

Nuestra democracia planetaria está amenazada, se le ha confundido con una rotonda en la que al transitarse da vuelta, como si para transitar se requirieran circunstancias previas. Las grandes avenidas democráticas permiten el tránsito de los seres humanos, libres, plurales, incluyentes, tolerantes, fortalecedores de la identidad. En las atmósferas democráticas el porvenir no necesariamente es símbolo del progreso que manufacturan los supuestos liberales, como tampoco el pretérito es obra de reaccionarios.

El neoliberalismo no es el culpable de las calamidades sociales, pensarlo así es un candado epistemológico que sentencia la autonomía individual, pero le asigna un Abogado egoísta de oficio. Pensar en la destrucción del pasado es enfrentar la historia sin método y sin razonamientos, ello es una amenaza para la democracia y para la vida compartida. La democracia no es un encallado sin plan de viaje, es una travesía para atender los conflictos desde la verdad, la exigencia y el diálogo.

Es una suerte de modernidad política, comprende procesos de democratización complejos, reconocimiento del Otro, acuerdos implícitos colectivos, no le demos vuelta, se trata de una economía moral de las masas y el desarrollo de la identidad. El pensamiento no es ideología, tampoco es un ente apologético, sino una capacidad de afectos que se cristalizan en circunstancias y acontecimientos al cuidado “del mundo de la vida”.

Somos testigos de la transición política mexicana como una gran experiencia acompañada por muchos países. Exige garantía de futuro. El IDD nos alerta de retrocesos de los avances, Aguascalientes descendió al 3er lugar habiendo ocupado el 1o. El reloj de la democracia nos llama a realizar una arremetida para desentrañar la experiencia acumulada y reimprimirle una orientación emancipadora que supere el covid-19, crear una cadena de confianza dialógica que permita la continuidad, el sentido. La democracia otorga voz, como dice Fanon, a los que no poseen el verbo. La participación y la deliberación permiten encontrar el secreto.

La democracia no es el conjunto de los iguales, la frase suena bien, pero pensarlo así nos lleva a un conjunto vacío. En el mundo de la voluntad, del poder, del pensamiento no puede haber iguales, solo acuerdos y coincidencias. La igualdad desmantela el mundo cósico en el cual “todas las cosas son iguales a sí mismas y diferentes de las demás”, es anárquica. La igualdad aplana un sistema de signos al que ciega la vida de la jerarquía, también de dominación, precipita el desdén…, una ruta que nos conduce al puerto de la indolencia cuyo rostro es la desigualdad real, la que se refiere a la riqueza. En política iguales no quiere decir lo mismo, se opone al privilegio, no a la excepción, a la desigualdad, no a la diferencia, a la indiferencia, no a la inconmensurabilidad. La democracia es la comunidad de los diferentes, de la pluralidad en expansión. La igualdad, en efecto, permite que haya otros como eje de los normales, de los inauditos. La democracia es escena para los excepcionales con transparencia de significados culturales, es una réplica contra un mundo comunicacional en la que no todos debemos entender lo mismo.

La simulación no es opción democrática, es manipulación que hace sus ascesis con lenguaje ideológico y con Alzheimer dialéctico. El mundo democrático no abreva de lo público sino de lo común. El Derecho siempre está en obra y, la democracia siempre está porvenir: nuevos derechos, nuevas acciones y nociones comunes, nuevas responsabilidades, nuevas convivencias… Lo común no hace “clic” con la opinión pública, ni con la comunicación plural, lo común nos quiere a todos sin excepciones, solo iguales. En la democracia el dialogo es cardinal por sus argumentos, su modelo de comunicación es un régimen de excepción, en la que como dice José Woldenberg, “se avanza micras y de desciende kilómetros”.