No hombre, los pulpos no vinieron del espacio exterior

Pulpo Kraken Vulgaris Otopus. (Imagen gratuita vista en Pixabay).

A comienzos de año escribí en mi blog en Naukas un post sobre pulpos, sin duda el invertebrado más inteligente del planeta y para algunos, un candidato ideal para practicar comunicación extraterrestre.

Entonces ni siquiera pensé que el asunto se retorcería más, y que hoy os estaría escribiendo sobras las alucinantes conclusiones de un nuevo documento que afirma que los pulpos son en realidad alienígenas espaciales cuyos huevos congelados llegaron por primera vez a la Tierra a bordo de un meteorito helado.

¿Se trata del guión de un episodio de Expediente X? Bien, pese a la famosa frase del agente Mulder en aquella mítica serie: “quiero creer”, lo cierto es que esta conclusión, por fascínate que suene, es algo en lo que sería mejor no creer. Un poco de sano escepticismo siempre es recomendable, ya sabéis, y lo cierto es que este trabajo publicado en la revista Progress in Biophysics and Molecular Biology el pasado 13 de marzo de 2018 despierta serias dudas en muchos investigadores no involucrados en el estudio.

Sin embargo, todas estas reservas no impidieron que un equipo de 33 autores publicara un artículo reciente, revisado por pares, que lanzara esta hipótesis y otras tantas más. El documento, sostenía una tesis simple pero inusual: la explosión del Cámbrico, ese repentino estallido de biodiversidad durante el cual aparecieron la mayoría de los grupos animales modernos por primera vez en el registro fósil hace unos 540 millones de años, fue el resultado directo de un virus extraterrestre que alcanzó la Tierra durante el impacto de un meteorito.

Este nuevo artículo, revive en realidad una vieja y controvertida teoría sobre el origen de la vida conocida como la hipótesis de la panspermia. Propuesta por primera vez en la década de 1970 por uno de los autores del presente estudio y por un colega, esta hipótesis sugiere que la vida biológica, tal como la conocemos, no evolucionó independientemente en la Tierra, sino que fue más bien “sembrada” por cometas cargados con vida que golpearon nuestro planeta en varias ocasiones a lo largo de la historia.

Estos cometas podrían haber introducido en la Tierra nuevas formas de vida que evolucionaron en otros planetas, incluidos: virus, microorganismos quasi inmortales como los tardígrados o, como sugiere el nuevo estudio, incluso huevos fertilizados de animales de otros mundos. Como evidencia de la hipótesis de la panspermia, según afirman los autores del citado estudio, un escéptico solo necesita observar al pulpo.

En palabras de los autores de este trabajo: los pulpos tienen sistemas nerviosos complejos, ojos similares a cámaras y una capacidad de camuflaje que evolucionó repentinamente sin que hubiera precedentes en su árbol genealógico. En su opinión, los genes de estas adaptaciones no parecen provenir de los antepasados del pulpo, si no que “es plausible sugerir que [estos rasgos] parecen tomados de un ‘futuro’ muy distante en términos de evolución terrestre, o más realísticamente, del cosmos en general”.

En una teoría presentada en el documento, los autores postulan que los huevos de pulpo fertilizados se estrellaron en el mar a bordo de un cometa helado a comienzos de la explosión del Cámbrico. Otra explicación, proponen, podría ser que un virus extraterrestre infectó a una población de calamares primitivos, provocando que evolucionasen rápidamente en pulpos tal como los conocemos hoy en día.

Como comentado, no hay muchos investigadores dispuestos a abrazar esta teoría. “No hay duda, la biología primigenia es fascinante, pero creo que esto, en todo caso, es contraproducente”, sostiene Ken Stedman, virólogo y profesor de biología de la Universidad Estatal de Portland en declaraciones a Live Science. “Muchas de las afirmaciones en este documento son más que especulativas, y ni siquiera se basan en la literatura científica”.

Por ejemplo, añade Stedman, en 2015 se secuenció el genoma del pulpo. Si bien contenía muchas sorpresas, un hallazgo relevante fue que los genes del sistema nervioso del pulpo se separaron del de los calamares hace unos 135 millones de años, mucho después de la explosión del Cámbrico.

Stedman agrega que, para que un virus como los basados en ARN y conocidos como retrovirus, conviertan de algún modo a un calamar en un pulpo, ese virus debería evolucionar en un mundo donde los calamares ya abundan.

Los retrovirus modernos han evolucionado para ser extremadamente específicos sobre qué huéspedes infectan, afirma Stedman. Pero un retrovirus del espacio exterior no habría evolucionado para ser específico para criaturas terrestres, y “ciertamente no es lo suficientemente específico para algo como un calamar, a menos que cuentes con cantidades masivas de calamares en algún planeta increíblemente cercano a nosotros, del cual hayan partido todos esos meteoritos. Pero creo que ese tipo de suposición es muy poco probable”, añade Stedman.

Karin Mölling, viróloga del Instituto Max Planck de Genética Molecular en Alemania, se hizo eco de este sentimiento en un comentario publicado junto con el nuevo documento.

Si bien el nuevo estudio es “muy útil” para pensar en la influencia del universo en nuestro planeta de un modo renovado, los hallazgos “no se pueden tomar en serio”, escribió Mölling. “No hay ninguna evidencia de esto en absoluto”.

Lo dicho, a pesar de que uno desee creer en cosas tan alucinantes como que los pulpos son total o parcialmente extraterrestres, antes de defender una hipótesis así convendría tener una carga de pruebas igualmente alucinante.

Me enteré leyendo LiveScience.