No pasa tanto con los hombres: por qué los looks de las mujeres con poder siempre están bajo escrutinio

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Los tenis converse de la candidata demócrata Kamala Harris mientras habla en un evento electoral para autos el sábado 31 de octubre de 2020 en Miami, Florida. Harris aparece en la portada de febrero de 2021 de la revista Vogue con tenis, pero su equipo dice que esta no fue la imagen que se aprobó para la portada. (Foto AP/Wilfredo Lee, archivo)
Los tenis converse de la candidata demócrata Kamala Harris mientras habla en un evento electoral para autos el sábado 31 de octubre de 2020 en Miami, Florida. Harris aparece en la portada de febrero de 2021 de la revista Vogue con tenis, pero su equipo dice que esta no fue la imagen que se aprobó para la portada. (Foto AP/Wilfredo Lee, archivo)

La política no es ajena a la cotidianidad. La apariencia es un tema de conversación permanente en las reuniones sociales para alabar o criticar a la vecina, al profesor o la nuera. Aunque el escrutinio público se magnifica si se trata de una mujer con poder.

La influencia de la moda en la política volvió a tomar relevancia en medio de la mayor crisis institucional que ha vivido Estados Unidos en décadas, cuando la revista Vogue publicó una foto de la vicepresidenta electa Kamala Harris en la que aparece de pie, sonriente, frente a una tela rosa colocada al descuido, vistiendo un traje negro de dos piezas y unas zapatillas deportivas Converse, modelo Chuck Taylor.

Los disgustados lectores han acusado a Vogue de "blanquear a la vicepresidenta" y de irrespetarla al publicar un trabajo descuidado y muy por debajo de los estándares de la publicación de modas.

La pregunta obligada es por qué debería importarnos el atuendo de la primera mujer vicepresidente de Estados Unidos en la portada de una revista cuando existen serias preocupaciones sobre la estabilidad de la democracia en Washington.

La pompa es parte del poder

La directora de modas de The New York Times, Vanessa Friedman, intentó explicar por qué parte de su trabajo periodístico se concentraba en escribir sobre la vestimenta de los políticos.

Friedman reconoce que la moda ha sido usada como una herramienta para menospreciar a las mujeres y para asociarnos con frivolidad y superficialidad en vez empoderar nuestra voz en el manejo del poder.

Pero le parece sexista ignorar la apariencia de Kamala Harris solo por ser mujer, cuando ha escrito decenas de artículos sobre la elección de corbatas de los hombres más poderosos del planeta.

La pompa y el protocolo son una parte inseparable de los actos de gobierno, en cualquier sistema político. "Y el traje es una parte intrínseca de cualquier protocolo; está tejido en la creación y comunicación del carácter. Esto nunca ha sido más cierto que durante los momentos de una ceremonia pública: las convenciones, las tomas de posesión, los debates, el Estado de la Unión. Hasta cierto punto, ahora siempre vivimos con la cámara encendida, todo el tiempo".

Harris usó su vestimenta como un mensaje no verbal cuando habló por primera vez a la nación luego de su triunfo electoral con un traje blanco de Carolina Herrera, una inmigrante venezolana. El color del traje fue una decisión deliberada para resaltar la lucha de los derechos de la mujer impulsada por las sufragistas en 1913.

Analistas consideran que hubiera sido un error pasar por alto la postura ideológica que asumía Harris con su elegante conjunto de pantalón y chaqueta.

Un juego de ajedrez infernal

La historiadora inglesa Mary Beard opina que la política en general es infernal pero "probablemente es doblemente infernal para las mujeres porque no solo tienes que tener una posición, también tienes que tener un peinado a la moda".

La etiqueta es una de las tantas formas de control social sobre las mujeres. Y lejos de lo que se pudiera esperar, esos controles aumentan en la medida en que las mujeres son más visibles y poderosas.

Un artículo publicado por Huffpost argumenta que para las mujeres en política, el estilo personal es como un estratégico juego de ajedrez con el patriarcado.

Son incontables los ejemplos en que las políticas han tenido que entrar en una camisa de fuerza protocolar para satisfacer las normas establecidos en un mundo que hasta hace poco era exclusivamente masculino. A la magistrada de la Corte Suprema de Justicia Sonia Sotomayor le pidieron que se quitara su habitual esmalte rojo de las uñas para asistir a las audiencias necesarias para su confirmación en 2009. Y la ministra de Agricultura de Italia, Teresa Bellanova, fue duramente criticada por la elección del vestido que usó durante la juramentación del gabinete del que formó parte en 2019.

Rhonda Garelick, profesora de estudios de la moda en la Escuela de Diseño Parsons, en Nueva York, pidió reflexionar sobre el esfuerzo adicional que una mujer joven tiene que hacer para manejarse en una esfera de poder, cuando su colega hombre simplemente tiene que usar un traje oscuro.

La filósofa Cressida Heyes considera que el esfuerzo de las feministas por desestimar la importancia de la apariencia es tiempo perdido porque lo que todo lo que usan las mujeres está cargado de significados, cosa que no ocurre con el traje negro de un hombre.

Heyes piensa que es posible que la apariencia influyó en que las acusaciones de acoso sexual denunciadas por la abogada Anita Hill no fueran escuchadas, o el rechazo visceral que algunos sienten por Hillary Clinton, o la condescendencia con la que es tratada Alexandria Ocasio-Cortez o en qué la ex presidenta de la Cámara de Diputados de Italia, Laura Boldrini, fuera objeto de miles de ataques misóginos y amenazas de violación.

"Eso también explicaría por qué los trajes de pantalón y chaqueta, que es en esencia una versión feminizada del traje de los hombres, está en el ADN de la sastrería del poder".

Lo que visten las poderosas

La primera ministra inglesa Margaret Thatcher usó cuidadosamente su guardarropa para demostrar que era ella la que mandaba gracias a los conocimientos adquiridos de su madre modista.

Impuso la tendencia del "power dresssing", protagonizado por un traje de falda y chaqueta pero suavizado por blusas con lazos, que inicialmente causaron incomodidad entre sus compañeros del Partido Conservador. Y sí sus trajes no admitían blusas, no dudaba en adornarlos con pañuelos en el cuello.

Su collar de perlas, que usó desde el día de su boda -y que simbolizaba a la mujer, madre y esposa que era en la intimidad- era el toque final del look de la Dama de Hierro que supo abrirse camino en el conservadurismo británico de las décadas de los setenta y ochenta.

La canciller de Alemania Angela Merkel, la mujer más poderosa del mundo, eligió el ascetismo como estilo pese a las críticas de ser aburrida y poco creativa.

No hay que olvidar que Merkel es hija de un pastor luterano y una maestra y creció en una zona rural de la República Democrática Alemana. Ya era una doctora en física de 36 años cuando cayó el Muro de Berlín y aunque su incursión en la política cambió el rumbo de su vida, nunca ha renunciado a la sencillez de sus orígenes. Usa una fórmula infalible de blazers con el mismo corte pero de distintos colores y pantalones oscuros. Los alemanes aprecian la prudencia y austeridad de su imagen.

FILE - In this Dec. 30, 2020 file photo German Chancellor Angela Merkel poses for photographs after the television recording of her annual New Year's speech at the chancellery in Berlin, Germany. The coronavirus pandemic is colliding with politics as Germany embarks on its vaccination drive and one of the most unpredictable election years in its post-World War II history. (AP Photo/Markus Schreiber, File)
Uno de los trajes clásicos usados por la canciller alemana Angela Merkel. La imagen fue captada antes de grabar el mensaje anual de Año Nuevo en Berlin el 30 de diciembre 2020. (AP Photo/Markus Schreiber, File)

Volviendo a la política estadounidense, la representante Alexandria Ocasio ha defendido el uso de prendas de segunda mano por su bajo costo y por ser una opción ambientalmente responsable.

Ocasio no tiene problemas en explicar las razones detrás de la elección de su vestuario.

“Los labios rojos y los aros se inspiran en Sonia Sotomayor, a quien le recomendaron llevar un esmalte de uñas neutro para evitar el escrutinio. La siguiente vez que alguien le diga a una chica del Bronx que se quite los aros, pueden decir que se están vistiendo como una congresista”.

La perfección de lo imperfecto

A Laura Chamorro, directora de Guipúzcoa de Moda y el San Sebastián Moda Festival, no le sorprendió la elección editorial de Vogue para el reportaje sobre Kamala Harris.

"El estudiado look desenfadado, casual y juvenil, con las 'Converse' como calzado estrella, ha invadido algunas de las puestas en escena más significativas y emblemáticas de las últimas semanas, contrastando con la imagen más conservadora y clásica del presidente electo, Joe Biden. El de Harris ha sido un estudiado 'dress code' para acercarse a un electorado más progresista, joven y menos elitista, deseoso de cercanía y empoderamiento. No seré yo quien dude del ADN estilístico y personalidad de la vicepresidenta, pero la puesta de largo de Kamala no está elegida al azar y le favorece ante la opinión pública", escribió Chamorro en El Diario Vasco.

Advirtió que lejos de lo que puedan pensar los despistados o ingenuos, a Kamala no se le escapa ningún detalle en lo que se refiere a su imagen. Y recordó la llamada a su compañero de fórmula Joe Biden cuando ganaron las elecciones de noviembre. "...la coleta semi-despeinada, las gafas de sol, los labios pintados, el chándal (impecable) de Nike, el fondo verde maravilloso y la protagonista en la sombra, con una iluminación perfecta y unos movimientos que no se salían del encuadre de la cámara, deslumbraron a medio planeta a través de su cuenta de Instagram".

Parece que las mujeres poderosas han logrado usar las reglas del juego machista a su favor y usan sus atuendos como parte de potente lenguaje no verbal con el que reafirman su liderazgo.

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