Hubo dos colonias impulsoras del socialismo utópico en Paraguay y ambas fracasaron

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A finales del siglo XIX, impulsado por sus ideales políticos y sociales, un británico afincado en Australia llamado William Lane planteó un proyecto utópico con la colaboración del gobierno de entonces en Paraguay que le llevó a emigrar allí junto a cientos de personas. Fundó Nueva Australia y Cosme, dos colonias basadas en el socialismo utópico que acabaron fracasando en su intento, como recogen Atlas Obscura y La brújula verde en sendos reportajes.

Lane, cuenta The Guardian, fue un periodista inglés defensor del proletariado convencido que ese modelo de sociedad que Engels llamó utópico era posible. Nacido en Bristol en 1861, lo hizo en el seno de una familia empobrecida. A él le fue mejor y emigró. Primero a Canadá, donde trabajó como linotipista. Y de allí a Australia en 1885, un viaje en el que le acompañó su mujer, también periodista. En su nuevo país de acogida firmó numerosos artículos de corte social y a favor de la lucha obrera y los trabajadores. También escribió y publicó algunas novelas. 

En 1891, una huelga fracasada le inspiró para poner en marcha esa idea de crear una colonia basada en lo que defiende el socialismo utópico y demostrar que se podía vivir bajo sus postulados. El Gobierno australiano le hizo una oferta sobre el terreno, pero Lane prefirió buscar un espacio más lejos. Su búsqueda dio resultado en Paraguay. La situación política, social, económica y demográfica del país, que pagaba las consecuencias de una guerra, hacían posible la creación de su colonia. Contó con el apoyo de Juan Gualberto González, al frente del gobierno paraguayo, y ese le cedió hectáreas de tierras para su experimento sin coste alguno y sin tener que pagar impuestos.

A través de la Asociación de Asentamientos Cooperativos de Nueva Australia y gracias a la fama que había adquirido, logró llevarse a Paraguay a unas seiscientas personas. Aunque el acuerdo con las autoridades de su país de destino era aproximadamente el doble. Viajaron en varias tantas en barco y los primeros llegaron en el verano de 1891.

El primer asentamiento socialista utópico en nacer fue Nueva Australia. Allí se instaló Lane con los suyos. Todo era de todos, no existía la propiedad privada ni el dinero en metálico, las decisiones se tomaban votando y nadie era jefe de nadie. Como normas, estaba prohibido beber alcohol y mezclarse entre razas. Existía la promesa de que para no cruzar eso que llamaban ‘línea de color’ llegarían mujeres de Australia y algunos países europeos. No salió bien. Llegaron a tener que crear una moneda propia que, al no ser aceptada ni reconocida fuera e los límites de Nueva Australia, no solucionó sus problemas.

Lane acabó abandonado el asentamiento y mudándose a Cosme, situada a unos 70 kilómetros y donde las cosas marchaban algo mejor gracias al éxito de sus cosechas de caña de azúcar. Duró algo más, pero tampoco les fue demasiado bien. Ambas fracasaron. No solo no llegaron a alcanzar el censo que pretendían, sino que el sistema establecido no funcionó e hizo aguas rápido. 

El hambre se impuso en algunas épocas y la salida del presidente en 1894 fue definitiva para su derrumbamiento. Aún así, como señalan en La brújula verde, llegaron a sobrevivir algunos años más para después dejar de ser colonias donde imperaba el socialismo utópico para pasar a ser pueblos como los de sus vecinos.

Antes de su desaparición por completo, Lane abandonó su experimento y en 1899 volvió a Australia para acabar en Nueva Zelanda. Retomó su profesión periodística y, curiosamente, tras la experiencia vivida en Paraguay su ideología dio un giro de 180 grados. Murió en agosto de 1917, año de la Revolución rusa. Nueva Australia es hoy Nueva Londres, como recoge el portal del municipio.

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