Nota para los futuros viajeros espaciales: Prepárense para que su corazón se encoja

Kenneth Chang
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El astronauta Scott Kelly a bordo de la Estación Espacial Internacional el 29 de febrero de 2016. (NASA vía The New York Times)
El astronauta Scott Kelly a bordo de la Estación Espacial Internacional el 29 de febrero de 2016. (NASA vía The New York Times)

En el espacio, tu corazón se hace más pequeño.

En un estudio publicado el lunes en la revista Circulation, científicos reportaron que la masa de la cámara (o cavidad) más grande del corazón de Scott Kelly, quien pasó casi un año en la Estación Espacial Internacional en 2015 y 2016, se había encogido en más de una cuarta parte para cuando regresó a la Tierra.

Eso se agrega a la serie de transformaciones que el cuerpo humano atraviesa sin la atracción de la fuerza de gravedad. Los astronautas también suelen presentar cabezas hinchadas, globos oculares aplastados, piernas arrugadas y huesos que se vuelven más quebradizos.

No obstante, un corazón más pequeño pareció no tener ningún efecto en la salud de Kelly.

“Estuvo notablemente bien durante un año”, dijo Benjamin D. Levine, médico, autor sénior del artículo en la revista Circulation y profesor de Medicina Interna en el Centro Médico de la Universidad de Texas Southwestern y en el Hospital Presbiteriano de Dallas.

“Su corazón se adaptó a la gravedad reducida”, dijo Levine. “No se volvió disfuncional, la capacidad de exceso no se redujo a un nivel crítico. Se mantuvo razonablemente en forma. Su corazón se redujo y se atrofió de la manera en que podrías esperar por ir al espacio”.

Sin la atracción de la fuerza de gravedad, el corazón no tiene que bombear tan fuerte y, como cualquier otro músculo, pierde algo de su condición física por el uso menos vigoroso. En el caso de Kelly, el encogimiento ocurrió incluso a pesar de que se ejercitó casi todos los días en la estación espacial, un régimen que ha demostrado ser efectivo para limitar que los huesos se vuelvan quebradizos y la pérdida generalizada de músculo.

No obstante, un corazón más pequeño podría ser una preocupación para futuras misiones a Marte.

Con base en la experiencia de Kelly y otros astronautas en la estación espacial, “probablemente estarían bien”, dijo Levine. Sin embargo, podrían surgir problemas si un astronauta resulta herido o se enferma y no puede ejercitarse. O si el equipo para ejercitarse se descompone. Con su corazón más débil, podrían marearse y desmayarse cuando planten el pie en el planeta rojo tras meses de viaje ingrávido.

En el artículo, Levine y sus colegas también compararon el corazón de Kelly con el de Benoît Lecomte, un nadador de resistencia de largas distancias, cuando intentó cruzar el océano Pacífico en 2018. La flotación en el agua tiene muchos de los mismos efectos en el cuerpo que la ingravidez. Lecomte estuvo en posición horizontal durante la mayor parte del tiempo, hasta ocho horas de nado por ocho horas dormido en un bote de apoyo que lo acompañaba.

Los científicos pensaron que las horas de nado serían lo suficientemente extenuantes para preservar el corazón de Lecomte, el cual fue observado mediante ecocardiogramas periódicos. En lugar de eso, se encogió, casi tan rápido como había ocurrido con el de Kelly en el espacio.

Tras 159 días (Lecomte tuvo que abandonar el intento cuando llevaba menos de un tercio del recorrido planeado de casi 9100 kilómetros después de que el bote se dañó en una tormenta), el ventrículo izquierdo de su corazón perdió peso al pasar de 170 gramos a poco más de 140 gramos. El ventrículo izquierdo es la cavidad más grande y fuerte del corazón, el cual bombea sangre a la aorta y a través de todo el cuerpo.

“Simplemente estaba impactado”, dijo Levine. “De verdad pensé que su corazón iba a volverse más grande. Hizo mucho ejercicio”.

En una entrevista, Lecomte calculó que su frecuencia cardiaca estaba “tal vez en los cientos más bajos” cuando nadaba y describió la intensidad del nado de larga distancia como “más parecido a una caminata rápida, tal vez, o correr muy despacio”.

Ahora la NASA tal vez podría diseñar mejores programas de ejercicio para los astronautas. “Hay grandes preguntas sobre la intensidad y la duración apropiadas del ejercicio”, dijo James MacNamara, un cardiólogo en el Centro Médico de la Universidad de Texas Southwestern y otro autor del artículo. “El nado de Lecomte nos dio la oportunidad de ver a alguien que hizo mucho” ejercicio de baja intensidad.

En la estación espacial, Kelly se ejercitó seis días a la semana, trotaba en una caminadora durante alrededor de 30 o 40 minutos o pedaleaba en una bicicleta estacionaria. Además, usó una máquina de resistencia que imitaba el levantamiento de pesas.

“Es bastante vigoroso”, dijo Kelly, ahora retirado de la NASA, en una entrevista. “Rebasas tus límites, seguro era más peso del que levantaría aquí en casa”.

Aun así, durante sus 340 días en el espacio, la masa del corazón de Kelly se redujo de 190 gramos a 139 gramos, una disminución de alrededor del 27 por ciento.

El corazón tanto de Kelly como de Lecomte perdieron masa a un ritmo de alrededor de 0,7 gramos por semana.

Kelly bromeó que encontró el estudio interesante porque este descubrió que su “corazón actuó de manera similar a un atleta de élite”.

Levine dijo que otro estudio observó los corazones de trece astronautas antes y después de estancias de seis meses en la estación espacial. Ese estudio, que aún no se ha publicado, brinda un rango más amplio de datos que parecen reconfortantes.

“Lo que es realmente interesante es que parece que depende de lo que hacían antes de volar”, dijo Levine.

En el caso de los astronautas más atléticos, sus corazones perdieron masa en el espacio, tal como ocurrió con el de Kelly. Sin embargo, los corazones de aquellos que no realizaban ninguna actividad física en la Tierra pero tuvieron que ejercitarse de manera regular en la estación espacial crecieron, como el del Grinch en la historia de Dr. Seuss.

Eso no se debió a que experimentaron una bondad y una generosidad recién descubiertas, sino sencillamente un mayor esfuerzo físico.

“El corazón es como cualquier otro músculo y responde a la carga a la que se le somete”, dijo Levine.

La NASA ha aportado financiamiento para estudiar la salud cardiaca de los próximos diez astronautas que pasen un año en el espacio.

Kelly dijo que su cuerpo, que experimentó otros cambios, incluyendo pérdida de masa ósea, casi ha regresado a la normalidad.

“No tengo ningún síntoma por haber estado en el espacio, al menos ninguno físico. En la actualidad, si me lo permiten, lo haría todo de nuevo”, dijo Kelly.

This article originally appeared in The New York Times.

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