De la nobleza británica a la plutocracia de EE.UU., Harry cambia una elite por otra

Adam Taylor
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El príncipe Harry escribió un artículo en una revista norteamericana en donde pide una reforma digital
El príncipe Harry escribió un artículo en una revista norteamericana en donde pide una reforma digital

WASHINGTON.- El mercado laboral norteamericano sigue complicado, pero hay un caso que desmiente todas las proyecciones: el príncipe Harry anunció que consiguió no uno, sino dos trabajos, ¡y en una semana!

Anteayer se supo que el duque de Sussex se sumará al plantel de BetterUp, una startup de Silicon Valley dedicado a promover el bienestar en las corporaciones, con el cargo de “jefe de impacto”. Al día siguiente, Harry también fue confirmado como integrante de la Comisión de Desorden de la Información, proyecto enfocado en los medios de comunicación, dentro del Instituto Aspen, una usina de ideas muy bien financiada de Washington.

En esta foto de archivo tomada el 27 de noviembre de 2017, el príncipe Harry de Gran Bretaña y su prometida entonces, la actriz estadounidense Meghan Markle, posan para una fotografía en el Sunken Garden del Palacio de Kensington en el oeste de Londres tras el anuncio de su compromiso
David Leal-Olivas


En esta foto de archivo tomada el 27 de noviembre de 2017, el príncipe Harry de Gran Bretaña y su prometida entonces, la actriz estadounidense Meghan Markle, posan para una fotografía en el Sunken Garden del Palacio de Kensington en el oeste de Londres tras el anuncio de su compromiso (David Leal-Olivas/)

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Los dos empleos, así como los contratos previamente anunciados del duque y la duquesa Meghan Markle con Spotify y Netflix, permite deducir que el plan de independencia económica de Harry pasa por Silicon Valley, Hollywood y la capital norteamericana.

Como bien observó Sangeeta Singh-Kurtz en The Cut, con la incorporación de esos dos nuevos cargos, la profesión actual de Harry es cada vez más difícil de definir. “Salió a cazar y volvió con los dos cargos más huecos y rimbombantes que existen en el mundo corporativo”, escribió Kurtz. “Solo le falta agregar algo con la palabra ‘estratégico’ y los espejitos de colores estarían completos.”

Sin bien el caso de Harry es inusual por sus circunstancias personales, los empleos “LinkedIn Premium” que va sumando a su CV tienen algo en común. Harry está abandonado la familia real británica, pero estaría sumándose a la moderna plutocracia norteamericana.

Periodo de incertidumbre

El trabajo le llega a Harry después de un periodo de incertidumbre. A diferencia de su esposa, que antes de convertirse en duquesa era actriz, Harry no ha tenido un recorrido profesional tradicional.

El duque pasó diez años en el ejército británico, incluidas dos misiones en Afganistán. Pero más allá de eso, y debido a sus derechos de nacimiento, Harry solo participaba del difuso negocio de ser un “alto miembro” de la familia real, aunque sin ser siquiera imprescindible. En la jerga de la realeza, era “el heredero de repuesto”, destinado a una vida de apretones de manos y cortes de cintas, a menos que una seguidilla de muertes prematuras lo catapultara al trono.

Todo eso, por supuesto, hasta que él y Meghan dijeron basta. En enero de 2020, la pareja anunció que “se apartaría” de la familia real y que aspiraba a ser “económicamente independiente”. La jugada tendría serias consecuencias.

En una entrevista con Oprah Winfrey que salió al aire este mes -llena de revelaciones sobre el funcionamiento de la familia real con los tabloides británicos y sus expresiones de preocupación por el color de la piel del hijo de Harry y Meghan-, la pareja reveló que no solo habían perdido el apoyo económico de la corona, sino todos sus beneficios derivados, como la custodia personal.

“No teníamos un plan”, le confesó Meghan a Oprah, al explicar el modo en que la incertidumbre por su situación coincidía con el temor y la ansiedad del mundo ante la amenaza de la pandemia.

Sin embargo, la pareja fue calurosamente recibida en su desembarco en California. El año pasado, Meghan, Harry y su hijo, el pequeño Archie, se alojaron durante tres meses en una casa que pertenece a Tyler Perry, un poderoso productor, directo y actor de Hollywood, que además se ocupó de proveerles custodia.

Los contratos posteriores con Spotify y Netflix para hacer podcasts y presentaciones también les garantizó un importante colchón financiero: el monto de esos acuerdos está estimado en unos 25 y 100 millones de dólares respectivamente. No queda claros si el nuevo puesto de Harry en BetterUp es pago, aunque a la startup no le faltan precisamente el dinero: tiene financiamiento por 300 millones de dólares y está valuada en 1.730 millones. El Instituto Aspen ha informado que el rol de Harry no es remunerado.

El príncipe Harry aparece en la televisión británica por primera vez desde que abandonó la realeza
El príncipe Harry aparece en la televisión británica por primera vez desde que abandonó la realeza


El príncipe Harry aparece en la televisión británica por primera vez desde que abandonó la realeza

Harry ha explicado que su decisión de aceptar los empleos anunciados esta semana responde a su firme compromiso con la temática de la salud mental y a lo mucho que lo preocupa “la actual avalancha de desinformación”.

Sin embargo, el duque de Sussex es representante de un país que tiene un servicio nacional de salud pública muy reconocido, y es una persona que es blanco permanente de la prensa sensacionalista, así que a muchos les resultó extraño que se sumara al staff de una empresa de salud mental con fines de lucro y que decidiera compartir una comisión sobre los medios de comunicación con Kathryn Murdoch.

Élite estratosférica

“El príncipe Harry y la nuera de Rupert Murdoch no son precisamente dos personas a las que pondría en una comisión sobre la desinformación, pero el Instituto Aspen funcionar en un universo paralelo”, tuiteó Jillian C. York, escritora y activista de la Fundación Frontera Electrónica.

De hecho, es posible que Harry haya saltado de una élite estratosférica a otra. Los puestos grandilocuentes en “usinas de ideas” y empresas emergentes se han vuelto moneda corriente entre los expolíticos norteamericanos.

Incluso los miembros de la administración Trump encontraron una changa en esa puerta giratoria. El exvicepresidente Mike Pence es ahora un distinguido miembro “invitado” de la Fundación Heritage, mientras que el exsecretario del interior, Ryan Zinke, que tuvo que renunciar tras múltiples investigaciones sobre su gestión, se convirtió en director gerente de una “firma de inversión en criptomonedas y cadena de bloques”.

De hecho, los acuerdos de Harry y Meghan con Spotify y Netflix tienen un precedente ilustre: el expresidente Barack Obama llegó a acuerdos similares con los dos gigantes tecnológicos.

Otras épocas: cuando el príncipe Harry seguía estrictamente bajo la órbita de la corona británica, comandada por Isabel II (Rex Features)
Otras épocas: cuando el príncipe Harry seguía estrictamente bajo la órbita de la corona británica, comandada por Isabel II (Rex Features)


Otras épocas: cuando el príncipe Harry seguía estrictamente bajo la órbita de la corona británica, comandada por Isabel II (Rex Features)

Puede sorprender lo fácil que es pasar del asfixiante mundo de la realeza europea a los Estados Unidos, tierra de la innovación y la meritocracia. Pero el origen imperial de Harry rinde bien con el público norteamericano.

“La manía monárquica trasciende las divisiones políticas tradicionales de Estados Unidos”, escribió Heather Souvaine Horn para New Republic en 2018, citando encuestas que sugerían que en Estados Unidos la realeza británica es más popular que la mayoría de los políticos norteamericanos.

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A pesar del legado de estricta división de clases que rige en Gran Bretaña, la mayoría de los académicos dice que la movilidad social es mejor allá que en Estados Unidos. Las encuestas muestran que los estadounidenses sobreestiman la movilidad social dentro de su país. El filósofo político Michael Sandel ha dicho que Estados Unidos sufre de “hibris meritocrática”, donde el éxito es considerado un logro puramente personal.

The Washington Post

Traducción de Jaime Arrambide