Ocho datos sorprendentes sobre las gallinas: por ejemplo, prefieren a las personas guapas

Un cliente se lleva el 9 de junio de 2017 una gallina en una bolsa en el mercado de Mbare, en Harare, capital de Zimbabue (AFP | Jekesai Nijkizana)

Domesticada hace unos 8.000 años en el sudeste asiático, a partir de la especie silvestre gallo bankiva, creemos saber todo acerca de las gallinas, apreciadas por su carne y por sus huevos, pero seguro que hay cosas que desconoces.

1-. Sin luz no hay huevo

¿Sabías, por ejemplo, que necesitan luz para poner huevos? En efecto, las gallinas son criaturas “foto-estimuladas”. Tras pasar 12 horas expuestas a la luz (natural o artificial) la hipófisis de estas aves provoca la liberación de una hormona reproductiva llamada gonadotropina que inicia la producción de huevos. Curiosamente esta misma hormona inicia el ciclo reproductivo también en los humanos.

Esa es la razón por la que en invierno las gallinas no ponen huevos (salvo que los corrales cuenten con luz artificial).

2-. Sin gallo sí hay huevo (pero no polluelo)

Es común pensar que las gallinas necesitan un gallo en el corral para que pongan huevos. Esto no es cierto. Bajos las condiciones de luz adecuadas una gallina puede poner un huevo cada aproximadamente 24 horas. Eso sí, sin la fecundación de un gallo de esos huevos no podrán eclosionar polluelos aunque las gallinas los incubaran. Coloca un gallo en el corral y entonces las gallinas te darán crías.

3-. Sin gallos, la especie podría sobrevivir

Aunque parezca que este dato le lleva la contraria al anterior, lo cierto es que, las gallinas (y otras especies ovíparas de aves, reptil y peces) podrían sobrevivir como especie si se diera una hecatombe mundial de gallos mediante un truco muy raro y especial: la partenogénesis. Eso sí, todas las crías serían clones perfectas de sus madres por lo que no nacerían machos (como sabe todo buen fanático de Parque Jurásico).

4-. El color de los huevos suele coincidir con el de los lóbulos auditivos

Los criadores de gallinas saben que, normalmente, las gallinas con lóbulos auditivos blancos ponen huevos blancos, mientras que las que lucen “canales auditivs” rojizos ponen huevos amarronados.

5-. Evitan que las pequeñas serpientes se acerquen

Podría parecer extraño, pero si vives en el medio rural en la India, tener gallinas puede evitarte algún disgusto con crías de serpientes venenosas. La prueba la tenéis en este vídeo, en el que se puede apreciar a un pollo comíendose a un bebé de cobra.

6-. Nada de cerebro de chorlito

Tendemos a pensar que las gallinas son seres sin cerebro (pensad en el gallo Heihei de Vaiana por ejemplo), sin embargo, y dado que estas aves evolucionaron en un entorno en constante cambio que requería de una búsqueda diaria de alimento, no debería sorprendernos que su cerebro sea cognitivamente complejo para ciertas cosas. ¿Qué cosas? La navegación espacial. Experimentos realizados con estas aves mostraron que, una vez entrenados, los pollos pueden calcular la distancia absoluta y relativa hasta la comida, incluso aunque estas cambien.

7-. Tu cara me suena

Ahondando en el apartado anterior. ¿Sabéis que las gallinas pueden reconocer hasta a 30 congéneres? Por otro lado, la impronta de la imagen de su madre se da entre 24 y 36 horas después de la eclosión del huevo. Cuando se improntó en uns polluelos la imagen de un triángulo rojo, estos eran capaces de reconocerlo incluso aunque se oscureciese parte de la imagen, lo cual sugiere que sus mentes pueden visualizar objetos parcialmente ocultos.

8-. Las gallinas los prefieren guapos

Efectivamente. No es solo que las gallinas puedan reconocer y distinguir a las personas por sus rostros, sino que aparentemente prefieren a los humanos guapos. Un trabajo publicado en 2002 descubrió que las gallinas tienen la misma preferencia por los rostros con ciertos rasgos (hablamos de simetría) que los humanos. Teniendo en cuenta que la simetría es una de las mediciones subconscientes que realizamos a la hora de evaluar el nivel de atractivo de una persona, eso significa que no son tan diferentes a nosotros.

Así que si cuando entras en el gallinero las aves salen despavoridas, mientras que esto no le sucede a tu colega de la granja, lo tienes claro. ¡Eres tan feo que hasta las gallinas te esquivan!

Me enteré leyendo National Geographic.