Niños migrantes, algunos nacidos en EEUU, pasan apuros en campamento fronterizo en México

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Plight of children in migrant camp on Mexico-US border

Por Lizbeth Diaz

TIJUANA, México, 11 nov (Reuters) - En un campamento improvisado que alberga a cientos de migrantes cerca de un paso fronterizo de México con Estados Unidos, los niños duermen en el suelo dentro de tiendas de campaña, sin protección contra el calor o el frío. No van a la escuela. Algunos han nacido en el país vecino.

Las autoridades mexicanas han advertido de las peligrosas condiciones a las que se enfrentan los menores, que a menudo son llevados por sus padres o familiares en el arriesgado viaje a través de la nación latinoamericana, porque los traficantes de personas les dicen que llevarlos facilita la entrada en Estados Unidos.

Un censo realizado recientemente por el gobierno local de la ciudad fronteriza Tijuana reveló que el 40% de las 769 personas que se alojan en el campamento de El Chaparral, un cruce limítrofe que sigue cerrado incluso después de que la frontera se reabriera a los viajes no esenciales, eran menores de edad.

Dentro del refugio, que está vallado y controlado por la policía, Reuters habló con más de 20 niños migrantes, cuatro de los cuales tenían documentos que demostraban que habían nacido en Estados Unidos.

Todos los jóvenes nacidos en ese país dijeron que se habían marchado cuando sus padres indocumentados fueron deportados, y viajaron de vuelta a través de México cuando los adultos intentaron regresar a Estados Unidos.

Una niña llamada Evelyn, cuya madre mexicana mostró un certificado de nacimiento que decía que su hija había nacido Los Ángeles, afirmó: "Quisiera que estuviéramos bien, que mi mamá tuviera una casa". "Quiero ir a Estados Unidos, pero con mi mamá", agregó.

"Mi hermana y yo tenemos papeles (estadounidenses), pero cuando se vino mi papá, mi mamá nos trajo a todos", afirmó la pequeña de 10 años. "Ella llora mucho porque no tiene dinero para darnos de comer", reveló.

Los niños nacidos en Estados Unidos no tienen que sufrir necesariamente las dificultades de la vida de los inmigrantes para intentar entrar en ese país.

Adquieren automáticamente la ciudadanía al nacer, pero todos con los que habló Reuters en el campamento o sus padres indicaron que no querían separarse de sus familias, por lo que salieron juntos de Estados Unidos y pretenden regresar juntos.

Con el salto de la inmigración ilegal en 2021, más de 39.000 niños extranjeros indocumentados habían sido registrados por la Unidad de Política Migratoria, Registro e Identidad de Personas de México hasta septiembre, un aumento del 377% desde 2020.

Sentado en el asfalto cerca del campamento, Josué, un niño hondureño de siete años recién llegado, apuntó que su sueño era ser médico en Estados Unidos porque no le gustaba ver morir a la gente.

Recordando el hambre, el frío y el agotamiento que enfrentó en la caminata con su padre, Josué relató las habilidades de supervivencia que había adquirido en la ruta, como montar en un tren de carga mexicano conocido como "La Bestia", al que los migrantes suelen subirse para viajar al norte.

También aprendió a gritar a la policía que intentaba detenerle y a ser fuerte y no llorar cuando echaba de menos a su madre.

"A mi papá le pusieron (apuntaron con) una arma (en Honduras), lo querían matar, por eso nos venimos", narró.

Bajo la presión de Estados Unidos para frenar la migración, México ha instado a la gente a no intentar el viaje, pero recientemente anunció visas humanitarias para niños y mujeres embarazadas que viajan desde el sur del país en una caravana de migrantes.

Llena de familias con niños pequeños, según testigos de Reuters, el grupo se detuvo en un punto porque decenas de menores y mujeres estaban demasiado agotados para caminar.

Pedro, un migrante de 15 años que también tenía un certificado de nacimiento que mostraba que había nacido en Los Ángeles, explicó que sus cuatro hermanos también eran estadounidenses de nacimiento. Su madre los trajo a su México natal hace tres meses, cuando su padre fue deportado.

Ahora limpia coches en Tijuana con un pequeño trapo, ganando lo que la gente está dispuesta a darle. "Yo nunca había trabajado pero lo hago para ayudar a mi mamá", confesó.

Algunos niños pequeños parecían no darse cuenta de la dureza del campamento, corriendo de un lado a otro riendo con disfraces de superhéroes donados.

"¡Soy Superman!", gritó un niño con la cara quemada por el sol.

(Reporte de Lizbeth Diaz; Escrito por Jake Kincaid; Editado por Dave Graham y Alistair Bell; Traducido por Raúl Cortés Fernández)

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