Un olé para el flamenco en versión "queer"

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Madrid, 11 jun (EFE).- Batas de cola a todo color, mantones de manila, cabellos recogidos, peinetas, flores por doquier, mucho arte y quejíos se ven en "Flamenco Queer", documental que recoge la historia de Manuel Liñán, bailaor valiente que decidió ponerse el mundo por montera y apostar por el flamenco en versión "drag".

"Lo que quiero con este espectáculo es sanar algunos de los aspectos de mi infancia", explica el bailaor y coreógrafo español Manuel Liñán en este documental que cuenta su historia y conduce, con absoluto respeto, al flamenco hacia una identidad gay.

Dirigido por Ana González y Frederick Bernas y rodado en el Albaicín, en Granada(sur de España), en la mítica cueva de Curro, "Flamenco Queer" muestra la valentía de Liñán, "que ha creado una actuación catártica con otros seis hombres para compartir sus tendencias de travestismo, un secreto que se ha mantenido en el armario durante más de tres décadas", explican los directores.

Fajas reductoras, bodies con relleno, maquillaje con trazos gruesos, volantes, lunares, un quejío y un zapateo enérgico adelanta que la estrella del espectáculo no es una mujer, es un hombre, el bailaor Manuel Liñán y su compañía de Jerez, localidad al sur de España.

Liñán y el resto de bailaores crecieron en los años 80, tras el franquismo, un régimen en el que ser homosexual o mostrar un comportamiento "desviado" era castigado por la ley. "No se conocían en ese entonces, pero, junto con tantos otros, vivían la misma experiencia en diferentes partes del país", detallan.

Tras décadas ocultando los impulsos femeninos, Liñán sale a luz. Desafió sus convenciones persiguiendo su amor por el flamenco, vestido de mujer, en una sociedad conservadora con tradiciones culturales rígidas.

Alegrías, bulerías o tarantos, palos del flamenco en los que no se escatiman zapateados intensos acompañados de braceos, remolinos, jaleos y muchos olés.

Cuando Liñán comenzó a bailar a los cinco años, era el único niño de la clase que lo hacía. Sus profesores le enseñaron a bailar "como un hombre", pero a él no gustó, prefería balancear sus caderas y mover las manos como lo hacían las niñas.

Con miedo a que lo llamaran "maricón", Manuel Liñán deseaba llegar a casa y cerrarse en su habitación. Ataviado con ropa, zapatos y maquillaje de su madre, bailaba frente al espejo las canciones de Lola Flores o Carmen Sevilla.

Después, retiraba el maquillaje, se lavaba la cara y borraba cualquier huella que pudiera dejar en esa habitación, todo quedaba como si nada hubiera ocurrido. A continuación, con su padre, que era torero, entrenaba con el capote y la muleta en la plaza local.

Este ritual lo repitió muchas veces a lo largo de su infancia. "Tengo miedo a que el espectáculo sea juzgado, que la gente se levante de la butaca y se marche", dice el bailaor.

A los 13 años, empezó a bailar profesionalmente en un tablao de Granada. "Nunca imaginé que mi trabajo se viera en la Opera en lugares tan importantes como la Opera de Sydney".

Treinta años después, Liñán creó "¡Viva!", un espectáculo autobiográfico en el que un grupo de hombres abren su corazón y, por primera vez en sus vidas, bailan flamenco con libertad, olvidando esos zapateos a escondidas.

En el documental también recoge el momento en el que ante el estreno de su espectáculo, Liñán teme las reacciones de su padre. "Tengo miedo por mi padre, para él es difícil aceptar este tipo de propuestas".

No pasa por alto "el fracaso personal", pero con valentía juega con el género, transformando tanto su apariencia como un arte tradicional.

A pesar de que han pasado 15 años desde España legalizara el matrimonio gay, el espectáculo ha sido atacado y sus bailarines han sido maltratados por distintos sectores del público que no entienden que el flamenco puede admitir diversas interpretaciones.

"En el mundo del flamenco hay una parte muy conservadora, que por el hecho de ser varón no se permite bailar de una determinada manera", explica en el documental.

"O eres 'queer', o eres hombre o eres mujer o si llevas estas prendas -en referencia a ropa interior femenina- perteneces a otro colectivo", dice.

Este trabajo es un llamada de atención para normalizar comportamientos y a ayudar a que las nuevas generaciones no se escondan. "Espero y deseo que mi espectáculo ayude a expresarse a cada uno como desee", concluye Liñán.

Carmen Martín

(c) Agencia EFE

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