Verifican una prueba de la intromisión de Rusia en las elecciones presidenciales de Estados Unidos

Jesús Del Toro

Rusia habría tratado activamente de alterar la elección presidencial de 2016 mediante difusión de información robada y una sofisticada campaña de desinformación en las redes sociales. Y esa intervención podría haber incluido una ola de noticias falsas canalizadas directamente a votantes en estados clave cuyo resultado electoral inclinó la balanza de los comicios, como Pennsylvania, Michigan y Wisconsin.

Todo para dañar la candidatura de Hillary Clinton y, en consecuencia, potenciar la de Donald Trump.

Esa es la candente premisa que el senador demócrata Mark Warner planteó, como informó la BBC, en la apertura de una audiencia senatorial en torno a la posible vinculación de agentes rusos con la campaña de Trump. El presidente del comité investigador, el senador republicano Richard Burr, al parecer suscribe esa tesis.

Mikhail Kalugin, quien fue jefe de la sección económica de la Embajada de Rusia en Washington. Según la BBC, fuentes de EEUU le confirmaron que él habría espiado para Rusia en el contexto del proceso electoral de 2016. No hay confirmación oficial de ello. (YouTube-CGTN)

Y, en ese contexto, la BBC  también reveló que funcionarios estadounidenses no identificados le han verificado que un diplomático ruso, de nombre Mikhail Kalugin (también referido como Kulagin), que residía en Washington en 2016, fue removido de su posición y devuelto a Rusia porque habría sido un espía implicado en los intentos de manipulación del proceso electoral estadounidense y Moscú temía que esas actividades, que de acuerdo a un sonado y polémico reporte habrían sido de gran magnitud, podrían ser descubiertas.

Se trataría de una validación, aunque no confirmada de modo oficial, de aseveraciones contenidas en un dossier que el exagente secreto británico Christopher Steele elaboró para reportar presuntos nexos entre Rusia, la campaña de Trump y el proceso electoral de 2016.

Desde Moscú se ha dicho que Kalugin dirigía la sección económica de la embajada rusa en Washington y que volvió a Rusia tras terminar su periodo de seis años de asignación.

Mucho de especulación permanece en torno a ese reporte, y sobre la magnitud de la presunta intervención rusa en las elecciones estadounidenses, pero el tema se caldea cada vez más. Y las revelaciones podrían acumularse para comprobar o desmentir las elucubraciones que han dominado los medios y las redes sociales desde hace semanas.

Los senadores Richard Burr (R) y Mark Warner (D), líderes del Comité de Inteligencia de la Cámara Alta, han coincidido en su convicción de que la irrupción rusa en asuntos políticos de EEUU es real y continúa. (AP)

Además, como indicó la cadena CNN, los senadores que encabezan el Comité de Inteligencia del Senado tendrían datos de que la interferencia rusa en la democracia estadounidense no se habría detenido después de la elección, sino que habría proseguido incluso hasta ahora. Al respecto se cita el testimonio ante el Senado de  Clinton Watts, experto en ciberseguridad y seguridad nacional de la Universidad George Washignton, quien afirma que se han detectado en redes sociales campañas presumiblemente orquestadas por agentes rusos o al servicio de Rusia contra Paul Ryan, presidente de la Cámara de Representantes,  y que otros políticos, como el senador Marco Rubio, también habrían sido blanco de ello.

La posición de esos senadores contrasta con las reticencias y secretismos que el presidente del Comité de Inteligencia de la Cámara, el republicano Devin Nunes, ha mantenido recientemente en torno a la investigación sobre los posibles nexos entre Rusia y la campaña de Trump, al grado de que aún no ha comunicado a sus colegas congresistas la información confidencial que él mismo dijo haber revisado en una visita a instalaciones vinculadas a la Casa Blanca.

Según The New York Times, dos funcionarios de la presidencia habrían ayudado a Nunes a tener acceso a esos materiales, lo que el congresista al poco compartió con Trump, pero no con el resto de los legisladores de su comité.

Críticos y analistas han señalado que las actitudes de la Casa Blanca y de Nunes sugieren que hay algo que se trata de ocultar, aunque no hay certidumbre sobre ello. Y aunque podría no haber realmente nada que ocultar, el secretismo de Nunes crea dudas y suspicacias. Así, mientras las investigaciones de la Cámara Baja parecen estancadas, en el Senado el ímpetu sería mayor y se espera que la próxima semana testifique Jared Kushner, yerno de Trump y esposo de su hija Ivanka.

El director del FBI, James Comey, dijo que cree que desatará una tormenta cuando haga nuevas revelaciones sobre nexos de Rusia y las elecciones, pero que “no le importa”. (Reuters)

Por su parte, el exasesor de Seguridad Nacional Michael Flynn está negociando con las comisiones de inteligencia para que le garanticen inmunidad ante un posible “enjuiciamiento injusto”, a cambio de declarar en las investigaciones en curso.

“El general Flynn sin duda tiene algo que contar y realmente quiere contarlo, si las circunstancias lo permiten”, dijo su abogado.

Y si a eso se añaden afirmaciones de que el director del FBI, James Comey, quien causó revuelo al confirmar oficialmente que sí existe una investigación sobre la implicación rusa en la elección y sus posibles nexos con la campaña de Trump, habría tratado de hacer pública esa irrupción de Moscú incluso desde el verano de 2016 (a lo que la administración de Barack Obama se habría negado), como se indica en Newsweek, todo el panorama se complica cada vez más.

¿Quiénes sabían, y qué sabían, sobre las presuntas intromisiones de Moscú en las elecciones estadounidenses? ¿Qué hicieron o dejaron de hacer para propiciarlas o detenerlas?

Hay aún muchas opacidades y teorías, pero el escándalo  parece que no hará sino arreciar. El propio Comey, como relató CNN, dijo: “Yo sé que cuando tome una decisión difícil le seguirá una tormenta… Pero no me importa”.

El país podría estar en una montaña rusa.

Sigue a Jesús Del Toro en Twitter: @JesusDelToro