Niños héroes: el mito de Juan Escutia

·3  min de lectura
Monumento a los Niños Héroes en Chapultepec, México. (María Luisa Arredondo)
Monumento a los Niños Héroes en Chapultepec, México. (María Luisa Arredondo)

Este 13 de septiembre México celebrará el aniversario número 175 de la histórica defensa del Castillo de Chapultepec, en la que murieron seis cadetes del Colegio Militar conocidos como los Niños Héroes. La gesta ocurrió durante la invasión estadounidense de 1847 que culminó con la pérdida de más del 50 por ciento del territorio mexicano.

Aunque la historia oficial ha destacado solo a seis cadetes, en realidad fueron más de 200 los jóvenes que, de manera heroica, se enfrentaron a los invasores estadounidenses para defender el Castillo de Chapultepec, que era donde estudiaban. Y no solo eso. Lo más impresionante es que lo hicieron a pesar de que, por ser menores de edad, sus superiores les habían ordenado retirarse del lugar.

A diferencia de muchos de los militares de carrera de ese entonces, que el día de la batalla no se presentaron, los jóvenes cadetes decidieron ofrecer resistencia y, literalmente, dieron la vida por la patria.

Uno de los más conocidos es Juan Escutia porque alrededor de su figura se ha construido una escena mítica que resulta por demás conmovedora: ante el avance inminente del enemigo, el joven, que entonces tenía solo 20 años, decide tomar la enseña tricolor y arrojarse desde lo más alto del Castillo de Chapultepec para evitar que la mancillaran los estadounidenses.

No existe, sin embargo, evidencia de que haya ocurrido tal proeza, lo que no desmerece en absoluto la heroicidad de Escutia, quien era originario de Nayarit y no pertenecía al Colegio Militar sino al Batallón de San Blas, que participó también en la defensa de Chapultepec.

La hazaña de Margarito Zuazo

Historiadores que han estudiado a fondo la guerra entre México y Estados Unidos, como José Manuel Villalpando, aseguran que, si bien es un mito que Juan Escutia se haya arrojado al vacío con la bandera, sí existió un héroe que se envolvió con el lábaro patrio para que no cayera en manos de los invasores estadounidenses: el capitán Margarito Zuazo.

De acuerdo con Villalpando, Zuazo era miembro del Batallón Mina y participó el 8 de septiembre en otra batalla legendaria: la del Molino del Rey. Ese día, debido a errores estratégicos, como la falta de apoyo del general Juan Alvarez, quien no acudió con su división de caballería a reforzar a las tropas mexicanas, éstas cayeron ante el embate de los estadounidenses.

Cuando la derrota era inminente, pues ya habían sucumbido casi todos sus compañeros, el capitán Zuazo fue gravemente herido, pero siguió luchando con la valentía que le caracterizaba y protagonizó una hazaña que describe de manera puntual el conocido historiador, poeta y político liberal Guillermo Prieto:

“[A Zuazo]... le hirieron de muerte, y a chorros le corría la sangre…viéndose perdido, coge la bandera del batallón Mina matando a los que se echaban sobre ella…la dobla y la acurruca en su seno. Con el pabellón en su poder, continuó luchando y, tras sortear las balas de fusilería, la metralla de los cañones y las afiladas bayonetas, logró llegar al edificio principal de Molino del Rey. Allí se quitó la chaqueta y la camisa y enredó contra su cuerpo la bandera”.

Prieto relata que la cercanía de los estadounidenses no amedrentó a Zuazo. Con las pocas fuerzas que le quedaban regresó a combatir. Finalmente sucumbió, pero logró salvaguardar el lábaro patrio bajo su uniforme.

Hoy, esa bandera, con las manchas de sangre de Zuazo, se encuentra en el museo del Castillo de Chapultepec como una preciada reliquia y un auténtico testimonio de la valentía de muchos héroes que, como él, no están en las páginas de la historia oficial, pero merecen el reconocimiento de todos.