Con nostalgia por un liderazgo perdido, EE.UU. se despidió de Bush

Rafael Mathus Ruiz

Con destellos de nostalgia por un estilo de liderazgo político olvidado, Estados Unidos se unió para despedir a George Herbert Walker Bush , el 41º presidente del país, que timoneó a la primera potencia global sobre el final de la Guerra Fría y fue recordado como un estadista intachable, un héroe de guerra, un marido devoto y el "mejor padre que un hijo puede pedir".

Washington le prodigó todos los honores al patriarca de la familia Bush, con un largo desfile que llevó su ataúd desde el Congreso hasta la ceremonia en la Catedral Nacional, donde en la primera fila se sentaron junto al presidente Donald Trump , y la primera dama, Melania Trump , tres expresidentes junto a sus esposas: Barack Obama , Bill Clinton y Jimmy Carter.

"Nació con dos cambios, máxima velocidad y dormir", bromeó George W. Bush, hijo y 43° presidente, quien brindó la elegía para su padre, jugosa en líneas que despertaron risas en la imponente catedral.

"Cuando se escriban los libros de historia, dirán que George H. W. Bush fue un gran presidente de los Estados Unidos, un diplomático de habilidad incomparable, un comandante en jefe de logros formidables y un caballero que ejecutó los deberes de su cargo con dignidad y honor", lo definió.

Bush dijo que su padre les había enseñado cómo ser "un gran esposo". Dijo que adoraba a su madre, Barbara Bush, que murió en abril de este año, y con quien había reído y llorado. Al leer las últimas líneas, citando el discurso de su padre cuando asumió la presidencia, Bush rompió en llanto, al llamarlo "el mejor padre que un hijo o una hija puede pedir".

"Te vamos a extrañar. Tu decencia, sinceridad y alma amable se quedarán con nosotros para siempre", afirmó.

El funeral de Estado con campanadas, oraciones y guardia de honor que se le prodigó al fallecido expresidente terminó por convertirse en una celebración a un estilo de liderazgo -sobrio, bipartidista, capaz de dejar en un segundo plano los cálculos políticos- que Washington parece haber enterrado de manera definitiva en el pasado.

Trump, uno de los últimos en ingresar en la catedral, acompañado por su mujer, siguió casi toda la ceremonia serio, por momentos cruzado de brazos, inclinado un poco hacia adelante mientras uno a uno los oradores se deshacían en elogios sobre el líder honrado y enumeraban sus cualidades.

Antes de sentarse, Trump saludó a Barack y a Michelle Obama, pero no se estiró para darles la mano a Bill Clinton o a su mujer, Hillary Clinton, a la que derrotó en la elección presidencial de 2016 y quien aún es blanco de sus ataques en Twitter.

La familia Bush llegó después, en solemne procesión por el pasillo central de la catedral. Trump se puso de pie y saludó a George W., que luego saludó a todos los expresidentes y ex primeras damas sentados de la fila. Bush le entregó algo en la mano a Michelle Obama, quien le regaló una sonrisa cómplice. En el funeral de John McCain, Bush le había pasado un caramelo de menta, una escena que se viralizó en las redes.

El historiador presidencial y biógrafo de George H. W. Bush, Jon Meacham, ofreció otra generosa elegía en la cual comparó al expresidente con Abraham Lincoln, ampliamente visto como el mejor presidente en la historia de Estados Unidos.

"Lincoln y Bush nos pidieron que escogiéramos lo correcto sobre lo conveniente, que tuviéramos esperanza en vez de miedo y que no prestáramos atención a nuestros peores impulsos, sino a nuestros mejores instintos", indicó Meacham.

"Su código de vida, como él dijo, era decir la verdad. No culpar a la gente. Ser fuerte. Hacer el mejor esfuerzo. Intentarlo fuerte. Perdonar. Mantener el rumbo", agregó.