¿Puede Occidente evitar que Rusia invada Ucrania?

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Un soldado ucraniano patrullando el frente en Avdíivka, Ucrania, el 2 de diciembre. La tensión entre Rusia y Ucrania se ha estado cocinando desde 2014. (Brendan Hoffman/The New York Times)
Un soldado ucraniano patrullando el frente en Avdíivka, Ucrania, el 2 de diciembre. La tensión entre Rusia y Ucrania se ha estado cocinando desde 2014. (Brendan Hoffman/The New York Times)

Estados Unidos, sus aliados de la OTAN y Rusia se reúnen con el fin de evitar la mayor acción militar en Europa desde la Segunda Guerra Mundial. Aquí una guía con lo que está en riesgo.

Parece una escena de la Guerra Fría.

Un impredecible presidente ruso acumula miles de soldados en la frontera de un país vecino, Ucrania. Amenaza de invasión. Una posible y sangrienta conflagración entre Occidente y Oriente.

Pero lo que parecería un episodio de una época lejana será protagonista de la diplomacia global esta semana, cuando Estados Unidos, sus aliados de la OTAN y Rusia se reúnan para varias conversaciones en Ginebra, Viena y Bruselas a fin de evitar otra incursión rusa en Ucrania.

El posible estallido militar amenaza con desestabilizar la ya volátil región posoviética, azotada por la revuelta popular de la semana pasada en Kazajistán. También tendría graves consecuencias para la estructura de seguridad que ha gobernado Europa desde el colapso de la Unión Soviética hace tres décadas.

En una estrategia que ha profundizado las tensiones en la relación entre Washington y el Kremlin, Rusia ha movilizado a más de 100.000 efectivos militares cerca de su frontera con Ucrania, una medida que ha agravado las relaciones de por sí tensas entre Washington y el Kremlin. Estados Unidos ha difundido información de inteligencia que Rusia tiene un plan de guerra que contempla una fuerza invasora de 175.000 efectivos, que el ejército de Ucrania, a pesar de contar con equipo y entrenamiento brindado por Estados Unidos, tendría poca capacidad de detener.

Rusia ha elaborado una lista de exigencias de amplio alcance: que la OTAN prometa detener cualquier expansión adicional hacia el este y retire sus tropas de los países miembro de colindan con Rusia.

Soldados ucranianos preparando un búnker bajo tierra en Hranitne, Ucrania, en noviembre. El conflicto con Rusia en Ucrania oriental ha continuado a pesar del cese al fuego de 2015. (Brendan Hoffman/The New York Times)
Soldados ucranianos preparando un búnker bajo tierra en Hranitne, Ucrania, en noviembre. El conflicto con Rusia en Ucrania oriental ha continuado a pesar del cese al fuego de 2015. (Brendan Hoffman/The New York Times)

Pero el lunes, Estados Unidos rechazó las principales demandas de Rusia al argumentar que no eran posibles. Los funcionarios rusos insistieron en que no tenían planes de invadir Ucrania y que la acumulación masiva de tropas es solo un ejercicio.

“No permitiremos que nadie cierre de golpe la política de puertas abiertas de la OTAN”, dijo Wendy Sherman, la principal diplomática estadounidense, a los periodistas.

Básicamente, el presidente de Rusia, Vladimir Putin, busca reconfigurar las fronteras europeas de la posguerra fría al establecer una amplia zona de seguridad dominada por Rusia y volver a atraer a Ucrania a la órbita de Moscú, si es necesario por la fuerza.

En caso de invasión, Estados Unidos y sus aliados han amenazado imponer una serie de sanciones que excederían por mucho las impuestas en 2014, luego de la anexión rusa de Crimea. Putin advirtió que imponer nuevas sanciones conduciría a una “ruptura completa” de relaciones con Washington.

¿Qué hay detrás de la crisis de Ucrania?

Las tensiones entre Ucrania y Rusia han estado latentes desde 2014. Fue en ese entonces cuando Ucrania derrocó a su presidente prorruso y el ejército ruso cruzó a territorio ucraniano, anexando Crimea y fomentando una rebelión de los separatistas en el este de Ucrania. En 2015 se alcanzó un alto el fuego precario, pero la paz ha sido difícil de alcanzar en medio de una guerra agotadora en la que han muerto más de 13.000 soldados y civiles.

La postura del Kremlin hacia su vecino se ha ido recrudeciendo pues el Putin ha insistido cada vez más que Ucrania es básicamente parte de Rusia, tanto cultural como históricamente. A fines de octubre hubo preocupación, cuando Ucrania usó un dron armado para atacar un obús operado por separatistas respaldados por Rusia en el este de Ucrania. Rusia calificó el ataque como un acto desestabilizador que violaba el acuerdo de alto el fuego.

¿Qué busca Putin?

Con 69 años y cerca del ocaso de su carrera política, Putin está decidido a pulir su legado y corregir lo que desde hace mucho considera la gran catástrofe del siglo XX: la desintegración de la ex Unión Soviética.

Consolidar el poder de Moscú sobre Ucrania, un país de 44 millones de habitantes que fue parte del bloque soviético y comparte una frontera de alrededor de 1900 kilómetros con Rusia, es parte de su objetivo de restaurar lo que considera el lugar que le corresponde a Rusia entre las grandes potencias del mundo, junto a Estados Unidos y China.

Putin cada vez más ha presentado la expansión de OTAN hacia el oriente como una amenaza existencial para su país e insiste en que la acumulación militar de Moscú es una reacción ante el fortalecimiento de vínculos entre Ucrania y la alianza. Parece decidido a hacer retroceder el reloj 30 años, justo antes del colapso de la Unión Soviética.

Y quizás no sea coincidencia el momento en que se han movilizado las tropas de Rusia. Putin está tratando de avivar el apoyo nacionalista en el país en medio de una pandemia arrasadora y una economía que se tambalea. El año pasado, los grupos de oposición realizaron algunas de las mayores protestas contra Putin en años.

Pero aunque algunos analistas han descrito a Putin como un jugador de ajedrez astuto que manipula hábilmente a Occidente, su gambito más reciente podría resultar contraproducente. La OTAN podría reforzar su presencia militar en los países miembro que colindan con Rusia, como ha hecho en el Báltico. Y una invasión abriría la puerta a sanciones en represalia que disminuirían su apoyo en un país cansado de aventuras en el extranjero que ocupan recursos que muchos preferirían que se gasten en casa.

Mientras tanto, en Ucrania, la posición agresiva de Moscú ha azuzado aún más las pasiones nacionalistas, y hay milicias ciudadanas que se preparan para una interminable una campaña de guerrillas en caso de una ocupación rusa. Y si el objetivo de Putin es reafirmar la esfera de influencia rusa, invadir Ucrania podría desestabilizar aún más la región de países posoviéticos, donde las tropas rusas ayudan a restaurar el orden en Kazajistán, y Bielorrusia aún arde tras un levantamiento de 2020.

¿Cómo planea responder Estados Unidos?

A principios de diciembre, el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, dejó en claro que su gobierno no consideraba enviar tropas a Ucrania dado que, entre otras razones, ese país no forma parte de la alianza de OTAN y no está cubierto por el compromiso de defensa colectiva del pacto.

Más bien, Biden dijo que reforzaría la presencia militar estadounidense en países de la OTAN que colindan con Rusia. Y, respecto a Putin, prometió que habría “consecuencias económicas como nunca ha visto”. Funcionarios de Estados Unidos han insinuado que Washington podría recurrir a su manual para lidiar con China, e implementar sanciones que dejarían a los rusos sin sus amados teléfonos de nueva generación, laptops y otros dispositivos electrónicos, y al ejército sin equipo avanzado. También existe la alternativa de marginar a Rusia del sistema bancario internacional, aunque los analistas dicen que eso es poco probable.

Un conflicto cada vez más intenso en Ucrania pondría a prueba la determinación del gobierno de Biden, ya que Estados Unidos ha estado trabajando para restaurar la confianza en su liderazgo mundial luego de la reciente retirada desordenada de Afganistán y su reducción de compromisos en el extranjero bajo la presidencia de Donald J. Trump.

El manejo estadounidense de la situación entre Rusia y Ucrania afectará a sus esfuerzos actuales de reconstruir los lazos con los aliados de la OTAN tras la presidencia de Trump, durante la cual Trump declaró que la alianza era “obsoleta”, dijo que los integrantes eran holgazanes y se rehusó en un inicio a apoyar explícitamente el principio fundamental de defensa mutua de la OTAN.

Una escalada en Ucrania también amenaza con trastocar los esfuerzo recientes de Estados Unidos y la OTAN de llamar la atención de la alianza hacia el desafío de seguridad que presenta China y la devolvería a enfocarse en su papel tradicional de proteger a Europa y, por extensión, a Norteamérica.

La respuesta de la OTAN de cara al intento ruso de neutralizar la alianza también ayudaría a dar forma a su peso geopolítico en los años venideros.

¿Qué hay en riesgo para Europa?

Para Europa, lo que está en juego es si puede permitir que Putin trastoque la estructura de seguridad que ha ayudado a mantener la paz en el continente desde la Segunda Guerra Mundial. El conflicto también ha desnudado la debilidad de la Unión Europa así como su fracaso como una potencia de política exterior en las relaciones internacionales.

La Unión Europea no tiene lugar en la mesa en la mayoría de estas conversaciones que, después de todo, versan sobre seguridad europea, y busca involucrarse más.

Europa perdió a una valiosa interlocutora con Moscú con la salida de la canciller Angela Merkel, quien creció en la parte oriental de Alemania, habla ruso con fluidez y construyó una buena relación de trabajo con Putin.

Su sucesor, el canciller Olaf Scholz, es menos conocido en asuntos de política exterior y lidera una complicada coalición más crítica hacia Rusia que el Partido Socialdemócrata, su partido.

Europa tiene importantes lazos comerciales con Rusia y podría perder mucho más que Estados Unidos a causa de las sanciones impuestas después de una invasión rusa de Ucrania. También depende del suministro de gas ruso, una debilidad que Putin ha explotado en conflictos del pasado.

Steven Erlanger colaboró con la reportería desde Bruselas.

Dan Bilefsky es corresponsal de The New York Times en Canadá, con sede en Montreal. Antes ha estado destinado en Londres, París, Praga y Nueva York. Es autor del libro The Last Job, sobre una pandilla de ladrones ingleses viejos apodados “Los abuelos malos”. @DanBilefsky

Steven Erlanger colaboró con la reportería desde Bruselas.

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