Noche de bombardeos y mañana de temor en Gaza

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Ciudad de Gaza después de los bombardeos. (Hosam Salem para The New York Times)
Ciudad de Gaza después de los bombardeos. (Hosam Salem para The New York Times)

Los habitantes de Gaza dicen que los ataques israelíes de la madrugada del miércoles se sintieron como los más intensos hasta ahora, después de una larga noche de represalias.

CIUDAD DE GAZA— La noche del martes, los habitantes de Gaza tomaron las calles y celebraron el sonido de los cohetes dirigidos a Israel apenas días después de que la policía israelí tomó por asalto uno de los lugares más sagrados del islam. Algunos bailaban y cantaban.

“¡Vamos! ¡Vamos! ¡Vamos!” gritaban. “Dios está con ustedes.”

Pero la mañana del miércoles la algarabía se había detenido cuando los gazatíes salían aturdidos de sus casas después de lo que algunos describieron como los bombardeos aéreos más intensos desde el reavivamiento de las hostilidades transfronterizas entre israelíes y palestinos a principios de esta semana. Tras una noche de ataques esporádicos, el bombardeo final se prolongó durante una hora que pareció interminable, que empezó alrededor de las 6 a. m.

En un barrio, cerca de Zeitoun y Sabra, los vecinos revisaban sus casas para identificar los daños y buscaban información desesperadamente sobre el próximo objetivo probable de los misiles.

“Sentí que estos eran al azar”, dijo Nadal Issa, el dueño de 27 años de una tienda de vestidos de novia.

Hamás y otros militantes han estado intercambiando fuego con Israel desde el lunes. Decenas de palestinos han muerto en Gaza, entre ellos 16 niños hasta el miércoles, según comentaron funcionarios. En Israel al menos seis civiles habían muerto, entre ellos un niño.

Las secuelas de los ataques aéreos israelíes en la ciudad de Gaza el miércoles. (Hosam Salem para The New York Times)
Las secuelas de los ataques aéreos israelíes en la ciudad de Gaza el miércoles. (Hosam Salem para The New York Times)

En Gaza, no obstante, algunos jamás habían sentido nada con tanta intensidad como la ola de ataques de la mañana del miércoles.

Algunos relataron que sintieron como si las ondas expansivas les estuvieran golpeando la cara y el cuerpo, como si su propio vecindario estuviera siendo atacado. Desorientados, se tambalearon hacia las ventanas para mirar hacia afuera.

“Mis dos hijos despertaron y me preguntaron ‘¿Qué está pasando?’”, dijo Issa. Respondió con agilidad y les recordó que se acercaba el fin del Ramadán. “Les dije son los festejos del Eid”.

Pero en la época en que los musulmanes rezan por el perdón y la llegada de un buen año, el ciclo de represalias que se desenvuelven en Israel y en Gaza ha engendrado amargura. Issa recordó estar de pie cerca de una ventana en su casa la noche del martes y ver cómo despegaban los cohetes.

“Rezaba con el corazón que los cohetes dieran en el corazón de Tel Aviv”, dijo.

Mohammed Sabtie, un mecánico de motocicletas de 30 años, estaba entre los gazatíes que salieron de sus hogares después de que amainaron los bombardeos aéreos la mañana del miércoles para evaluar el daño.

“El ruido era muy muy horrendo”, dijo Sabtie. “Era como un estado de guerra. Es la primera vez que escucho algo como esto”.

¿Tuvo miedo? Sí, dijo. Pero también se había llenado de alegría al ver que los palestinos peleaban.

“Nuestras ambiciones no son de guerra”, dijo Sabtie. “Nuestras ambiciones son la seguridad y la paz. Tenemos que hacer esto. No queremos ser golpeados e insultados. Queremos golpear en respuesta”.

Los gazatíes intentan minimizar el riesgo para sus familias pero, al mismo tiempo, están consientes de que hay pocos lugares en la ciudad para refugiarse. Así que se conforman con los pequeños detalles y con la suerte.

Algunos dejan las ventanas abiertas durante los ataques para evitar que el cristal de pronto se convierta en una cascada de vidrios rotos. Muchos intentan distinguir la dirección de la que proviene el bombardeo más intenso y se trasladan a la habitación más alejada. Hay carreras hacia los cuartos y apartamentos a nivel del suelo.

Y luego, sobre todo, intentan dormir. Si pueden.

La noche del martes, un comerciante en una torre de oficinas fue uno de los que evacuaban después de que escucharon que Israel anunció que la torre sería objetivo de un bombardeo aéreo, dijo. El empresario, que opera una casa de cambio en el edificio y pidió que no se le identifique, estaba destrozado. Dijo que acababa de comprometerse y que había incurrido en deudas para pagar la boda. Temía perderlo todo.

Horas más tarde, alrededor de las 3 a. m., sus temores se volvieron realidad: la torre fue alcanzada. La respuesta fue casi instantánea: más cohetes dirigidos a Israel. El viejo ciclo se repetía: los misiles acarrean bombardeos aéreos, los bombardeos acarrean misiles.

Luego se quedó en silencio, extrañamente, durante casi tres horas. Otra oportunidad para intentar dormir.

En un hogar, temprano el miércoles, el sueño inquieto fue interrumpido por un teléfono que sonaba. Del otro lado de la línea, un palestino que se había ido a Turquía comentó sobre la calma relativa.

“Tal vez es la calma antes de la tormenta”, dijo.

Poco después, el tronar de los bombardeos matutinos inundó su vecindario.

This article originally appeared in The New York Times.

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