Buenas noticias para la alimentación, malas noticias para la guerra: Brasil compra fertilizante ruso

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Descarga de fertilizante procedente de Rusia a finales de abril. (Victor Moriyama/The New York Times)
Descarga de fertilizante procedente de Rusia a finales de abril. (Victor Moriyama/The New York Times)

Los funcionarios esperaban que la guerra detuviera hasta un 15 por ciento de las exportaciones de fertilizantes rusos. Pero Brasil y otros países han encontrado la manera de continuar con las compras.

RÍO DE JANEIRO — Cuando los primeros misiles rusos impactaron en Ucrania, las repercusiones se sintieron a unos 10.500 kilómetros de distancia, en las enormes plantaciones brasileñas que cultivan gran parte de la soya del mundo.

Rusia suministra una cuarta parte de los fertilizantes de Brasil, y las sanciones impuestas para castigar a Moscú por la invasión amenazaron con imposibilitar la exportación de esta materia prima esencial. Eso representaba un peligro no solo para la economía brasileña, sino también para la capacidad del mundo de alimentarse.

En cuestión de días, funcionarios brasileños les advirtieron a los agricultores que redujeran el uso de un fertilizante crucial, y los expertos pronosticaron que el país —uno de los mayores exportadores de maíz, soya, azúcar y café— tenía solo tres meses antes de que se agotara.

Ahora, dos meses después, Brasil está reponiendo sus reservas de fertilizantes, con la ayuda de Rusia. Del mismo modo en el que el gas ruso ha estado fluyendo a través de los oleoductos hacia Europa, cientos de miles de toneladas de fertilizante ruso han llegado a Brasil desde el comienzo de la invasión. Y hay más en camino.

Brasil se apresuró a comprar fertilizantes rusos justo antes de la invasión para mantener los envíos a inicios de la guerra. Y aunque no se ha prohibido la compra de fertilizantes rusos, los compradores brasileños han tenido que lidiar con sanciones a los bancos rusos y obstáculos logísticos que los expertos temían que interrumpirían el comercio.

Pero los compradores han logrado encontrar formas de sortear esos obstáculos, entre las que está usar un banco ruso que no fue incluido en las sanciones y la asistencia de Citigroup en Nueva York.

Tivos, un carguero de Rusia, descargaba fertilizante el mes pasado en el Puerto de Santos, en São Paulo, Brasil. (Victor Moriyama/The New York Times)
Tivos, un carguero de Rusia, descargaba fertilizante el mes pasado en el Puerto de Santos, en São Paulo, Brasil. (Victor Moriyama/The New York Times)

Los envíos son buenas noticias para el suministro y los precios de los alimentos a nivel mundial, pero son malas noticias para la estrategia de Occidente de aislar económicamente a Rusia en un intento por debilitar la determinación del presidente Vladimir Putin en Ucrania.

Las sanciones occidentales han congelado gran parte de los activos financieros de Rusia, dijo Edward Fishman, un exfuncionario del gobierno de Barack Obama que en el pasado ayudó a diseñar medidas contra Rusia e Irán. “Lo que no han congelado son los flujos hacia la economía, principalmente a través de la venta de materias primas”.

“Hasta que esa brecha se cierre”, agregó, “alarga la pista de aterrizaje de Putin”.

La invasión rusa a Ucrania ha creado un dilema para las naciones y las corporaciones que enfrenta los valores contra la economía. Gran parte del mundo está de acuerdo en que Rusia debe ser castigada por su invasión de Ucrania, pero los funcionarios gubernamentales y los líderes empresariales están lidiando con las realidades económicas de hacerlo.

El mayor ejemplo es el petróleo y el gas rusos, un salvavidas económico mucho más importante para Putin que los fertilizantes. Los países de todo el mundo han seguido comprando combustible a Rusia, mientras intentaban aislar a Moscú de otras formas.

El fertilizante ruso presenta un dilema similar.

Ucrania y Rusia son dos de los mayores exportadores de trigo, maíz y cebada del mundo, y la guerra ha mantenido gran parte de esas cosechas inmovilizadas, lo que ha provocado un aumento de los precios y exacerbado la escasez mundial de alimentos.

Rusia también representa aproximadamente el 15 por ciento de las exportaciones mundiales de fertilizantes. Bloquear esas exportaciones privaría a Putin de una fuente de ingresos que puede impulsar la guerra de Rusia contra Ucrania. Pero funcionarios de las Naciones Unidas y otros expertos han advertido que las restricciones a los fertilizantes rusos elevarían aún más los precios y agotarían los suministros de alimentos.

Ante la posibilidad de una crisis así, a fines de marzo Estados Unidos creó una excepción en sus sanciones para permitir explícitamente la adquisición de alimentos y fertilizantes rusos. Si bien las sanciones financieras aún complican las transacciones, los funcionarios estadounidenses han estado implementando esfuerzos para tranquilizar a otros gobiernos y líderes empresariales —entre ellos, reunirse con funcionarios gubernamentales y de la industria en Brasil— de que no está prohibido comprar fertilizantes rusos.

Europa impuso un límite de un año a las importaciones de ciertos fertilizantes rusos, lo que permitió que solo ingresaran al continente 2,6 millones de toneladas en un año, menos de la mitad de lo que Europa importó en 2021.

Ahora que parte de ese fertilizante llega a los agricultores de Brasil, los economistas predicen una desaceleración en los aumentos de precios recientes y mejores rendimientos de las cosechas, lo que incrementa las posibilidades de que los productores puedan compensar parte de la escasez de alimentos causada por la invasión de Rusia.

“Mantiene los precios bajo control, y eso es muy importante”, dijo Josef Schmidhuber, un economista que ha estudiado el impacto de los conflictos en los alimentos para la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura. “Si Brasil redujera su producción el próximo año debido a la falta de fertilizantes, sin duda sería una mala noticia para una crisis alimentaria mundial”.

El mayor comprador de fertilizantes rusos es Brasil, que importa de Rusia alrededor de una cuarta parte de sus fertilizantes.

A principios de este año, mientras las tropas rusas se reunían en la frontera con Ucrania, el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, se reunió con Putin en el Kremlin. En el encuentro, una semana antes del inicio de la invasión, Bolsonaro dijo que Brasil estaba “en solidaridad con Rusia”. En el mismo viaje, dijo que Brasil duplicaría su suministro de fertilizantes rusos.

Tras el comienzo de la invasión, Bolsonaro dijo que Brasil se mantendría neutral y aclaró la razón. “Lo que sucede a 10.000 kilómetros, en Ucrania, tiene repercusiones en Brasil”, dijo. “Tenemos negocios especiales con Rusia”.

“Para nosotros”, agregó, “la cuestión de los fertilizantes es sagrada”.

Sin embargo, parecía cuestionable si ese suministro de fertilizante podría llegar a Brasil.

Muy rápido, las sanciones a los bancos rusos dificultaron realizar transacciones financieras, las empresas que ayudan a facilitar los acuerdos detuvieron los negocios por temor a las repercusiones y muchos exportadores se mantuvieron alejados debido a las altas primas de seguros y preocupaciones de seguridad. Occidente también emitió sanciones contra los oligarcas, que eran dueños de dos de los mayores productores de fertilizantes de Rusia.

Para agravar el problema, Bielorrusia, el aliado más cercano de Rusia y un importante productor de un fertilizante clave llamado potasa, recibió, a su vez, sanciones en febrero por obligar a un avión comercial a aterrizar para arrestar a un disidente.

La potasa, hecha de sal de potasio y, a menudo, extraída de fondos marinos evaporados, es fundamental para el cultivo de soya, que Brasil produce más que cualquier otro país. Desde el comienzo de la invasión de Rusia, los precios de la potasa se han elevado un 50 por ciento.

En vísperas de la guerra, los importadores brasileños adquirieron más potasa rusa de lo habitual, lo que resultó en la importación de 750.000 toneladas de fertilizante en marzo, en gran parte potasa, según estadísticas gubernamentales. Fue un récord para marzo y un aumento del 14 por ciento respecto al mismo mes del año pasado.

Sin embargo, las nuevas adquisiciones seguían siendo difíciles. Así que Brasil y otros países encontraron otras formas de comprarle a Rusia.

En gran medida, los importadores brasileños se han cambiado a Gazprombank, un gran banco ruso que no fue incluido en las sanciones porque maneja muchas transacciones de energía para países que continúan comprando gas ruso.

Los importadores brasileños también han utilizado Citigroup como intermediario para muchas transacciones, en parte porque creen que podría ayudar a evitar posibles problemas con el Departamento del Tesoro estadounidense, según dos funcionarios bancarios cercanos a las transacciones que hablaron con la condición de anonimato porque no estaban autorizados a discutir el negocio. Los bancos más grandes como Citigroup con frecuencia ayudan a facilitar este tipo de transacciones internacionales.

Una vez que Estados Unidos dejó en claro que el fertilizante ruso no estaba sujeto a sanciones, también se hizo más fácil encontrar transportistas dispuestos a trasladar el producto.

En las últimas semanas, una gran empresa rusa de fertilizantes vendió más de 165.000 toneladas de potasa a clientes brasileños y se espera que los envíos lleguen en junio, según un ejecutivo involucrado en las transacciones que no estaba autorizado a hablar de manera pública. Esta cantidad ya era la mitad de la potasa rusa que había llegado a Brasil en junio de 2021.

Rusia también ha encontrado a otros compradores para su potasa: China y el sudeste asiático, según Ben Isaacson, analista de fertilizantes de Scotiabank.

“Rusia está sacando su potasa”, dijo. “No es una situación tan limitada como pensábamos”.

El mes pasado, Bolsonaro se reunió con el director de la Organización Mundial del Comercio y solicitó la ayuda de la agencia para proteger a la industria de los fertilizantes de nuevas sanciones en caso de que Estados Unidos y otros países occidentales endurezcan sus políticas a medida que avanza la guerra.

Aun así, el gobierno brasileño dice que el nuevo flujo de envíos rusos proveen a sus agricultores de suficiente fertilizante para las principales cosechas de Brasil durante los próximos meses.

Sin embargo, las preocupaciones sobre la posibilidad de acceder al mercado ruso han provocado un nuevo impulso para que Brasil sea más autosuficiente. Bolsonaro y sus aliados han presionado para abrir la selva amazónica a la extracción de sal de potasio para hacer potasa. Un proyecto de ley se detuvo solo después de que se organizaran protestas masivas en la capital de Brasil.

Para la potasa, “hoy no tenemos alternativas”, dijo Neri Geller, un diputado brasileño y empresario agrícola que apoyó el proyecto de ley. “Dependemos de Bielorrusia y Rusia. Entonces, si dejara de llegar de allá para acá, ¿cómo le haríamos?”.

Jack Nicas es el jefe del buró de Brasil, desde donde cubre Brasil, Argentina, Chile, Paraguay y Uruguay. Anteriormente cubrió temas de tecnología desde San Francisco y, antes de unirse al Times en 2018, trabajó siete años en The Wall Street Journal. @jacknicas Facebook

© 2022 The New York Times Company

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