No culpes a la Sharia por el extremismo islámico: culpa al colonialismo

Mark Fathi Massoud, Director of Legal Studies and Associate Professor of Politics, University of California, Santa Cruz

En docenas de estados de Estados Unidos los legisladores de derecha han advertido que los extremistas islámicos quieren imponer un gobierno religioso fundamentalista en las comunidades estadounidenses, razón por la cual han intentado prohibir la Sharia, un término árabe que a menudo se utiliza para referirse a la ley islámica.

Los debates políticos que citan el terrorismo y la violencia política en el Medio Oriente para argumentar que el Islam es incompatible con la sociedad moderna refuerzan los estereotipos sobre un mundo musulmán incivilizado.

También reflejan la ignorancia sobre la Sharia, que no es un código legal en el sentido más estricto del término. Sharia significa “sendero” o “camino” y reúne un amplio conjunto de valores y principios éticos extraídos del Corán, el libro sagrado del islam, y la vida del profeta Mahoma. Por tanto, diferentes personas y gobiernos pueden interpretar la Sharia de manera distinta.

Sin embargo, esta no es la primera vez que el mundo intenta descubrir dónde encaja la Sharia en el orden global.

En las décadas de 1950 y 1960, cuando Gran Bretaña, Francia y otras potencias europeas renunciaron a sus colonias en Medio Oriente, África y Asia, los líderes de los países soberanos de mayoría musulmana tuvieron que enfrentarse a una decisión de enorme importancia: ¿debían construir sus gobiernos sobre valores religiosos islámicos o abrazar las leyes europeas heredadas del dominio colonial?

El gran debate

Mi investigación histórica muestra que, invariablemente, los líderes políticos de estos nuevos países optaron por mantener los sistemas de justicia colonial en lugar de imponer la ley religiosa.

Sudán, Nigeria, Pakistán y Somalia, entre otros países que habían recuperado recientemente su independencia, limitaron la aplicación de la Sharia a disputas matrimoniales y de herencia en familias musulmanas, tal y como habían hecho sus administradores coloniales. El resto de sus sistemas legales siguió basándose en la legislación europea.

Francia, Italia y Reino Unido impusieron sus sistemas legales en los territorios de mayoría musulmana que colonizaron (CIA Norman B. Leventhal Map CenterCC BY).

Para entender por qué eligieron este curso, investigué el proceso de toma de decisiones en Sudán, el primer país de África subsahariana que obtuvo la independencia de los británicos, en 1956.

En los archivos y bibliotecas nacionales de la capital sudanesa, Jartum, y en entrevistas a abogados y funcionarios sudaneses, descubrí que los principales jueces, políticos e intelectuales presionaron para que Sudán se convirtiera en un estado democrático islámico.

Visualizaron un sistema legal progresivo consistente con los principios de la fe islámica, uno en el que todos los ciudadanos, independientemente de su religión, raza u origen étnico, pudieran practicar sus creencias religiosas de manera libre y abierta.

“El pueblo es igual que los dientes de un peine”, escribió el entonces futuro juez de la Corte Suprema de Sudán, Hassan Muddathir, en 1956, citando al profeta Mahoma, en un memorando oficial que encontré archivado en la Biblioteca de Sudán de Jartum. “Un árabe no es mejor que un persa, y el blanco no es mejor que el negro”.

Sin embargo, el sector que ejercía liderazgo en Sudán cuando el país dejó de ser colonia rechazó esa idea. Decidieron mantener la tradición del derecho consuetudinario inglés como la ley del país.

¿Por qué conservar las leyes del opresor?

En mi investigación identifiqué tres razones por las cuales Sudán dejó de lado a la Sharia rápidamente: política, pragmatismo y demografía.

Las rivalidades entre los partidos políticos en el Sudán poscolonial condujeron a un estancamiento parlamentario que dificultó la aprobación de una legislación significativa. Así que Sudán simplemente mantuvo las leyes coloniales que estaban escritas en los libros.

También había razones prácticas para mantener el derecho consuetudinario inglés.

Los jueces sudaneses habían sido entrenados por funcionarios coloniales británicos. Así que siguieron aplicando los principios del derecho consuetudinario inglés ante las disputas que escuchaban en sus salas de audiencias.

Los padres fundadores de Sudán tuvieron que enfrentar desafíos urgentes, como crear un sistema económico, establecer un comercio exterior y ponerle fin a la guerra civil. Simplemente creyeron que no era sensato revisar el sistema de gobernanza que funcionaba sin problemas en Jartum.

La sudanesa ciudad de Suakim en 1884 o 1885 justo antes del dominio colonial británico. The National Archives UK

Seguir usando la ley colonial después de la independencia también reflejó la diversidad étnica, lingüística y religiosa de Sudán.

Entonces, como ahora, los ciudadanos sudaneses hablaban muchos idiomas y pertenecían a docenas de grupos étnicos. En el momento de la independencia de Sudán, las personas que practicaban las tradiciones sunitas y sufíes del islam vivían en gran parte en el norte del país. El cristianismo era una fe importante en el sur de Sudán.

La diversidad de las comunidades religiosas de Sudán generaba que mantener un sistema legal extranjero, el derecho consuetudinario inglés, era menos controvertido que elegir qué versión de la Sharia adoptar.

¿Por qué triunfaron los extremistas?

Mi investigación revela que la inestabilidad actual en Oriente Medio y el norte de África es, en parte, una consecuencia de las decisiones poscoloniales de rechazar la Sharia.

Al mantener los sistemas legales coloniales, Sudán y otros países de mayoría musulmana que siguieron un camino similar aplacaron a las potencias mundiales occidentales que empujaban a sus antiguas colonias hacia el secularismo.

Pero evitaron responder a preguntas complejas sobre la identidad religiosa y la ley. Eso creó una desconexión entre la gente y sus gobiernos.

A la larga, esa desconexión contribuyó a alimentar los disturbios entre algunos ciudadanos de fe profunda, lo que condujo a llamados sectarios a unir la religión y el Estado de una vez por todas. En Irán, Arabia Saudita y partes de Somalia y Nigeria, estas interpretaciones triunfaron e impusieron a millones de persona una versión extremista de la Sharia.

En otras palabras, los países de mayoría musulmana atrofiaron el potencial democrático de la Sharia al rechazarlo como un concepto legal dominante en las décadas de 1950 y 1960, lo cual dejó la Sharia en manos de los extremistas.

Sin embargo, en realidad no hay tensión inherente entre la Sharia, los derechos humanos y el estado de derecho. Como cualquier uso de la religión en la política, la aplicación de la Sharia depende de quién la use y por qué.

Los líderes de países como Arabia Saudita y Brunéi han optado por restringir la libertad de las mujeres y los derechos de las minorías. Sin embargo, muchos estudiosos del islam y organizaciones de base interpretan la Sharia como un orden ético flexibleorientado a los derechos y con mentalidad igualitaria.

Religión y ley en todo el mundo

La religión está entretejida en el tejido legal de muchas naciones poscoloniales, con diversas consecuencias para su democracia y estabilidad.

Después de su fundación en 1948, Israel debatió sobre el papel de la ley judía en la sociedad israelí. Finalmente, el primer ministro David Ben-Gurion y sus aliados optaron por un sistema legal mixto que combinaba el derecho judío con el derecho común inglés.

En América Latina, el catolicismo impuesto por los conquistadores españoles sustenta las leyes que restringen el aborto, el divorcio y los derechos de las personas homosexuales.

Y a lo largo del siglo XIX, en los Estados Unidos los jueces invocaban regularmente la máxima legal de que “el cristianismo es parte del derecho consuetudinario”. Los legisladores todavía invocan habitualmente su fe cristiana al apoyar u oponerse a una ley determinada.

El extremismo político y los abusos de los derechos humanos que ocurren en esos lugares casi nunca se entienden como defectos inherentes de esas religiones.

Sin embargo, cuando se trata de países de mayoría musulmana, la Sharia tiene la culpa de las leyes regresivas, no se culpa a las personas que aprueban esas políticas en nombre de la religión.

El fundamentalismo y la violencia, en otras palabras, son un problema poscolonial, no una inevitabilidad religiosa.

Al mundo musulmán no le resultará fácil encontrar un sistema de gobierno que refleje los valores islámicos mientras promueve la democracia después de más de 50 años de gobierno secular fallido. Pero será necesario para construir la paz.

Este artículo fue publicado originalmente en Yahoo por The Conversation.