La obligatoriedad de la vacuna desata una turba en un pequeño pueblo polaco

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Roman Szelemej, el alcalde, afirma que teme que exista una creciente mayoría que "vive en una realidad diferente" basada en la desconfianza a toda autoridad científica, moral y política. (Maciek Nabrdalik/The New York Times)
Roman Szelemej, el alcalde, afirma que teme que exista una creciente mayoría que "vive en una realidad diferente" basada en la desconfianza a toda autoridad científica, moral y política. (Maciek Nabrdalik/The New York Times)

WALBRZYCH, Polonia — El alcalde, un cirujano cardiotorácico, acababa de terminar su guardia nocturna cuando recibió noticias alarmantes: una turba de manifestantes, algunos vestidos con camuflaje militar, se habían reunido afuera de su casa y gritaban obscenidades a través de megáfonos mientras ondeaban pancartas en las que lo comparaban a Josef Mengele, el médico nazi de un campo de concentración.

El pequeño pero amenazante mitin de este mes ocurrió después de una decisión tomada algunos días antes por un concejo electo en Walbrzych, un antiguo pueblo minero en el suroeste de Polonia, para declarar que la vacuna contra la COVID-19 era obligatoria para todos los residentes adultos.

Esa decisión, dijo en una entrevista el alcalde, Roman Szelemej, reflejaba “el simple hecho médico de que la vacunación es lo único que puede evitar esta enfermedad”. Sin embargo, en lugar de calmar los nervios, lamentó, “convirtió a este pequeño punto en el mapa de Polonia en un lugar en el que todos los escépticos de la ciencia y la realidad convergieron”.

La reticencia a las vacunas contra la COVID-19 es grande en Polonia, particularmente entre las personas más jóvenes. Una encuesta de la Universidad de Varsovia indica que alrededor del 40 por ciento de la población es reacia a inocularse. Este es un nivel de escepticismo más bajo que en Francia, pero de todos modos suficiente para hacer que las vacunas provoquen protestas de parte de una diversa y, teme Szelemej, creciente minoría que “vive en una realidad diferente” basada en la desconfianza de toda autoridad científica, moral y política.

“No hay reglas ni leyes ni hechos ni logros científicos ni datos comprobados. Todo es cuestionado, todo es frágil”, dijo. “Esto es peligroso, muy peligroso”.

La orden obligatoria de vacunarse, respaldada por veinte de los veinticinco concejales de la ciudad, no tenía una verdadera fuerza legal. Fue declarada inválida la semana pasada por el gobierno regional, que es controlado por miembros del partido gobernante muy conservador de Polonia, Ley y Justicia, los enemigos políticos de Szelemej, quien es un liberal de centro.

No obstante, el intento desató una ola de odio tan grande que la policía de Walbrzych, preocupada por las amenazas de muerte contra Szelemej, le ofrecieron protección las veinticuatro horas.

Un centro de vacunación contra la COVID-19 en Walbrzych, Polonia, el 17 de mayo de 2021. (Maciek Nabrdalik/The New York Times)
Un centro de vacunación contra la COVID-19 en Walbrzych, Polonia, el 17 de mayo de 2021. (Maciek Nabrdalik/The New York Times)

El alcalde declinó el ofrecimiento, pero aceptó portar un pequeño botón de pánico electrónico para que pudiera llamar a los agentes de manera rápida en caso de una emergencia. El departamento de policía instaló cámaras de vigilancia en su casa.

Incluso los rivales políticos conservadores del alcalde en Walbrzych (se pronuncia [Vál-biyec]) han expresado su preocupación por el hecho de que su imposición para que la gente se vacune haya causado tanta furia.

Grzegorz Macko, un político nativo de Walbrzych y estrella local en ascenso en Ley y Justicia, describió la protesta afuera de la casa del alcalde como algo que “jamás debería ocurrir en una sociedad civilizada”. Sin embargo, culpó a los liberales por sentar un precedente al marchar hacia el domicilio en Varsovia del presidente de Ley y Justicia, Jaroslaw Kaczynski, durante las protestas por el derecho a abortar a finales del año pasado.

“Toda la clase política ha usado palabras exageradas llenas de emoción. Deberían mirarse a ellos mismos y tranquilizarse”, dijo Macko.

Ley y Justicia, en el poder desde 2015, en el pasado se ha inclinado hacia el escepticismo de las vacunas, pero en los últimos meses ha presionado para una inoculación contra la COVID-19 en todo el país.

La Iglesia católica romana, una poderosa fuerza política y moral en Polonia que está alineada de cerca con Ley y Justicia, finalmente exhortó a los fieles a inocularse después de haber expresado en un principio ciertas reservas sobre cómo algunas vacunas son desarrolladas mediante el uso de material derivado de fetos abortados.

En el centro de vacunación principal en Walbrzych, en las instalaciones restauradas de una mina de carbón cerrada, algunas personas dijeron que solo se vacunaban para poder viajar.

No obstante, la mayoría recibió con agrado la oportunidad de conseguir una inoculación. Casi la mitad de los 110.000 residentes de la ciudad han recibido al menos una dosis, muy por arriba de la tasa nacional que se ubica en alrededor del 33 por ciento.

Wlodzimierz Lipa, un jubilado de 71 años que recibió su segunda dosis de la vacuna de Pfizer la semana pasada en Walbrzych, mencionó que a las personas que atacan al alcalde llamándolo nazi “les falta un tornillo”. Agregó que en temas de salud, como un expaciente del ala de cardiología del hospital local, confía en Szelemej mucho más de lo que lo hace en los detractores del médico.

“Gracias a él, estoy vivo”, afirmó.

Aun así, la causa antivacuna en Walbrzych y en todos lados, alentada por información falsa y teorías de conspiración en internet, ha encontrado un amplio impulso.

Esto se debe en parte a grupos como STOP NOP (Asociación Nacional por el Conocimiento de la Vacunación) y Konfederacja, un partido político de extrema derecha con un reducido pero escandaloso grupo de legisladores electos en el Parlamento nacional. Celebridades e incluso funcionarios de gobierno han aportado a la intranquilidad, como un viceministro que dice que no se vacunará debido a cuestiones de “libertad y elección personal”.

“Estos son tiempos oscuros”, dijo Szelemej, al recordar cómo su hija de 14 años estaba sola en el hogar familiar cuando los manifestantes convergieron en la propiedad a principios de mayo.

Los manifestantes, una banda dispar de soldados improvisados con atuendo militar, libertarios radicales y detractores antisistema compuesta por alrededor de 200 personas, lanzaron amenazas, pero finalmente se dispersaron sin violencia. El mitin fue transmitido en directo y la protesta fue grabada en video.

“Estás abriendo las puertas del infierno”, gritó un grupo hacia la casa del alcalde, ubicada en una calle cerrada y arbolada. “Muerte a los enemigos de la patria”, gritó otro. Todos compararon al alcalde con Mengele, el infame Ángel de la Muerte de Auschwitz, antes de cambiar sus afirmaciones y decir que el cirujano cardiotorácico y feligrés de la iglesia es en realidad un judío, lo que refleja el antisemitismo que es endémico en las fracciones políticas polacas.

“No les pareció incongruente decir que soy tanto nazi como judío”, dijo el alcalde.

En los días posteriores, el médico y su personal en el ayuntamiento recibieron una cascada de mensajes de correo electrónico ofensivos e incluso amenazas de muerte.

La idea de que Szelemej, de 61 años, quien ha pasado más de tres décadas tratando cardiopatías y otros padecimientos en el hospital de Walbrzych, es la reencarnación polaca de Mengele surgió en la página de Facebook de Malgorzata Smietana, una maestra de primaria local.

Publicó una imagen alterada del alcalde vestido con un uniforme nazi bajo la frase: “¿El doctor Mengele de Walbrzych?”. Un mensaje adjunto denunciaba la decisión de la vacuna obligatoria afirmando que seguía “los pasos de los campos de exterminio alemanes”.

Smietana, en una entrevista, dijo que no tuvo la intención de atizar el odio y que había borrado la imagen falsa después de que se propagó en internet como un reguero de pólvora.

“Por supuesto, es una comparación muy fuerte, pero puso a pensar a las personas”, mencionó.

Smietana, quien participó en la protesta afuera de la casa del alcalde, dijo que no estaba en contra de todas las vacunas, solo en contra de la anti-COVID-19, la cual ella afirma que no ha sido probada de manera adecuada.

“Nos señalan como locos que pensamos que la Tierra es plana. No estoy loca. Solo comencé a leer mucho”, expresó. “Paso mucho tiempo leyendo en internet. Entre más leo, más temor tengo”.

Consciente de que su programa de vacunación obligatoria podría ser suspendido o cancelado, el alcalde la semana pasada cambió de estrategia, de coerción a persuasión, al anunciar que cualquiera que aceptara la vacuna tendría derecho a incentivos como boletos a mitad de precio para la piscina municipal y los sitios culturales.

Esto no tranquilizó a sus críticos más férreos. Un día después, una pequeña delegación de un grupo marginal que se autodenomina los Guardianes de la Libertad, el cual no cree que la pandemia es real, acudió al Ayuntamiento de Walbrzych para entregar una carta en la que exigen que el alcalde se disculpe y cancele el programa de vacunación.

This article originally appeared in The New York Times.

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