Noel Gallagher, entre halagos, estrenos y el efectivo recuerdo de Oasis

LA NACION

"¿Saben por qué Buenos Aires es una de mis ciudades favoritas en el mundo y por qué Argentina uno de mis países favoritos? Porque ustedes cantan". Por la mitad de su set como acto de apertura del show de U2, Noel Gallagher acomodó su guitarra acústica y se dirigió por primera vez al público antes de interpretar "Champagne Supernova". La frase podría pasar por desmedida y demagógica, sino fuera porque en su set de once canciones el ex Oasis tuvo varios gestos que respaldaron sus dichos al frente de sus High Flying Birds.

Esa empatía con el público argentino se hizo presente en varios momentos en los que Gallagher se apartó del micrófono y cedió el protagonismo a sus seguidores, con una lista de temas que repasó de manera equitativa sus dos discos solistas y su pasado al frente de la banda de Manchester. Pero además, le dio a sus fans presentes en el Único la oportunidad de ser los primeros en escuchar en vivo "Holy Mountain", el single que publicó ayer como adelanto de Who Built the Moon?, el álbum que publicará el mes próximo.

Con cincuenta años a cuestas, Gallagher nunca encarnó al rockero histriónico de movimientos exagerados ni pasos coreográficos. Anclado junto a su banda en el centro del escenario, lo suyo pasó por la demostración de matices a partir de una misma serie de recursos. Escoltado por Gem Archer y Chris Sharrock en guitarra y batería respectivamente (ambos ex compañeros en Oasis y luego laderos de su hermano Liam en Beady Eye), Noel pasó de los aires épicos de "Everybody's On the Run" al rock hecho a escala estadios de "Lock All the Doors" a los climas cuasi folk de "Half the World Away".

Con el agregado de una sección de vientos, "In the Heat of the Moment" y "Riverman" sumaron a su show tintes de soul y psicodelia vintage. Cerca del final, Gallagher optó por el efectismo antes que por la sutileza. Una lectura efusiva de "Little by Little" dio comienzo a un último segmento dedicado a canciones de Oasis, que tuvo su remate en sendas versiones acústicas de "Wonderwall" y "Don't Look Back in Anger", los dos hits más grandes de la banda que supo liderar, y que convirtieron al Único en un fogón masivo.

Con la aprobación generalizada ante un estadio ya casi desbordado, el británico sumó "AKA. What a Life!" fuera de programa. Un gesto más de complacencia al público local, acompañado de la promesa de un pronto regreso.