Nota mental: Instrucciones para cambiar algunas conductas

Sonia Jalfin
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El uso de mascarillas se debe complementar con otras medidas como el lavado de manos
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Un botón para que tu hijo levante las medias tiradas. Otro para que un colega deje de usar tu taza. Todos quisimos alguna vez un control remoto humano. Un aparato para lograr que los demás –indómitos independientes– hagan lo que nosotros queremos. Con la pandemia la necesidad se agudizó. ¿Dónde está el botón para que cancelemos las reuniones, ventilemos bien los ambientes y –ahora que nos ponemos el tapabocas– lo sepamos calzar sobre la nariz? ¿Qué palanca nos haría emprender todas esas microacciones, bastante mecánicas e imposibles de vigilar una por una?

El control remoto humano no se inventó, pero la psicología cognitiva y sus derivaciones para la comunicación aportan algo parecido. No es tan fácil como apretar play, pero hoy sabemos suficiente sobre los humanos, sus cerebros y su relación con la información como para mover algunos hilos.

Hay algunos ejemplos con el Covid. El Behavioral Insight Unit, una organización británica, probó que un póster con cuatro pasos para lavarse las manos es más efectivo que otro con siete, porque después del tercero la gente se abruma y no recuerda más. En Japón concluyeron que poner el alcohol en gel en el centro de una habitación y apuntarle con una flecha grande incrementa tres veces las chances de que se lo use (somos bastante predecibles).

Unir los pasos para el lavado de manos a una canción conocida funciona bien, porque está probado que para incorporar un hábito nuevo sirve atarlo a uno viejo (hay una app llamada Wash your lyrics que nos deja elegir la canción). En la misma línea, la Academia Nacional de Ciencia de Estados Unidos nos pide que dejemos el tapabocas junto con el abrigo, para asociarlo al hábito ya establecido de abrigarse antes de salir.

Pero hay otras líneas fértiles poco exploradas. Algo sorprendente para una crisis global que nos suplica que usemos todo el conocimiento disponible.

Según la psicología experimental, ofrecer recompensas que premien las acciones positivas aumenta su cumplimiento. Un ejemplo consiste en poner un juguete adentro de un jabón para que los chicos se laven las manos (más efectivo que darles por un lado el jabón y por otro el juguete). ¿Cómo podríamos premiar que canceles el asado de hoy o no vayas a lo de tus tíos a comer budín esta tarde? ¿Alguien está pensando ideas para eso?

Está muy estudiado que no conviene amplificar los casos de incumplimiento de las reglas, como abrir el noticiero con la gente apelotonada en los bares, porque todos tenemos inclinación a cumplir las normas sociales. No cambiamos conductas porque nos convencieron con argumentos racionales, sino para conformar a otros. Si nos parece que el amontonamiento es extendido nos lanzamos a él, aunque en realidad el bar del noticiero sea una excepción.

Hay decenas de experimentos que muestran la eficacia de una buena narrativa para que recordemos información, y sin embargo los gobiernos y organismos multilaterales no han construido un relato articulado que explique cómo se transmite el virus. Primero porque operaron con información incorrecta, como que el contagio por superficies era relevante (no lo es) y después porque no encontraron metáforas adecuadas. Un proyecto llamado #ReframeCovid busca reemplazar las metáforas bélicas por otras mejores. Lo que es seguro es que necesitamos narrativas que ayuden a entender el contagio por el aire. José Luis Jiménez, uno de los principales expertos del mundo en la mecánica de contagio del Covid, aportó una gran idea en una nota de Nora Bär del lunes, donde propuso comparar al virus con el humo del cigarrillo: si alguien fuma en una habitación podemos verlo y olerlo aunque esté a unos metros, y la forma efectiva de evitarlo es generar una corriente de ventilación; no abrir una ventana. Sin embargo, esta no es la historia que escuchamos todos los días.

Por último, está estudiado que el miedo no cambia conductas por sí solo. El dato alarmante de la cantidad de camas ocupadas, sin información clara sobre qué podemos hacer, nos lleva al desánimo y a no hacer nada. En cambio, saber que otros cumplen nos moviliza. Un estudio del BID, Cippec y el municipio de Junín cuando lo gobernaba Mario Meoni mostró cómo aumentaba la recaudación tributaria con solo mencionar en la factura el porcentaje (alto) de vecinos que ya había pagado.

Todo lo que sabemos sobre estos temas podría estar aplicándose ya mismo y, aunque no resuelva los mil desafíos de la pandemia, puede ayudar con algunos. Solo hay que tener cuidado con algo: los hábitos que se incorporan son difíciles de cambiar. El trapo de piso con lavandina en la puerta de los edificios puede quedar ahí por el resto de los tiempos. Nos acostumbraremos a ellos como a las medias en el suelo.