No lo llames amor a primera vista, llámalo lujuria

El príncipe Harry y su prometida Meghan Markle. ¿Amor a primera vista?. REUTERS/Andy Stenning/Pool

En el Reino Unido, hordas de románticos babearon la semana pasada con el anuncio de las próximas nupcias del príncipe Harry. Cuando una periodista le preguntó al Royal cuándo se había dado cuenta de que la actriz Meghan Markle era la persona con la que deseaba pasar el resto de su vida, el antaño ‘malote’ Harry respondió cándidamente: “en el mismo instante en que la vi”.

La culpa es de Hollywood, que nos inunda con comedias románticas en las que dos personas se dan cuenta en un instante de que acaban de conocer a la persona con quien quieren pasar el resto de sus vidas. También sucede en la vida real, y es muy común que las parejas que llevan mucho tiempo viviendo juntas en armonía cuenten (seguramente con cierto deje de engreimiento) que supieron que estaban hechos el uno para el otro en cuanto se miraron a los ojos.

Es lo que popularmente se conoce como “amor a primera vista“, un fenómeno que debe ser mutuo, por supuesto. Bien, pues sentimos estropear el momento “pasteleo”, pero si hacemos caso a un nuevo artículo recientemente publicado en la revista Personal Relationships, aunque uno crea que eso de enamorarse a primera vista es una experiencia genuina, en realidad no tiene demasiado que ver con el amor sino más bien con la atracción física. Ah, y de nuevo lo lamentamos, rara vez es mutuo.

¿Y qué pasa con esas parejas que recuerdan perfectamente que se enamoraron así, de improvisto y en un solo instante? Bien, a pesar de que en efecto así lo sientan, y que crean seguir viviendo una relación apasionada en la actualidad, lo más probable es que su añoranza sea poco más que un “recuerdo confabulado“, una “proyección de sus sentimientos actuales en el pasado”.

Este trabajo es uno de los primeros intentos de acercarse al fenómeno del flechazo desde una perspectiva científica. Las nuevas evidencias, recopiladas por Florian Zsok y sus colegas de la Universidad de Groningen, provienen de un conjunto de estudios en los que se vieron involucrados un total de 396 participantes, de los cuales el 60% eran mujeres, principalmente jóvenes estudiantes heterosexuales holandesas y alemanas.

El equipo de Zsok reclutó a la mayoría de los participantes a través de una encuesta on line por internet. Todos elos respondieron preguntas sobre su relación romántica actual, si es que estaban en una, y se les mostró fotos de varias parejas potenciales (personas a las que nunca habían visto antes) para que calificaran su nivel de atracción. Se les pedía además que evaluasen cualquier sentimiento amoroso, incluyendo intimidad, pasión y compromiso, que son los tres componentes de la “teoría triangular del amor”. Así mismo también se les interrogaba sobre el “eros”, que se mide con elementos del tipo “siento que esa persona y yo estamos destinados el uno para el otro”. Además, a la vista de las fotos se preguntaba a los participantes de forma significativa si estaban de acuerdo en la afirmación “estoy experimentando amor a primera vista”.

Añadir que no todos los datos se obtuvieron online, también se realizó un proceso similar en el que participaron más voluntarios que asistieron a un laboratorio de psicología en el que se les mostraron imágenes de parejas potenciales. Para completar la experiencia, se realizaron otros dos estudios que incluían quedadas de citas rápidas en las que las parejas potenciales se conocieron durante 90 minutos – en el primer de los casos – o 20 minutos en el otro. Al igual que con las encuestas por internet y con el estudio de laboratorio, estos participantes respondieron preguntas sobre sus sentimientos de atracción hacia sus citas, cualquier experiencia relacionada con el amor a primera vista y otros sentimientos de amor.

Vayamos a la parte sabrosa: los resultados. A lo largo de los anteriormente citados estudios, 32 participantes (más a menudo hombres que mujeres) describieron 49 experiencias de amor a primera vista, ya fuese hacia una pareja potencial representada en imagen, o hacia alguien que conocieron personalmente en una de las sesiones de citas rápidas.

Curiosamente, experimentar amor a primera vista no venía acompañado de calificaciones particularmente altas en ninguno de los diferentes tipos de amor, incluida la pasión o la intimidad, sino que se asociaba significativamente con encontrar a la otra persona muy atractiva.

De hecho, un aumento de un punto en la escala de atracción de 1 al 5 (siendo el 1 “no lo encuentro atractivo en absoluto” y el 5 “lo encuentro muy atractivo físicamente”) se asociaba con una probabilidad nueve veces mayor de que al mismo tiempo se reportase “amor a primera vista”. De nuevo curiosamente, en los eventos de citas rápidas, ninguno de los casos de amor a primera vista fue recíproco.

“Para concluir”, escriben los investigadores, “nuestros hallazgos sugieren que el amor a primera vista no se parece ni al amor apasionado ni al amor en general”. Los autores creen que es más bien “una fuerte atracción inicial” que algunos dan en llamar amor a primera vista, ya sea retrospectivamente o en el mismo momento en que sus miradas se cruzan.

Es cierto que los participantes que ya estaban involucrados en una relación y que relataron haberse enamorado de su pareja “a primera vista”, tendían a describir su relación actual en términos más apasionados (en comparación con otros que afirmaron que el amor que experimentaban no había llegado por flechazo). Pero Zsok y su equipo creen en cambio que no es que el amor a primera vista siente las bases de relaciones más apasionadas, sino que una “explicación más científica podría ser que esas personas proyectan sus sentimientos actuales en el pasado”.

Sí, lo sabemos, si eres de los que esperas todo el año la llegada de San Valentín este estudio no te hará ni maldita la gracia, porque no es un artículo particularmente romántico, sin embargo puede haber obrado el milagro de poner de acuerdo a dos grupos muy diferentes: románticos y escépticos, en un asunto en concreto: sus dudas sobre el rigor de esta investigación.

Y es que clasificar imágenes de parejas potenciales en la pantalla de un ordenador (que es como se obtuvieron buena parte de las evidencias) difícilmente capta la realidad de ese momento mágico en el que algunos afirman que el tiempo se detiene y en el que uno se da cuenta de la otra persona es su todo.

Los estudios que involucraban citas rápidas fueron un poco más realistas, pero por definición son artificiales, y hay que recordar que la muestra fue muy pequeña (solo participaron 50 personas en esta parte de la investigación).

Así pues, si los científicos quieren acabar con la idea del flechazo de un modo que no deje espacio a dudas, necesitarán realizar más y mejores estudios. Por el momento los románticos todavía pueden seguir creyendo en los cuentos de hadas.

Me enteré leyendo Digest.pbs.org.