Ojalá lo entendamos pronto

 

Según el índice Global de Innovación (IGI) 2022, los países más innovadores del mundo son: Suiza, Estados Unidos, Suecia, Reino Unido, Países Bajos, Corea del Sur, Singapur, Alemania y Finlandia.

 

Lo más lamentable del informe, es que, por primera vez en la historia del IGI, Brasil supera a México en innovación en América Latina. La realidad es que la disminución paulatina de inversión en ciencia y tecnología del gobierno de AMLO, ya nos comenzó a pasar factura. En el sexenio de Enrique Peña Nieto, México avanzó hasta el lugar 56 del Índice Global de Innovación, y aunque no era un lugar muy alentador, con el gobierno actual el país retrocedió hasta la posición 58. Este índice califica diversos rubros que generan la innovación y la tecnología: instituciones, capital humano para la investigación, infraestructura, sofisticación del mercado, sofisticación de los negocios, producción de innovaciones tecnológicas (patentes) y sus aplicaciones creativas.

 

En nuestra región, Chile se posiciona como el país más innovador, seguido de Brasil y en tercer lugar México; y aunque María Elena Álvarez-Buylla titular del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), comentó: “(Dejaré un) legado digno, claro y sustentado con datos rigurosos” los datos reales nos muestran que no invertir en ciencia y tecnología en el siglo XXI acrecentará la pobreza de México, pues todos sabemos que el nuevo petróleo del siglo XXI es el CONOCIMIENTO.

 

México sigue esperanzando su economía en los recursos naturales (petróleo y ahora quizás litio), y en la atracción de multinacionales que generen empleos de regular ingreso, un modelo rentable para el siglo XX pero que seguramente nos comprometerá en los albores de este nuevo siglo.

 

Según -Expansión-, “en 2021, las asignaciones presupuestales del gobierno de México para ciencia, desarrollo e investigación fue 12% menor al de 2018, último año del gobierno de Enrique Peña Nieto, según datos de la OCDE.

Pero el abandono no es únicamente de este sexenio, estas asignaciones presupuestales a investigación y desarrollo han ido disminuyendo desde antes. En 2021, alcanzó su punto más bajo, con una caída de casi el 36% en comparación con el mismo tipo de gasto alcanzado en 2014, en términos reales”.

Como vemos, México no ha entendido que la innovación, la disrupción y el desarrollo de nuevos productos es el motor de las economías exitosas en la actualidad. Un país que pretenda vivir de los recursos naturales y de la mano de obra “barata” está condenado a ser pobre.

 

Es urgente tomarnos en serio este tema, pues todos somos responsables de crear un ecosistema de innovación (gobierno, educadores, investigadores, empresarios y sociedad en general), el cual debe surgir de un sistema educativo que provoque la curiosidad y el amor por las ciencias y por el emprendimiento. Para ello, es necesario cambiar el enfoque en la memoria de nuestro actual sistema educativo, pasando a uno centrado en la creación. Tenemos que desarrollar un esquema de trabajo e inversión entre el gobierno, la empresa, y los investigadores que fomente el desarrollo de patentes e inventos, pues este ecosistema traería enormes beneficios a México.

El siglo XXI es exigente, y los países que se vayan retrasando en entender el nuevo lenguaje de generación de riqueza seguramente estarán condenamos a sufrir aún mayor desigualdades y pobreza… ojalá lo entendamos pronto.

 

principal@globaluniversity.edu.mx