Netanyahu, ante una elección en la que se juega su futuro político y personal

LA NACION

Si lo impactante de las promesas de campaña diera una idea de la incertidumbre con que un candidato va a las elecciones, el primer ministro Benjamin Netanyahu debe estar en serios problemas, políticos y personales, para la votación de mañana en Israel.

La semana pasada, el líder del derechista partido Likud prometió que si es elegido para un nuevo gobierno anexionará las colonias judías en Cisjordania -territorio palestino ocupado por Israel desde 1967-, y dos días más tarde dijo que considera inevitable una nueva guerra contra la empobrecida Franja de Gaza.

"Netanyahu sabe que si no gana las elecciones es casi seguro que tras perder la inmunidad irá a la cárcel por los procesos judiciales en su contra. Por eso apela al tradicional miedo a la amenaza palestina como forma de aglutinar a los votantes detrás de un líder fuerte como él", explicó a LA NACION en una entrevista telefónica el vicepresidente la Universidad de Tel Aviv, Raanan Rein.

Israel ya tuvo elecciones generales en abril pasado, pero sin un ganador claro, y con solo 35 bancas en un parlamento de 120 legisladores, Netanyahu fue incapaz de formar una coalición de gobierno y obtener la mayoría de 61 escaños con otros partidos. Por eso el parlamento votó su disolución y convocó a esta nueva votación.

Las críticas al gobierno y las discusiones en las calles de Israel no pasan hoy por la cuestión económica o la falta de trabajo.

Luego de cinco mandatos y 13 años de gestión de Netanyahu -el primer ministro con mayor permanencia en el cargo-, el PBI creció en esta década a un promedio del 3% anual, el desempleo se encuentra en un mínimo histórico de 3,6%, y este pequeño país con menos territorio que la provincia de Tucumán es hoy líder mundial en tecnología.

Pero hay tres cuestiones que sacuden la política israelí: primero, en las próximas semanas habrá un fallo judicial que seguramente condenará al primer ministro por el cobro de coimas millonarias, fraude a la administración pública y abuso de confianza. Sólo si continúa siendo jefe de gobierno evitará ir a prisión.

En segundo lugar está el eterno conflicto con los palestinos y la cuestión de la seguridad. Y por último, un tema vinculado con lo anterior, la pelea para derogar la polémica legislación que exime a los judíos ultraortodoxos de cumplir con el servicio militar.

Partidos grandes y pequeños se dividen hoy respecto de estos temas. Y el apoyo de cada legislador cuenta a la hora de reunir 61 votos.

"El principal cambio respecto de las elecciones de abril es que el partido del excanciller ultraderechista Avigdor Lieberman, Israel Beitenu (con cinco bancas en la Knesset actual) esta vez anunció que no apoyará a Netanyahu. Lieberman reclama que los judíos ultraortodoxos presten servicio militar. Como la mayoría de sus votantes son inmigrantes de la ex Unión Soviética, la semana pasada el primer ministro viajó a Moscú y se reunió con Vladimir Putin, para intentar seducir a los votantes de origen ruso", explicó Rein.

Según los últimos sondeos, el Likud y el principal partido opositor, Azul y Blanco, liderado por un exjefe de las fuerzas armadas, el centrista Benny Gantz, están prácticamente en paridad de condiciones, entre 30 y 33 escaños para cada uno.

Como exjefe militar, Gantz privó a Netanyahu del baluarte más sagrado que tiene un candidato israelí: ser garante de la seguridad del país. Pero eso no le alcanza para conquistar a los votantes.

"Cuando Gantz se pone a hablar en los programas de televisión, la gente se duerme", dice con humor el vicepresidente de la Universidad de Tel Aviv.

"Gantz no tiene el carisma de un populista como Netanyahu, que habla con frases de mucho más efecto. Y eso cuenta a la hora de elegir un líder", agregó Rein.

Por eso, la analista política Rachel Leghziel consideró que más allá de los resultados que obtengan Gantz y Netanyahu, serán los partidos pequeños los que definirán estos comicios.

"Muchas listas que en abril no lograron suficientes votos para entrar en la Knesset, desde partidos de derecha, hasta los árabes israelíes o la re-aparición del exprimer ministro Ehud Barak, que decidió fusionarse con el Meretz, de izquierda, pueden dar un voto decisivo a uno u otro candidato", dijo Leghziel a LA NACION.

Aunque Israel, donde el voto no es obligatorio, tiene un alto índice de participación, cercano al 70%, la población muestra también cierto hastío con su clase política y sus negociaciones.

"El mayor desafío será recobrar la confianza de la gente en el sistema político. Sacar al electorado a votar cinco meses después de la última contienda, hace que el público se cuestione la capacidad y el deseo de los políticos de servir al pueblo y no a sus propios intereses", reflexionó Leghziel.

Legalizan una colonia

El gobierno israelí autorizó ayer la legalización de una colonia "salvaje" en la zona ocupada de Cisjordania. En el último día oficial de la campaña (los candidatos teóricamente no pueden organizar mítines hoy), Benjamin Netanyahu sorprendió con el anuncio durante su consejo de ministros.