La noche más bochornosa de la Libertadores que terminó con 19 expulsados y 17 presos

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Rubén Suñé de Boca Juniors sangra por una herida abierta en el pómulo izquierdo que le mancha el rostro y el cuello, y termina tiñendo el borde superior de su camiseta tras el partido con el Sporting Cristal de Perú por la Copa Libertadores. (Foto: La Nación / Cortesía de la Revista El Gráfico).
Rubén Suñé de Boca Juniors sangra por una herida abierta en el pómulo izquierdo que le mancha el rostro y el cuello, y termina tiñendo el borde superior de su camiseta tras el partido con el Sporting Cristal de Perú por la Copa Libertadores. (Foto: La Nación / Cortesía de la Revista El Gráfico).

Al capitán de Boca Juniors Ruben Suñé lo rodearon tres policías. Era el 17 de marzo de 1971 y en la Bombonera y así concluyó la noche más bochornosa de la historia de la Copa Libertadores: Boca Juniors de Argentina vs Sporting Cristal de Perú, con 19 expulsados, dos jugadores peruanos hospitalizados y 17 futbolistas detenidos por las autoridades argentinas, según un artículo que público el diario La Nación de Argentina y que fue escrito por Pablo Lisotto.

"La sangre de Suñé era producto de una patada aplicada unos minutos antes por el delantero Alberto Gallardo, que desde el césped se defendió como pudo de un empujón inicial". El diario argentino La Nación asegura que todo comenzó en ese momento, mientras el conjunto xeneixe le reclamaba al árbitro uruguayo Alejandro Otero un penal por una supuesta infracción contra Roberto Rogel, que sobre el final del juego quedó en el suelo en el área del equipo visitante con el partido 2 a 2. Aunque la falta en realidad fue del atacante, pero Boca necesitaba un triunfo para avanzar a la siguiente ronda. En la siguiente jugada el capitán auriazul derribó a Quesada y en ese momento se desató todo, mientras Fernando Mellán pateaba a Ángel Clemente Rojas.

"El descontrol es absoluto. En un costado de la cancha, Jorge Coch (autor del primer gol de Boca) le pega una patada criminal a Eloy Campos, a quien le rompe el tabique y le causa una pérdida del conocimiento. Fernando Mellán, que acude en su defensa, pierde el equilibrio y en el piso recibe otro patadón de Coch, que le produce una conmoción cerebral. Mientras, Orlando De la Torre corre a luchar por sus compañeros caídos y reparte golpes de puño a dos jugadores de Boca al mismo tiempo", reseñó el diario argentino.

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La Bombonera se convirtió en un ring de la UFC a cielo abierto. Había luchas en diferentes sectores del campo. Empujones, corridas, patadas, puñetazos, sangre, desmayos. Todo valía.

En un gesto de sensatez, el juez Otero da por finalizado el partido, como si eso sirviera para que los jugadores automáticamente dejaran de pegarse. El informe oficial fue lapidario: 19 expulsados. Se salvaron el zaguero peruano boquense, Julio Meléndez, y los dos arqueros, Sánchez y Luis Rubiños.

El presidente del club local Alberto José Armando declaró a La Nación: "Esto no sólo me avergüenza como directivo de Boca, sino mucho más como argentino. Si esto es el fútbol, mejor que se termine. Es indudable que todo se generó por la actitud de un árbitro incapaz".

Escenas de barbarie en la Bombonera. (La Nación)
Escenas de barbarie en la Bombonera. (La Nación)

Casi todos presos

La historia no terminó allí. Campos y Mellán, inconscientes, fueron trasladados al hospital Argerich, ubicado a diez cuadras de la Bombonera. Suñé, ensangrentado y tras demasiados golpes dados y recibidos, también es enviado a un sanatorio. El resto de los futbolistas pasa la noche en la comisaría con la posibilidad de quedarse con 30 días de arresto por ser responsables de incidentes en el marco de un acontecimiento deportivo.

Otros tres peruanos logran evitar el calabozo. Mientras De la Torre se peleaba con jugadores de Boca, su madre fallecía en Lima. El futbolista vuelve de urgencia a su país, acompañado por Gallardo y Del Castillo.

El clima caliente no se da sólo en Buenos Aires y los hechos posteriores parecen extraídos de una película. En Perú, luego del partido, una multitud apedrea la embajada argentina, en reclamo por el arresto a sus jugadores. Casualidad o no, al mediodía siguiente, y por gestiones de la embajada peruana en Buenos Aires, el jefe de la Policía Federal resuelve conmutarles la pena a los futbolistas y dejarlos en libertad.

En las primeras horas de ese jueves 18 de marzo se da una situación tragicómica en la clínica Santa Isabel, de Flores, donde Suñé se recupera después de recibir siete puntos de sutura en el pómulo izquierdo. A la madrugada se presenta un policía con un escribiente para tomarle declaración. En la cama de al lado duerme el padre del jugador, que se quedó para acompañarlo. El policía, creyendo que era un enfermo, le pide disculpas una y otra veces por molestarlo tan temprano. "Mi viejo (padre) se tapaba hasta las orejas y me hacía señas de que no dijera nada. Fue lo único cómico de una noche terrible. Después, el Tribunal de Penas me dio más de un año y medio de suspensión, pero me salvó una amnistía”, recordará varios años después el Chapa, con su voz tan especial, para la revista El Gráfico.

La crónica del diario LA NACION del 18 de marzo de 1971. (La Nación)
La crónica del diario LA NACION del 18 de marzo de 1971. (La Nación)

Las postales sin sentido continúan. El plantel de Sporting Cristal vuelve a Lima y es recibido como si sus integrantes fueran héroes de guerra. Cientos de compatriotas les expresan su solidaridad con gritos, cánticos y carteles.

El escándalo ocurrido en la Bombonera acapara la atención de los medios aquí y allá, e incluso deja en un segundo plano noticias mucho más relevantes. El conflicto deportivo deriva en uno político: las relaciones entre ambos países están en tensión, en un contexto político y militar complejo. Mientras el general Juan Velasco Alvarado, mediante un cablegrama, alienta a Cristal por "defender la divisa con honor e hidalguía", el diario argentino Crónica titula "Viril repudio a la infamia de peruanos", publica fotos de la tragedia del Estadio Nacional de 1964 y destaca: “Lindo récord de 300 muertos en un partido”. Y como si fuera poco, añade: "Perú vive de futbol, hambre e ignorancia. La hinchada peruana es salvaje y agresiva movida por múltiples complejos de inferioridad. Las ofensas peruanas van más allá del suceso deportivo y afectan sentimientos por una prensa indigna".

Por el incidente, la Conmebol desclasifica de la Copa Libertadores a Boca y les da por ganados sus partidos contra los xeneizes a Universitario y a Rosario Central. La Bombonera, en tanto, es clausurada.

La confesión de Sánchez

Cincuenta años después, Rubén Sánchez, que entre 1966 y 1975 protagonizó 219 partidos, recordó aquel hecho, en diálogo con La Nación.

Eloy Campos sufrió una fractura del tabique nasal, por una patada de Jorge Coch. (La Nación)
Eloy Campos sufrió una fractura del tabique nasal, por una patada de Jorge Coch. (La Nación)

"Íbamos 2 a 2, el partido se terminaba y era un resultado que no nos servía. En un momento dado cayó Roberto Rogel en el área y todos pedimos penal. Uno de mis compañeros empujó a uno de ellos y se armó una batahola en toda la cancha", rememora. Y destaca: "Cuando parecía que se había calmado todo, alguien del cuerpo técnico de ellos empezó otra batahola. Era una locura. Nadie frenaba a nadie".

Medio siglo más tarde Sánchez confesó: "A mí no me expulsó el árbitro, pero me citó el Tribunal de Penas. Resulta que a un compañero mío estaban pegándole en la mitad de la cancha, cerca de donde ahora está el túnel local, y el Tribunal me mostró una imagen en la que se me veía tirarle una trompada a un peruano, al que no alcancé a agarrar porque me asusté de sólo pensar en pegarle. Cuando me preguntaron si yo había pegado o no, les dije que cuando vi venir al rival me asusté y me defendí arrojando un manotazo al aire. Ésa fue mi excusa. En realidad, creo que si yo pegaba me noqueaba a mí mismo, porque nunca supe pelear. Nunca me gustó”.

¿Cómo es para un futbolista pasar la noche en una comisaría?, preguntó La Nación: "Rarísimo. Fuimos todos a la 24, que es chiquita. Los titulares, los suplentes, los técnicos. Unos estaban sentados en el suelo; otros, en algunos asientos, y los demás, en la calle. Pero todos detenidos. Creo que hasta nos hicieron fichar. Recién nos largaron a la mañana del día siguiente”, cuenta Sánchez.

Una batalla campal reprobable que figurará entre las más negras páginas de la historia del fútbol y sigue ocupando el primer peldaño del podio bochornoso.

Con información de La Nación de Argentina

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