Nochebuena. El Covid-19 marcó el ritmo del reencuentro familiar

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Natalia Yabor, con su esposo y sus hijos, eligieron pasar la Nochebuena al aire libre
Fuente: LA NACION - Crédito: Ignacio Sánchez

Gabriela festejó solo con su marido y su hijo; Jazmín Federico cenó con sus padres, pero en mesas separadas, y Natalia Yabor se juntó por primera vez en el año con sus hermanos, pero comieron sin cubiertos y etiquetaron los vasos.

De diferentes formas, las medidas para evitar la propagación del nuevo coronavirus se interpusieron en las mesas navideñas de los argentinos. Al igual que en la mayoría de las celebraciones de este año, muchas de las costumbres propias de la Nochebuena -como el brindis, la entrega de regalos y la extensa mesa familiar- fueron suspendidas o modificadas con el fin de poder celebrar la festividad a pesar del contexto epidemiológico.

"Pasamos gran parte del año dejando los regalos de cumpleaños de nuestros familiares en la puerta de sus casas. Nos cuidamos mucho desde marzo, pero no queríamos pasar la Navidad así, en soledad", expresa Yabor, docente de nivel inicial, de 42 años. Al igual que siempre, ella, su marido y su hijo se reunieron con sus hermanos y sobrinos -en total, unas 15 personas- para celebrar la víspera de Navidad, la primera fiesta que compartieron desde que se decretó la inicial cuarentena obligatoria.

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Durante la celebración, que se realizó en el jardín de la casa de su hermano, en Don Bosco, intentaron cumplir con todo tipo de protocolos: comieron sentados en puffs y sillas esparcidas por el jardín a una distancia prudencial, utilizaron tapabocas siempre que lo creyeron necesario, y el dueño de casa preparó sandwiches de bondiola, para evitar el uso de cubiertos y de platos.

"Cantamos y bailamos, pero siempre separados. Para nuestros padres, que fallecieron hace unos años, la Navidad era muy importante. Creemos que pasarla juntos, como ellos hubieran querido, es la mejor forma de recordarlos, y por eso decidimos juntarnos a pesar de todo", comenta Yabor.

Para muchas familias, el aislamiento social mantenido durante gran parte del año tuvo, a pesar de todos los aspectos negativos, un lado positivo: produjo como efecto colateral una mayor valoración de las reuniones sociales con los seres queridos. Así lo expresa Jazmín Federico, de 34 años, quien pasó Nochebuena junto a 12 familiares en el jardín de la casa de su madre, en Bernal. "Las navidades anteriores las festejábamos más que nada por costumbre. Pero este año, después de tanto tiempo separados, disfrutamos y valoramos nuestra familia más que nunca. Fue una noche muy feliz", comenta.

Tres mesas largas

Como su madre es una persona de riesgo, la reunión se dividió en tres mesas largas y los asistentes mantuvieron cierto distanciamiento social. Además, Federico colocó etiquetas en los vasos con el nombre de cada uno de los comensales, para evitar confusiones.

Según le confirmaron a LA NACIÓN numerosos laboratorios privados, durante los últimos días se evidenció un aumento en la demanda de hisopados nasofaríngeos. Entre otros factores, afirman, este incremento tuvo relación con la llegada de la Navidad, ya que muchas personas manifestaron que querían realizarse el test para descartar el virus y poder celebrar la Nochebuena junto a sus seres queridos de mayor edad.

En muchos casos, las familias eligieron armar el árbol de Navidad en los jardines
Fuente: LA NACION - Crédito: Ignacio Sánchez

A su vez, durante esta semana también se evidenció un repunte de la cantidad de infectados. El 23 de diciembre, el último día en que el Ministerio de Salud de la Nación publicó los casos confirmados diarios de Covid-19, se detectaron 8586 nuevos infectados. Mañana, la autoridad sanitaria nacional informará las cifras tanto de nuevos contagios como de fallecidos correspondientes a las jornadas del 24 y el 25 de diciembre.

Aislados

Gabriela, de 41 años, su marido y su hijo de cinco, son una de las tantas familias argentinas que debieron pasar la Navidad aislados por el coronavirus. Su marido se contagió hace dos semanas, tras tomar una cerveza en un bar con un amigo, quien todavía no sabía que portaba el virus. Ella manifestó los primeros síntomas el lunes pasado.

Acostumbrados a celebrar las Fiestas de fin de año en la quinta de los padres de Gabriela, en Coronel Brandsen, la pareja sintió una profunda tristeza cuando se enteró de que sus hisopados eran positivos, pero intentaron hacer todo lo posible para tener un festejo alegre a pesar de todo. "Pusimos música, pedimos sushi y helado, y compramos un regalo de Papá Noel para mi hijo por internet. La pasamos bien, pero extrañamos muchísimo a la familia. Solíamos llevar carpas y acampar en la quinta en Navidad", comenta Gabriela, quien ya casi no presenta síntomas de coronavirus.

Mariana Flores también extrañó las navidades anteriores. La joven de 34 años tiene un emprendimiento de lencería y trajes de baño femeninos. El showroom está ubicado en su casa, y como, por protocolo, solo puede dejar entrar a una clienta a la vez, extendió el horario de compras de ayer hasta las 18. "Ni tuve tiempo de cocinar ni de decorar la casa, como hago siempre. Y además pasamos la Nochebuena solo con mis padres, algo muy inusual para nosotros", comenta. Flores solía pasar la víspera navideña en lo de sus padres, con sus tres hermanos, las parejas de cada uno y sus hijos. "Antes, se hacían las 12 y te cansabas de tanto brindar. Esta vez, las copas eran muy pocas", expresa .

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