Lo que ocurrió con el ramo nupcial de la Duquesa de Sussex

No lanzó su ramo de novia por los aires para que una de sus invitadas (la más alta, la más rápida, la más afortunada, la más amiga o la más soltera) lo capturara al vuelo como es habitual en las películas estadounidenses, la Duquesa de Sussex, nuevo miembro de la Familia Real británica, ha sido fiel a la tradición real. Como muchas recién casadas de la dinastía antes que ella, envió el pequeño bouquet que la había acompañado en el día más importante de su vida, durante la ceremonia religiosa de su boda en la capilla de San Jorge del castillo de Windsor, a la abadía de Westminster para depositarlo en la tumba del soldado desconocido. Una costumbre que comenzó la Reina madre tras su matrimonio con el rey Jorge VI en memoria de su hermano Fergus, que murió en 1915 en la Batalla de Loos durante la Primera Guerra Mundial.

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El precioso ramo nupcial de la Duquesa fue diseñado por la florista Philippa Craddock con algunas de las flores especialmente recogidas por el mismo príncipe Harry en persona de su jardín para su amada esposa, según cuenta la prensa británica. Blancos y radiantes nomeolvides, lirios del valle, astilbes, jazmines, astrantias y, como manda otra tradición centenaria, también ramitas de mirtos, símbolo de pureza y fidelidad. La costumbre se instauró (y floreció) después de que la reina Victoria recibiera en 1845 un manojo de mirto de manos de la abuela del príncipe Alberto durante una visita a Gotha, Alemania. Aquel mismo año, la reina Victoria y el príncipe Alberto compraron Osborne House, como residencia de descanso en la Isla de Wight, y una ramita del ramillete original se plantó contra las paredes de la terraza, donde aún continúa creciendo en la actualidad.

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La princesa Victoria, hija mayor de la reina Victoria, fue la primera novia de la Familia Real británica que incorporó el tradicional mirto a su ramo cuando se casó en 1858. Ciento sesenta años después la Duquesa de Sussex sigue sus pasos nupciales con un ramillete de la misma planta victoriana y de un brote cultivado a partir del ramo nupcial de la reina Isabel. Otras novias de otras Cortes Reales de Europa se dividen entre la tradición y el sentimiento: la reina Letizia ofreció su ramo en cascada de rosas isabelinas, iris y lirios, flores de manzano y de azahar a la Virgen de Atocha siguiendo el ejemplo de Isabel II en 1852; Charlene de Mónaco depositó el suyo en la iglesia de Santa Devota como hiciera la princesa Grace, y Mary de Dinamarca siguió los dictados de su corazón y en recuerdo a su madre, Etta Donaldson, que falleció el 20 de noviembre de 1997, dejó su ramo en su tumba en Escocia.

La Duquesa de Sussex abraza las primeras tradiciones reales como miembro de la Familia Real británica con este gesto en la tumba al soldado desconocido, un homenaje notable tanto para los caídos de la Primera Guerra Mundial como para todos aquellos que han muerto desde el conflicto militar internacional. En 1920, el reverendo David Railton, un padre del ejército de la Primera Guerra Mundial, sugirió que un soldado desconocido del campo de batalla debía regresar a Gran Bretaña para ser sepultado como representante de todos los que habían muerto. La tumba sigue siendo un foco de peregrinación y un poderoso símbolo, conocido en todo el mundo, del sacrificio, el sufrimiento y la valentía traídos por la guerra. Es el único monumento en la Abadía por el que nunca se camina.

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