¿Última noche? En Pinamar, las calles y boliches estuvieron repletas de jóvenes

Alejandro Horvat
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PINAMAR.- "¿Y si es la última?", se preguntaba Manuel Ríos, de 18 años, que estaba en la puerta del boliche Pink, preparándose para entrar. "Como esta puede ser la última noche del verano pague una entrada a $750, cuando jamás pagaría eso por ingresar", dice y encoge los hombros para mostrar su incertidumbre acerca de lo que sucederá con el resto de sus vacaciones. Sabe que el gobierno nacional, en conjunto con el provincial, tienen previsto establecer restricciones a la circulación nocturna.

Ayer, el Gobierno informó que el decreto de necesidad y urgencia (DNU) que el presidente Alberto Fernández publicaría en el Boletín Oficial actuará como una "recomendación" que establecerá un marco general sobre las nuevas restricciones, pero será cada gobernador el que defina cómo se implementará en cada distrito. En principio, estaría prohibido circular entre las 23 y las 6. Por eso, la incertidumbre que sobrevuela a todo el país, también impactó en la noche pinamarense.

"Es hoy, mañana no sabemos. Esta es la noche, por eso ni lo dudamos y salimos", dijo Federico Wahlers, de 18 años, que caminaba junto a su grupo de amigos por la Avenida Bunge. Estaban buscando algún boliche para entrar. Las calles de Pinamar se encontraban repletas, fue una noche de mesas llenas y filas para entrar a varios lugares. Si bien los bares, según lo que pudo observar LA NACION, respetan la distancia entre las mesas, muchos restaurantes no cumplen con ese requisito y sus salones están repletos de comensales.

"Si mañana se corta todo, vamos a respetarlo, iremos más a la playa a la tarde, veremos qué es lo que vamos a hacer, pero no vamos a transgredir la prohibición. Esperemos que no empiece a haber fiestas clandestinas por todos lados", aseguró Nicolás Roberti, de 18 años.

Aún no está del todo claro qué es lo que sucederá. Desde la secretaría de Turismo de Pinamar, señalaron a LA NACION que están armando una campaña de comunicación para que todo suceda antes de la restricción horaria, es decir, intentarán que la gente salga a comer y a tomar algo antes de los horarios en los que suelen hacerlo. El problema, según varios comerciantes, es que cambiar los hábitos de la gente en la costa será muy difícil.

Adrián Greco, de 49 años, es el dueño de La Única, en Bunge y Libertador. Abrieron hace cinco años. Trabaja junto a su familia, sus hermanos y 14 empleados. Él considera que se van a adaptar a las medidas que disponga el Presidente, pero que no podrá mantener el mismo plantel de personal que tiene ahora.

"Quedaría solo el turno de día, porque en la costa se sale a comer tarde, después de la playa que termina a eso de las 19.30, recién a las 22 se sientan a cenar en un restaurante. Yo conozco cómo es. Hace 24 años que trabajo en Pinamar y cerrar a las 23 sería un desastre", señaló Greco.

Ayer, los intendentes de los partidos más importantes y visitados por el turismo de la costa atlántica iniciaron conversaciones con el gobierno de Axel Kicillof para que el toque sanitario no sea a partir de las 23, sino de la 1. Otra opción que propusieron es que cada distrito pueda administrar las restricciones sanitarias según su situación epidemiológica.

Nahuel Loer, de 19 años, también estaba esperando para ingresar al boliche Pink, una discoteca que, según su dueño, Gustavo Palmer, permite el ingreso de hasta 130 personas y funciona con mesas que están a dos metros y medio de distancia una de la otra. Loer se encontraba junto a un grupo de 10 amigos, todos de Rosario, que vinieron de vacaciones y la noche es uno de los momentos más esperados.

"Todos perdimos algo este año. Desde las clases de la facultad, hasta los objetivos personales en cuanto al deporte que hacemos. La verdad que fue un año complicado y en las dos semanas que nos vinimos a Pinamar nos planteamos disfrutar y nos olvidamos un poco de todo. No sé si está bien, lo que pasó en la playa no es lo más recomendable, pero creo que todos necesitábamos ese desahogo", argumentó Loer.

Loer se refería a las escenas que se vieron el fin de semana pasado, cuando cientos de jóvenes se juntaron en las playas del sur al atardecer. Las imágenes de los chicos saltando y tomando sin distancia social generó preocupación, sobre todo en los comerciantes que necesitan de la temporada para subsistir el resto del año y temen que, por el aumento en los casos de coronavirus, la temporada quede trunca.

Sofía Rodríguez, de 25 años, estaba tomando unos tragos con sus amigas en Temple bar. Creen que la de ayer fue la última noche completa de la temporada. "Pero va a ser la última noche legal, creo que la prohibición va a fomentar las clandestinas. A mí me d lástima por los comerciantes, ojalá que las restricciones sean a partir de un horario en el que igualmente puedan aprovechar la temporada".

En la Avenida Bunge, cerca de la rotonda de la Avenida Intermédanos, se encontraba Juan Cruz Estigarribia, de 23 años. Él se estaba en el autocine de Pinamar. Una nueva propuesta que es totalmente al aire libre. Ayer fueron a tomar algo allí, también con la sensación de que las noches de este verano, a partir de hoy, ya no serán lo mismo. "Me parece que esto se acaba, no había dudas, hoy si o si íbamos a salir".