Niebla tóxica de Donora: el fatal evento de contaminación que arrasó a un pueblo en 1948

Tomás Sanguineti
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A finales de octubre de 1948, los vecinos de Donora -un pequeño pueblo industrial de Pensilvania perteneciente al "cinturón de óxido de Estados Unidos"- esperaban los festejos de Halloween de ese año. Pero una vez que empezó el desfile, los espectadores se dieron cuenta de que algo no andaba bien: apenas se podían ver los disfraces de quienes marchaban, envueltos en una oscura y densa neblina.

Esa misma noche, Charles Stacey, un estudiante de 16 años que había participado en el desfile, llegó a su casa y prendió la radio para escuchar a su locutor preferido. "Hay un pequeño pueblo en el oeste de Pensilvania en donde la gente está cayendo muerta", anunciaba Walter Winchell, mientras el adolescente se preguntaba dónde podía ser.

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Rosemarie Liams, una joven apenas graduada, estaba trabajando en una farmacia de Donora cuando la cantidad de personas que llegaban anunciando problemas para respirar empezó a aumentar de manera alarmante. Los síntomas eran acompañados por tos, dolores de garganta, fuertes dolores de cabeza y vómitos.

Los teléfonos de los médicos del pueblo explotaban de llamadas. Había reportes de que se veían "serpentinas" de carbono flotando en el aire. La visibilidad bajó a tal nivel que quienes estaban en las calles se perdieron de camino a sus casas. Las crónicas de los sobrevivientes fueron publicadas en un artículo reciente de National Geographic.

Fue el noticiero nacional NBC el que terminó de confirmar lo que muchos vecinos ya sabían: Donora había sido invadido por una "niebla tóxica". La primera muerte llegó a las 2 de la mañana del 31 de octubre. Para la noche de ese mismo día, ya habían muerto otras 16 personas. El saldo final fueron 20 muertes y 400 personas con problemas severos de salud por la polución. Las consecuencias terminaron afectando a unas 4000 personas.

¿Qué pasó?

El pueblo de 14.000 habitantes dependía de la industria metalera. Allí, la mayoría de los puestos de trabajo eran ofrecidos por fábricas manufactureras de metales como el zinc y el acero, que producían alambres y otros productos de suma utilidad para el país de posguerra.

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Esos contaminantes, mezclados con la bruma del río Monongahela que rodea al pueblo, daban como resultado una atmósfera cargada con niebla, que dependía del flujo de aire constante para ventilarse.

Pero la naturaleza es azarosa. El 27 de octubre de 1948, un fenómeno climático llamado "inversión térmica" se instaló sobre la pequeña zona industrial. Esto hizo que una capa superior de aire caliente se formara sobre otra de aire más frío, impidiendo que este último sea liberado hacia arriba. El resultado: una bomba de humo letal. Todas las condiciones estuvieron dadas para que Donora se convirtiera en uno de los primeros casos de clara evidencia de contaminación humana por polución en el aire.

Pasado el 31 de octubre, la niebla comenzó a disiparse. Dos bomberos voluntarios del pueblo asistieron a cuanto vecino pudieron con dos tanques de oxígeno, que cargaron de casa en casa.

Los popes de la American Steel and Wire, compañía dueña de las operaciones metalúrgicas locales y subsidiaria de la mega corporación U.S. Steel, anunciaron por la prensa que la niebla asesina había sido "un acto de Dios".

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Varios residentes prefirieron no hablar del tema en los años posteriores a la tragedia, aunque se fundó un museo en memoria de los fallecidos: el Museo del Smog de Donora. Desde allí se ejerció una concientización que tomó dimensiones nacionales. El Servicio de Salud Pública de Estados Unidos publicó, en 1949, un reporte que puso el foco en los contaminantes del aire, y en las gravísimas consecuencias que estos podían ocasionar en la salud de las personas.

En 1955, el Congreso de Estados Unidos aprobó la Ley de Control de la Polución en el Aire, bajo la presidencia de Eisenhower. El mundo tuvo que ser testigo de otra tragedia con similares causas para pasar a la acción.

La palabra "smog" ya era conocida para ese entonces, pero no se le daba tal importancia. Era una palabra de origen británico, mezcla entre smoke (humo) y fog (niebla). En diciembre de 1952, la misma mezcla de factores se dio en Londres, pero a mayor escala humana. La Gran Niebla de Londres, una inversión climática de cinco días, sumada a las emisiones de carbón contenidas de la capital inglesa, dieron como resultado unas 12.000 muertes y daños a la salud de 100.000 personas.