Negocio inesperado: la pandemia de Covid-19 está alimentando un boom de cirugía estética por el Zoom

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Bajo hasta un 50% la demanda de cirugías estéticas
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Llamémoslo “envidia del rostro en el Zoom”. Debido al auge de la videoconferencia durante la pandemia, son legiones los que ahora se pasan horas mirando su propio rostro e, inevitablemente, comparándolo con los de los demás. Asimismo, el “rostro de cuarentena” no es resultado de la tensión o la falta de sol o ejercicio. Para Kim, una actriz de 57 años de New York City, el Zoom parecía agregarle cinco kilos y un aspecto de “crepe” a su piel. Luego de ver “demasiado de eso”, en el verano boreal pasado se hizo un lifting. Está encantada con el resultado. Similarmente, Michele Le Tournelle, una jubilada de 62 años que vive cerca de Nantes en Francia, dijo que el “horrible” confinamiento se convirtió en “una revelación”: la llevó a buscar un procedimiento de adelgazamiento y un lifting con el que está “muy pero muy” contenta.

Muchos cirujanos cosméticos preveían que la pandemia iba a aplastar su negocio. En cambio, el sector está disfrutando de un boom por el Zoom. La academia estadounidense de cirugía plástica y reconstructiva facial considera que la pandemia ha llevado a un incremento del 10% de las cirugías cosméticas en todo el país. En Francia, pese a los límites de procedimientos selectivos durante la pandemia, la cirugía cosmética ha aumentado cerca del 20%, estima la sociedad francesa de cirujanos plásticos estéticos. Para Aston Collins, el patrón de Save Face, una firma de Cardiff que refiere a personas que buscan tratamientos cosméticos mínimamente invasivos a los 852 (y contando) practicantes que tiene acreditados en todo Gran Bretaña, hay “enorme cantidad de trabajo”. En Italia, Pierre Andrea Cicogna del Estudio Cicgna, una clínica de cirugía plástica en Treviso, dice que sus ingresos han aumentado casi un tercio pese a más de tres meses de cuarentena.

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Además de la envidia del rostro, hay otros factores que entran en juego. En la era del trabajo a distancia, los pacientes pueden recuperarse de modo menos conspicuo en el hogar mientras desaparecen los moretones y la hinchazón. Ayuda el hecho de que los profesionales, que son la mayoría de los clientes de cirugías cosméticas costosas, tienen más probabilidades de estar trabajando desde el hogar que muchos otros. En tiempos normales, restarle tiempo al trabajo es una gran valla (que es el motivo por el que las vacaciones por las fiestas tradicionalmente han sido la temporada alta de la cirugía cosmética). La recuperación se facilita por el uso generalizado de barbijos, que ocultan prolijamente las señales de cirugía en la nariz, el mentón, las mejillas y la quijada, así como los tratamientos de la piel facial y el aumento del volumen de los labios.

El dinero que no se gasta en ropa, salidas nocturnas y viajes ha financiado gran parte de esto. También ha ayudado el boom de las bolsas de valores, asegura Alan Matarasso, cuya clínica en New York se está viendo “exigida” por pedidos de cirugía. Cosa que intriga, el doctor Matarasso, ex-Presidente de la sociedad estadounidense de cirujanos plásticos, dice que también opera una fuerza más etérea: al echar luz sobre “la fragilidad de la vida”, la pandemia está dando a la gente un mayor deseo de aprovechar mejor el tiempo que les queda.

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El Covid-19 ha destacado lo impotentes que somos, coincide Richie Chan, jefe de cirugía cosmética en una clínica de salud OT&P en Hong Kong, que ha disfrutado aproximadamente de un aumento del 15% los procedimientos; como resultado de ello la gente se ha vuelto más dispuesta a ejercer control sobre sus propios cuerpos a través de la cirugía electiva. Perfrancesco Cirillo, jefe de la asociación italiana de cirugía plástica estética en Roma, apunta a incrementos previos en todo el mundo de procedimientos mínimamente invasivos luego de los ataques del 11 de septiembre en Estados Unidos (alrededor del 6%) y la crisis financiera global (10%). La pandemia, agrega, ha coincidido con un ascenso récord de la cirugía cosmética de alrededor del 12% en Italia.

La dismorfia de Snapchat es el nombre que se le da a la afición por las cirugías estéticas para tener el rostro que nos muestra una selfie con filtros
La dismorfia de Snapchat es el nombre que se le da a la afición por las cirugías estéticas para tener el rostro que nos muestra una selfie con filtros


La dismorfia es el nombre que se le da a la afición de quienes sufren una obsesionan con una falla corporal imaginada o exagerada.

Los cirujanos se maravillan de otro cambio reciente: antes de la pandemia, uno de cada 10 pacientes de cirugía de Studio Cicogna eran hombres. Ahora es uno de cada cinco. La mayoría de las operaciones son en los párpados, la nariz y por liposucción. Para el rejuvenecimiento de la piel mínimamente invasivo, la proporción de clientes masculinos ha crecido de aproximadamente uno de cada ocho a casi la mitad. En Gran Bretaña los hombres solicitan el 40% de los rejuvenecimientos de la piel, señala Save Face.

Los pesares del Zoom

Al destacar sus defectos cuando hacía llamadas por su empleo en relaciones públicas, el Zoom se había vuelto desmoralizante, recuerda una madre soltera de 47 años en Milán: “Me sentía más fea”. El hecho de estar encerrada en la casa y sin ocasión para vestirse no ayudaba. “Realmente necesitaba hacer algo para sentirme mejor”, cuenta. La cirugía de párpados eliminó “10 años de mi rostro”; la operación fue “psicológicamente terapéutica”.

Tal satisfacción es común pero no universal. Algunos psicólogos temen que el boom de tratamientos de belleza esté alentando un desorden obsesivo-compulsivo a veces llamado dismorfia. Quienes lo sufren se obsesionan con una falla corporal imaginada o exagerada. Esto puede verse magnificado por un estado de ánimo moroso y la falta de interacción social normal, por no mencionar que se pasa más tiempo comparándose con los demás. Como resultado de ello, explica el doctor Cirillo, los cirujanos cosméticos deben trabajar más duro para rechazar quienes tengan una imagen de sí mismos patológicamente confundida.

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Un problema menos agudo pero más común es que una proporción creciente de los que buscan cirugía pretenden una apariencia inalcanzable. El doctor Cirillo está preocupado por la emergencia de una “especie de supermercado” de cirugía estética en la que cirujanos menos principistas acepten pacientes con aspiraciones insalubres o irrealistas. Al mismo tiempo que aumentan sus ingresos, los cirujanos harían bien en evitar pacientes que aparecen con fotos de un famoso al que envidian. El éxito es más probable para los que, con menos ambición, presentan imágenes de sí mismos más jóvenes.

Traducción de Gabriel Zadunaisky

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