Qué es la covid-19 crónica: la variante capaz de dejar sin competir a una atleta de élite

Luis Tejo
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La remera británica Oonagh Cousins. Foto: Instagram @oonagh_cousins
La remera británica Oonagh Cousins. Foto: Instagram @oonagh_cousins

“He tenido resfriados peores”. Eso es lo que pensaba Oonagh Cousins el pasado mes de marzo, cuando le diagnosticaron coronavirus y sufrió los síntomas habituales y más conocidos: tos, algo de fiebre, pérdida temporal del gusto y el olfato. Nada con lo que el cuerpo de esta británica de 25 años no pudiera lidiar.

Porque Oonagh no es precisamente una persona débil. Hablamos de una deportista de élite, integrante de la selección nacional de remo (una de las más potentes), preseleccionada para participar en los Juegos Olímpicos que se iban a haber disputado este verano y ya representante de su país en alguna edición de la Copa del Mundo. Está más que acostumbrada a horas y más horas de entrenamiento intensísimo de fuerza y resistencia para competir contra las mejores del planeta.

Los sentidos regresaron, la tos se fue, la fiebre bajó, como le ocurre a casi todos los afectados tras un par de semanas como mucho. Sin embargo, ha pasado más de medio año y Cousins todavía no ha podido volver a meterse en el agua. Porque ha tenido la mala suerte de ser una de sufrir la variante crónica de la enfermedad. Según una investigación del King’s College de Londres, uno de cada 20 pacientes permanecen enfermos durante al menos ocho semanas tras infectase, aunque casos tan graves como este son mucho más raros.

Oonagh siente que “su cuerpo la ha abandonado”, según confiesa a la BBC. Nota una fatiga extrema que muchas veces le impide las tareas más sencillas: “Me cuesta andar, cocinar o incluso escribir un email. Es muy duro porque no se parece a nada que haya tenido antes. Y no esperaba que durara tanto”.

Precisamente, más allá de los daños físicos, la peor parte quizás sea la psicológica. “Sé que es la fatiga la que habla, pero llegué a caer en una espiral de pensamientos negativos, falta de motivación por nada y una ausencia total de esperanza. Normalmente soy una persona muy positiva, pero este ha sido un periodo malísimo en el que me he perdido a mí misma”.

“En los peores días te despiertas y ya estás deseando que se haga de noche otra vez. No quieres salir de la cama, no quieres comer, no quieres hablar con tus amigos. Solo quieres quedarte acostada y esconderte bajo una roca. Es duro hasta hablar sobre ello”. En el caso de Cousins la incapacidad física se ha sumado a la incertidumbre sobre su futuro en la selección británica, a la que acababa de llegar. Poco a poco parece que va progresando y sintiéndose algo mejor, aunque ha intentado volver a entrenar en el gimnasio y todavía no es capaz.

Lo más llamativo es que Cousins, en principio, no forma parte del sector de la población con más peligro de enfrentarse a la variante crónica o de larga duración de la covid-19. La doctora Claire Stevens cita como factores clave la edad (a partir de 50 años la probabilidad aumenta) y el hecho de haber sufrido cinco o más síntomas diferentes durante la primera semana. También es relevante en este sentido tener asma u otras dolencias pulmonares antes de contagiarse. Sí es cierto que, aunque el virus es más mortífero en hombres, se está comprobando que las secuelas a largo plazo se dan más entre mujeres.

El problema, sobre todo, es que los médicos no tienen claro qué es lo que causa la fatiga crónica. Las sospechas apuntan a que el virus, aparte de al sistema respiratorio (que es lo que causa complicaciones en la mayoría de los casos), también puede afectar a otros órganos. Entre las posibilidades con las que se trabaja es que se trate de un tipo de encefalomielitis miálgica, que podría deberse a una inflamación en el cerebro o en la médula espinal.

Se sabe que el agotamiento y la debilidad que produce no mejoran con el sueño o el descanso, y que aparte de cansancio puede generar dolor, problemas de memoria, dificultades en el razonamiento, y también afectar a la salud mental y al autoestima. El hecho de que el coronavirus sea una amenaza a la que nos enfrentamos desde hace poco tiempo impide por ahora conocer mejor ni el origen concreto ni las consecuencias a largo plazo de esta variante tan inusual y tan dañina. Y lo que es peor: por ahora no disponemos de tratamiento, más allá de intentar aliviar los síntomas.

La única certeza es que, aunque haya grupos con más probabilidades de sufrirla, la covid-19 no respeta a nada ni a nadie. Todos corremos el riesgo de caer víctima de ella, por seguros que nos sintamos. Ya lo recuerda la propia Oonagh: “Es un virus realmente horrible que puede afectar a cualquiera. Creo que mucha gente joven piensa que no van a tener la enfermedad y que si no están en grupos de riesgo no les va a pasar nada. Yo tengo 25 años, soy joven, estaba fuerte y sana y llevo siete meses así”.

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