OEA: Almagro dice que su relación con la Argentina "no va a tener arreglo"

LA NACION
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MONTEVIDEO (AFP).- La OEA "tenía que estar" en los comicios presidenciales de 2019 en Bolivia para evitar que Evo Morales "se robara la elección", asegura el secretario general de la Organización de los Estados Americanos, Luis Almagro, en un libro sobre su figura que se publicará mañana, en el que también habla sobre su relación con la Argentina.

"A mí me constaban los problemas que tuvo la Misión de Observación Electoral" (MOE) que supervisó el referéndum para habilitar la reelección de Morales. "Y lo que demoró el gobierno en admitir la derrota de ese referéndum y el papel que habíamos jugado nosotros para que admitiera la derrota".

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"Entonces si no estábamos [en las elecciones presidenciales], esto iba a estar muy complicado, muy complicado", dice el diplomático de 57 años entrevistado por los periodistas uruguayos Martín Natalevich y Gonzalo Ferreira para el libro Luis Almagro no pide perdón, de editorial Planeta.

Aquellas elecciones bolivianas también descalabraron la relación entre Almagro y Alberto Fernández, cuando el uruguayo declaró que hubo "dos espías argentinos" en la MOE y el presidente argentino contestó que su gestión en la OEA sería recordada como "la más penosa" que haya tenido el organismo.

En el libro, el diplomático dice que hasta ahora no tuvo "ningún diálogo directo" con el mandatario argentino para limar asperezas. Y si bien asegura que él está abierto a esa posibilidad, entiende que la relación "no va a tener arreglo".

-¿Por la lógica kirchnerista?

-No, los cubanos juegan muy fuerte pidiendo mi cabeza. Y tienen algún crédito ahí. No tengo cómo dar vuelta eso. No tengo nada que ofrecer, olvidate.

No, los cubanos juegan muy fuerte pidiendo mi cabeza. Y tienen algún crédito ahí. No tengo cómo dar vuelta eso. No tengo nada que ofrecer, olvidateLuis Almagro

Una denuncia de fraude de la misión de observación de la OEA en los comicios del 20 de octubre de 2019 fue determinante para la caída de Morales. Pero, según consigna el libro, el involucramiento del diplomático uruguayo en el derrotero del mandatario boliviano empezó mucho antes.

Almagro desconcertó a muchos cuando en mayo de 2019 visitó a Morales y avaló su candidatura, poco después de haberle pedido que respetara la decisión de su pueblo, que en referéndum se había negado a habilitarle la posibilidad de reelección para un cuarto mandato.

Pero en esa visita, cuenta, se firmó el aval para la MOE. "Y para mí eso era todo".

"Abríamos una posibilidad que era que Evo ganara legítimamente. Era el costo que tenía eso. Para mí eso era imposible, imposible. Evo tenía menos votos todavía que los que había tenido cuando el referéndum, o sea que no tenía forma. Después abríamos la posibilidad de que la oposición boliviana ganara legítimamente. Y cerrábamos la posibilidad de que Evo se robara la elección", explica.

"Yo tenía que tener esa posibilidad de evitar eso, si pasaba. (...) Al final cerró".

Consultado sobre si no realizó una interferencia política directa, Almagro responde: "No, no. Yo estoy a lo que me diga la misión de observación. Yo no le digo a la misión de observación los resultados".

"Pero si un acta está adulterada, está adulterada. Si había servidores ocultos, había servidores ocultos. Si esos servidores ocultos metieron cientos de miles de votos, hicieron eso. Listo. Nos basamos en hechos. Y nosotros estamos a lo que ellos digan. Si decían: 'Ganó Evo', ganó Evo y listo, se terminó la historia".

La victoria de su delfín, Luis Arce, en las presidenciales del pasado 18 de octubre provocó que Morales pidiera la renuncia de Almagro, porque según el exmandatario boliviano ese resultado demuestra que en la votación de 2019 no hubo fraude.

Pero Almagro considera que "no hay cifras trasladables" entre ambas elecciones.

El uruguayo se vanagloria de elogios que aseguran que revitalizó una OEA moribunda, y afirma que lo hizo con escasos recursos.

"Cambiamos la organización con cuatro chauchas y dos palitos. La OEA tiene un presupuesto de un community college de Washington. Y eso no era culpa de los secretarios generales anteriores. Fue parte de una estrategia del chavismo y los cubanos, que al tiempo que fortalecían la Celac y creaban la Unasur fueron acortando de recursos a la OEA", dice.

Asegura, además, que nunca pide perdón porque siempre actúa de buena fe.

"Nunca pido disculpas (...) Nunca hago nada buscando sacar una ventaja tuya o del otro. De nadie. No me interesa. Si siempre actuás de buena fe y procurás generar las mejores soluciones para la gente, no te tenés por qué disculpar".