Novela de Jordi Soler, metáfora de la violencia en Veracruz

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CIUDAD DE MÉXICO, diciembre 17 (EL UNIVERSAL).- Jordi Soler vuelve a La Portuguesa, esa plantación cafetalera en la selva veracruzana en la cual él nació y vivió su infancia y donde está su universo literario. Esta vez regresa para contar una nueva historia que tiene como protagonista a Tikú, el hijo del caporal de la hacienda, quien desde niño escucha voces y siente en su interior una fuerza salvaje, brutal y desconocida que aflora en violencia y muerte.

Sin embargo, más allá de Tikú, del hijo del hacendado que narra la historia y de Lucio Intriago, el terrateniente vil y despiadado, está la selva como protagonista de Los hijos del volcán (Alfaguara, 2021), un espacio agreste y salvaje habitado por chamanes y tribus ancestrales, supersticiones y hostilidad que genera una historia en la que prevalece la desigualdad social, la violencia, la inseguridad y el deseo de poder que corroe al Veracruz actual. "La novela quizás es también una metáfora de la violencia que sucede en Veracruz y en cualquier sitio del país", señala el autor que en varias novelas ha perseguido su genealogía familiar que salió de Barcelona tras la Guerra Civil.

-¿Vuelves a La Portuguesa para contar ese universo entre lo místico y la violencia?

--La fuerza que mueve a esta historia es una fuerza telúrica. Imagino que hay fuerzas que salen del centro de la Tierra y que tienen todo el tiempo arrinconados a los personajes que van apareciendo y el volcán es la boca del agujero por el que sale todo ese universo de debajo de la tierra. Aquí el personaje de la chamana sería como la embajadora de todo ese universo que campea entre lo místico, lo mágico y en general lo prehispánico, eso nos pasa a los que hemos nacido en México, siempre tenemos una percepción especial para la otra realidad que no pasa en otros países.

-¿Una historia de desigualdades sociales?

--La novela aborda este tema que había sido una inquietud y que aquí es quizás el vector principal: una persona que nace en un círculo social desfavorecido del que no puede escapar, o no fácilmente. La desigualdad en México además de ser muy aguda coincide con el aspecto físico de las personas, a diferencia de otros países... si naces con facciones indígenas tienes mucho más complicado salir de tu condición que si naces con facciones europeas, aun cuando el indígena sea más listo. Tikú, además de haber nacido en un círculo desfavorecido y no poder trascender igual que sus todos sus ancestros, oye voces que le dicen qué hacer.

-¿Lo mueve el resentimiento social?

--En la novela tenemos ese resentimiento desbocado, porque también hay sexo salvaje, violencia tremenda; elementos que componen a cualquier comunidad, aquí están totalmente salidas de su cauce durante la novela. Es una historia que aun cuando sucede en el siglo XXI podría suceder fácilmente en el siglo XVI, el mapa sociológico de esta región sigue siendo muy parecido al que había en la Colonia, parece que hay unos cuantos para los que trabajan los muchos.

-¿Es literatura pero es la realidad de Veracruz?

--Es que toda la gente que tiene algún poder en esta zona, los políticos digamos, se comportan como los virreyes, están muy lejos de la metrópoli y hacen lo que quieren, no están fiscalizados por nadie, pero por supuesto que se les podría fiscalizar. Están también las huestes violentas que transitan todo el tiempo por las faldas del volcán, hay narcotraficantes, paramilitares, gente de la guerrilla, las milicias de los caciques; todo esto parece que fuera otro siglo, el siglo XVI, pero está pasando ahora, incluso empeora la situación, no solo aquello sigue siendo como en el siglo XVI, sino que todas estas lacras del siglo XX han ido a reproducirse ahí.

-¿Es la ambición, la violencia y el poder una metáfora de la actualidad?

--La novela es también una metáfora de la violencia que sucede en cualquier sitio del país, aquí quizás de una manera más aguda en la selva, la novela está escrita a partir de esta violencia de la naturaleza. La prosa es una representación de esa selva, una novela que va creciendo y va tirando ramas por todos lados.

-¿Una novela que avanza y se va complicando?

--Nunca hago guiones ni tomo demasiadas notas, las novelas siempre salen de una sola imagen y lo que hago durante los años que me toma escribirlas es ir desplegando esa imagen hasta que llega el final, y esto a la hora que se lee da precisamente está sensación de que la trama se va enredando y complicando.

-¿Seguirás en ese universo literario?

--De pronto pienso que escribo sobre ese territorio porque es la única manera que tengo de regresar a él.

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