Olga Connor: Zelensky, milagro de Ucrania ante el ataque imperial de Putin | Opinión

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¿Es que solo un milagro podrá resolver la ceguera del señor Vladímir Putin, y de los rusos que van al despeñadero con él en la guerra de Ucrania?

En esta semana de conmemoración de milagros para los millones de seguidores de la fe cristiana en el mundo, que creen en la resurrección de Jesús de Nazaret y la de sus fieles creyentes, habrá que rogar por la misericordia, la justicia y la paz,y que venga su prometido Reino de Dios.

Aunque el mundo cristiano no ha demostrado muchos deseos de paz, debatiéndose en guerras durante dos milenios, y a veces hasta en nombre de Jesucristo, con cruzadas religiosas en la Edad Media, reclamando las tierras donde predicó.

Sin embargo, no debiéramos creer que Jesús solamente habló de paz. “No vengo a traer paz, sino espada”, dijo (Mateo 10:34-36). Y advirtió que había que sacrificarse, dejar a la familia, tomar la cruz y seguirle (Mateo 16: 21-27).

Además, en un episodio revelador, lanzó con fuerza a los mercaderes del templo, llamándoles cueva de ladrones (Marcos 11:15-18).

Al predicar con parábolas también les traía a sus seguidores un mensaje revolucionario de cambio de los sistemas de gobierno en la tierra, contrario a la pasión por el dinero, las posesiones y los prejuicios que exhibían los poderosos que cooperaban con los usurpadores romanos.

Reza Aslan, historiador de la vida de Jesús, ha investigado datos de la época reconstruyendo su vida y sus palabras desde el punto de vista de cómo lo verían los compatriotas judíos de su tiempo, en su contexto vital. Es patente que fue reconocido como Mesías, el salvador de Israel, por sus seguidores y por su maestro San Juan Bautista. Habría muchos otros que se llamarían Mesías también, pero este fue el que sobrevivió en la historia global.

Aslan lo sitúa además como miembro probable de una secta insurgente, la de los zelotes. Esto hubiera sido razón suficiente para que él anunciara en varias oportunidades que estaba destinado a ser torturado y crucificado en un final.

Su mensaje, desde el principio, fue sobre la venida del Reino de Dios. Ese Reino no era en el futuro, dice Aslan, era en el ahora de aquel siglo primero, era una creencia judaica que él encarnó, razón por la que lo siguieron, y luego fue perseguido cuando retó el poder romano e israelita. Era, y aún es, un reino de justicia, igualdad, y caridad, pero también de libertad. Todo eso que se proclama en las bienaventuranzas (Lucas 6.20-23).

Y Jesús creía que él era más que un mensajero, porque hacía milagros, representaba a Dios. Pero también conminaba a sus discípulos a la acción, a hacer milagros. Y es por eso que sintieron el mensaje de su resurrección. Es lo que hizo que perdurara su misión. Eso en sí es ya un milagro para mí. Porque es un mensaje moral y de fe en la renovación del espíritu del ser humano.

Y confieso que creo en los milagros. ¿Por qué no? Si en esta era de la ciencia se ha propuesto que posiblemente hay no tres, ni cuatro, sino 11 dimensiones, que ninguna mente humana puede visualizar. Pues tiene que haber en esas probables 11 dimensiones aspectos físicos que nunca comprenderemos.

Los que no tienen fe en el espíritu, en lo que no ven, no tienen más remedio que creer en un tiempo que miden, pero que tampoco se puede ver, solo sentir, porque es limitado y a la larga termina.

Tiene que haber una razón, un milagro, para que el mensaje que Jesús les trajo a los judíos de su época fuera extendido entre la diáspora por un Saulo de Tarso, San Pablo, que escribía en griego, su primera lengua, y era el lenguaje transmisor de su tiempo. Para que todos los hebreos de la diáspora por el Mediterráneo, que hablaban ese griego Koine igual que él, pudieran entender su interpretación de las palabras de Jesús. Y que, por extensión, haya llegado a los gentiles, a los no judíos, venciendo finalmente al Imperio Romano.

Y si un milagro es un suceso inesperado, ¿no es un milagro que un actor cómico bailarín haya llegado a ser un héroe mundial como lo ha sido Volodymyr Zelensky de Ucrania? ¿Y no es un milagro que 30 naciones de la OTAN que andaban medio divididas, se hayan unido fuertemente contra el asalto criminal de Putin sobre los ucranianos? ¿Y qué Suecia y Finlandia se quieran unir también?

El mundo está horrorizado, aunque ya Putin ha dado muestras de atrocidades antes. Pero esta invasión de su vecino ha llegado a la cima de la iniquidad.

En esta semana de Pascua Florida, el ruego debe ser porque suceda otro milagro más. Que se abran los ojos de sus conciudadanos para que lo depongan, que renunciemos todos a ventajas comerciales también, y se pueda aislar a Rusia totalmente del mercado hasta que cese sin falta esta guerra brutal.

olconnor@bellsouth.net

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