La última noche de Cemento: qué pasaba en el otro de boliche de Chabán mientras Cromañon se convertía en una tragedia

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La fachada de Cemento, hoy convertido en un estacionamiento del Gobierno de la Ciudad
Pablo Mekler

Un templo para el under, un refugio para los amantes de la noche, un teatro para quien estuviera dispuesto a expresarse y hasta un altar para los ricoteros, que vieron allí las primeras “misas” de Patricio Rey y Los Redonditos de Ricota. Cemento, desde su fundación en 1985, acompañó la fiesta de la primavera democrática y vio, con la misma velocidad, cómo su persiana se bajaba para siempre. Así, y casi como en fade, la historia final de este boliche se vio ensombrecida por la desgracia que se vivió a 30 cuadras de distancia, en Cromañon, donde una cadena de impericias e irresponsabilidades dejó 194 muertos y 1200 heridos.

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Es que Cemento y Cromañón están ligados más allá de pertenecer al mismo dueño, Omar Chabán, quien había dado un salto previo en la movida cultural con Café Einstein (en la esquina de Córdoba y Pueyrredón). La tragedia de Cromañón desatada en el show de Callejeros significó el final de aquél espacio, entre galpón y estacionamiento, ubicado en la calle Estados Unidos.

El último show, marcado por la desgracia

El 30 de diciembre de 2004, la ya extinta banda Sancamaleón se disponía a hacer un nuevo show en Cemento, donde había tocado en varias oportunidades. Para ese entonces, el grupo empezaba a reunir un público propio y estaba dando los primeros pasos fuera del circuito under de Buenos Aires. Cemento, por ese entonces, había levantado el perfil de sus primeros años y su nombre retumbaba en la noche porteña.

Federico Cabral, por aquellos años cantante de la banda, recuerda en diálogo con LA NACIÓN lo que ocurrió esa noche. “Quizás fue en Cemento, o quizás al lado, que había un garaje donde se escuchaba una televisión donde dijeron que se estaba prendiendo fuego Cromañón”, rememora. El incendio en el boliche de Once se inició cerca de las 22.45 y a Sancamaleón le tocaba entrar a escena a las 2 de la mañana, como solían ser los shows en Cemento. En el medio corrían las versiones, tan disímiles como trágicas.

La entrada para el último recital de Cemento costaba 3 pesos
Sancamaleón


La entrada para el último recital de Cemento costaba 3 pesos (Sancamaleón/)

“Me acuerdo que ya se escuchaba por los pasillos: ‘Che parece que hay muertos’. Nosotros habíamos visto a Chabán un rato antes, que había estado en Cemento. A medida que fue pasando la noche llegaban noticias”, agrega Federico.

Desde el momento que subieron al escenario, las noticias se fueron sucediendo entre tema y tema, pero a diferencia de las posibilidades actuales donde las redes sociales informan en tiempo real, lo que pasaba en Cromañón llegaba como con una especie de teléfono descompuesto, donde nadie sabía realmente qué era lo que estaba pasando.

“Estábamos por tocar y nos dijeron que era medio jodido el incendio, pero como no sabíamos bien qué pasaba decidimos salir igual”, cuenta Cabral antes de agregar: “Era un ambiente que se iba poniendo cada vez más denso, había algo que no estaba bien”.

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El punto de quiebre llegó cuando un grupo de personas se acercó a Cemento, alertados por las noticias de lo ocurrido en Cromañón. “Promediando el show alguien se me acerca y me avisa que había padres que estaban viniendo porque en las noticias se decía que se estaba prendiendo fuego uno de los boliches de Chabán”, relata Federico. La confusión era evidente: Cemento había sido la gran creación de Chabán.

“Cuando nos avisan eso, decidí salir a contarle a la gente lo que estaba pasando, pero en realidad lo que sabíamos eran solo rumores”, cuenta.

Abajo del escenario

Sancamaleón dejó de tocar, bajó del escenario y escuchó lo que sería el principio de la tragedia. “Nos dijeron que había diez muertos”, relata el cantante. De manera casi abrupta y sin ninguna pompa, Sancamaleón terminó su show sin saber que sería el último de la historia de Cemento. “Desarmamos todo y nos dimos cuenta de que había algo raro, me acuerdo que estaba todo extraño”, agrega el artista.

“Cuando nos fuimos, tipo cinco de la mañana, ya estaban los diarios contando lo que había pasado. Me fui a dormir y cuando me levanté ya se sabía la cantidad de muertos”, recuerda Federico.

Cemento en 2005, a pocos días de su cierre tras la Tragedia de Cromañón
Fernando Gutierrez


Cemento en 2005, a pocos días de su cierre tras la Tragedia de Cromañón (Fernando Gutierrez/)

Las semanas pasaron y el horror ocurrido en Cromañón se convirtió en el tema de todos los noticieros, pero también, en el final de una forma de vivir y disfrutar la música para la escena crecida al ritmo de los 80. “Lamentablemente era clarísimo que las cosas no iban a poder seguir igual; me acuerdo que pasaron un par de días y dije: ‘Fuimos la última banda que tocó acá’”, dice Federico.

La última banda

Por Cemento pasaron un sinfín de grupos icónicos. Desde Sumo hasta La Renga, Los Piojos y Viejas Locas; desde Babasónicos y El Otro Yo, hasta La Portuaria y Die Toten Hosen.

Haber sido los últimos en pasar por allí es, para Sancamaleón, una sensación extraña, quizás más bien amarga. “Fue algo que se dio, un random que nos tocó a nosotros. Cuando salió el libro Cemento. El semillero del rock, de Nicolás Igarzábal, hablé con él y fue lindo recordar todo lo que pasamos ahí, pero después hicieron el documental y no quise participar porque vi un adelanto y veía a todos llorando y la cosa tanguera no me interesa tanto, no quiero quedarme anclado en ese lugar”, asegura Federico.

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Al igual que ocurrió con los músicos de Callejeros, los padres de Federico habían ido a acompañarlo al show. “Hace poco, cuando se cumplieron 15 años de la tragedia, hablé con mis viejos y me contaron que cuando vieron a los papás de los chicos que fueron a Cromañón se pusieron muy mal y pensaron: ‘¿Qué hubiera pasado si hubiese sido al revés?’”, imagina.

La vida hizo que Federico se cruzara otra vez con Omar Chabán, una noche en un bar de San Telmo. “Lo vi desmejorado y con un perfil bajísimo. Lo fui a saludar, hablé poco, pero me acuerdo de que antes de que pasara todo esto él era una especie de rockstar, un tipo que cambiaba la energía de un lugar y cuando lo volví a ver se notaba que le había pasado algo durísimo, había perdido esa aura”, explica.

Chabán murió el 17 de noviembre de 2014 en el hospital Santojanni, donde estaba internado por un cáncer linfático avanzado. Tenía 62 años y gozaba de libertad condicional debido a su estado de salud. En 2009 había sido condenado a 20 años de cárcel pero, en 2012, Casación bajó la pena a 10 años y nueve meses.

Por su parte, Raúl Villareal, su exmano derecha, terminó en el banquillo de los acusados por la tragedia, al igual que los músicos de Callejeros, los exfuncionarios del Gobierno porteño y el exsubcomisario de la Comisaría 7ma. Todos fueron condenados.

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El adiós a una manera de pensar la música

Las necesarias regulaciones llegaron y, como tantos otros lugares de la Ciudad de Buenos Aires, Cemento debió cerrar sus puertas para siempre. “Para nuestra banda de ese momento fue un golpe, porque veníamos creciendo con nuestro público y de repente no teníamos dónde tocar”, explica Federico que también aclara que esto provocó un cambio de metodología en la industria de la música, en donde las marcas empezaron a ser los promotores de los festivales.

Cemento, al igual que Cromañón, era un hervidero donde la desgracia podía golpear. “Habremos hecho unos cinco shows en Cemento; un día tocamos y llovía y había pequeños lagos en el piso porque el techo goteaba. Hoy lo ves y suspendés el show, pero en ese momento era lo normal. Otra vez se cortó la luz, la gente siguió cantando y quedó la batería sola. Hoy pasa eso y la gente sale corriendo, caos general”, agrega Federico.

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“Hubo un despertar que vino con una profesionalización de los lugares y de las exigencias de los artistas”, aclara Federico antes de explicar su punto: “En ese momento ir a tocar al conurbano, me acuerdo de algún show en San Justo por ejemplo, era de terror. Lugares que no tenían un disyuntor… El micrófono te daba patadas y el flaco del sonido te decía: ‘Dale, no seas put...’”.

“Cemento tenía una estructura parecida a la de Cromañón, era una puerta mínima con un portón al lado que solía estar cerrado porque la gente se colaba. Cuando había bandas más grandes yo iba a volantear a la puerta; una noche que tocaba Intoxicados me acuerdo de que había gente hasta en los pasillos hasta la puerta, que no veían y estaban atorados”, agrega.

Hoy la realidad de Federico está lejos de lo que fue su juventud: sigue ligado a la música, aunque ahora con un estilo más diurno y relajado.

“Tocar a las cuatro de la mañana, como hacíamos en Cemento, no tenía sentido, era lamer el pavimento. Me pegó por ahí, me quise alejar un poco de todo eso, a pesar de que me sigue gustando ir a escuchar una buena banda de rock. Me cansé de todo lo que venía acompañado con eso”, cierra Federico.

¿Y qué hay hoy en Cemento? Nada más alejado del rock: el predio fue adquirido por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires en 2011. Fue transformado en un estacionamiento del área de Infraestructura Escolar, perteneciente al Ministerio de Educación y Deportes.

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