Olga Connor: Qué haya salud, dinero y amor en el nuevo 2022 | Opinión

·4  min de lectura

El folklore es la ciencia del pueblo, y todos sabemos que en esa frase de los brindis y la copla se encierra lo más importante de la vida: “salud, dinero y amor”. Ya que los tres deseos apuntan a la supervivencia del género humano.

La salud es lo primero. Es primordial para disfrutar todo lo que la vida trae. El dinero compra comida, techo y vestido. El amor garantiza la familia, la amistad, el disfrute de las relaciones personales y sociales. Pero sin salud nada cabe, nada funciona.

Gracias a la ciencia hemos ido derrotando los males que nos han asaltado por siglos. Somos seres vulnerables y nunca ha sido más real que ahora el hecho de que la ciencia es la que nos alarga la vida y la mejora con sus adelantos.

Si no fuera por la ciencia no existirían los beneficios de la técnica que disfrutamos día a día, como el teléfono, la televisión, el auto, la electricidad, los aviones, la incursión en el espacio, el aire acondicionado, y todas las curas que parecen milagrosas, ya que antes muchas enfermedades conducían a una muerte segura.

Nuestra luz, nuestro gran avance, cada vez que sufrimos años amargos, como estos que estamos pasando, es la ciencia. Rechazarla es ponernos en el plano de los antiguos inquisidores con creencias dogmáticas y retrógradas.

Históricamente hemos atravesado muchas pandemias, como ha expresado en el excelente artículo, “Las epidemias a lo largo de la historia” (18 de septiembre del 2020), Patricia Galeana, de la Facultad de Filosofía y Letras, en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Del mismo modo que ahora la vida nos está cambiando, la forma de saludarse, la higiene, el uso de mascarillas, el trabajo virtual, en el pasado también afectó a las formas de las ciudades, como la higiene en los hogares y las vías urbanas, más el comportamiento de la sociedad en general. Fueron además un acicate para el desarrollo científico.

Ha habido epidemias desde el principio de la vida humana. Sin embargo, hemos sobrevivido. Recuérdese que en la Edad Media entre 1347 y 1353 hubo una terrible: la Peste Negra, con un número aproximado de muertes entre Eurasia y África del Norte entre 80 millones y 100 millones cuando la población mundial conocida era de unos 450 millones.

La enfermedad llegó a originar temas artísticos como las llamadas “danzas de la muerte”. En ellas se representaba a miembros de la alta sociedad, como los príncipes y los obispos, tanto como los labriegos, para demostrar que nadie escapaba de la guadaña en manos de la figura del esqueleto que los acompañaba. ¿Cómo terminó? Con el fuego y la salubridad para liberarse de las pulgas en las ratas que la transmitían. Pero nunca se fue por completo.

Desde la prehistoria, antes que hubiera datos escritos, se sabe que había pandemias según datos arqueológicos. Cuando yo era pequeña todavía se temía mucho la tuberculosis. Y siempre recordaré la vacuna contra la viruela en la pantorrilla derecha que se parecía a un sello con lacre antiguo.

Para los cubanos, Carlos Finlay fue el héroe que descubrió desde 1886 que los mosquitos transmitían la fiebre amarilla que azotaba las islas del Caribe, incluyendo a los trabajadores del Canal de Panamá. Y en el siglo XX, además de la influenza española de la Primera Guerra Mundial, se sufrió en Estados Unidos una terrible enfermedad de parálisis infantil, la poliomielitis, que atacó al presidente Franklin Delano Roosevelt, y que al fin fue combatida en 1953 por la vacuna del especialista virólogo, el doctor Jonas Salk.

Parece que fue el otro día, pero yo me trasladé a vivir en Miami desde Filadelfia y Carlisle, Pennsylvania, cuando llegó aquí el SIDA, a principios de los 80. Coincidió con la llegada de muchos artistas y escritores del Mariel. He perdido a varios amigos entre ellos —y a uno muy querido— en esa década, por esa enfermedad. Pero algunos se salvaron por las medicinas que se pusieron a prueba en esos días y que aún viven. Además contribuyeron a que otros salvaran sus vidas de ahí en adelante.

Y eso es también lo que buscamos, que todos combatamos el virus al unísono. En esta ciudad donde vivo, Coral Gables, “El tráfico peatonal aumentó a mediados de 2021, con más personas vacunadas contra el coronavirus”, escribió Rebeca San Juan en el artículo “¿Hay un futuro próspero en Miracle Mile?” (13 de diciembre). “Ha habido 3.4 millones de visitantes a lo largo de Miracle Mile en lo que va del año, en comparación con los 638,000 visitantes de 2020”.

No hay duda de que confiamos en la técnica que se basa en la ciencia cuando nos montamos en los aviones y autos, y aceptamos cirugías y quimioterapias. Rechazar vacunas y consejos de los especialistas para resguardarnos de la epidemia es una conducta paradójica y egoísta en el contexto de nuestra vida actual.

Olga Connor es una escritora cubana. Correo: olconnor@bellsouth.net.

Nuestro objetivo es crear un lugar seguro y atractivo para que los usuarios se conecten en relación con sus intereses. Para mejorar la experiencia de nuestra comunidad, suspenderemos temporalmente los comentarios en los artículos.