¿Necesitas un buen llanto? Una ciudad mexicana elige a la mejor persona para ese trabajo

Natalie Kitroeff
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CIUDAD DE MÉXICO — En vista de que el virus sigue haciendo estragos, gran parte de México cerró cementerios y canceló las festividades públicas del Día de Muertos, lo cual les quitó a muchos la oportunidad de llorar de manera colectiva a sus fallecidos.

Pero una ciudad se adaptó a la pandemia, por lo que decidió poner en línea su tradición anual de seleccionar a la mejor plañidera del país, y en el proceso les dio a los mexicanos la oportunidad de compartir un llanto sanador y catártico.

San Juan del Río, Querétaro, ubicada en el centro de México, se toma muy en serio el enfoque único del país sobre la muerte, la cual se acepta como parte de la vida. Una de sus principales atracciones es el Museo de la Muerte. Su concurso anual de plañideras, creado para honrar la antigua práctica de contratar mujeres para que se presenten y lloren en los entierros, atrae a cientos de espectadores.

Normalmente, las concursantes se turnarían para llorar en vivo frente a un público, pero los riesgos sanitarios planteados por este acto eran demasiado altos. El virus ha matado a más de 92.000 personas en México y los casos siguen aumentando.

Después de consultarlo con el patrocinador del concurso, una funeraria local, el Instituto de Cultura, Turismo y Juventud Municipal anunció el mes pasado que aceptaría inscripciones en video por correo electrónico. Se invitó a las participantes a enviar videos de sí mismas llorando durante un máximo de dos minutos, para ser evaluadas por un panel de jueces. Veintisiete concursantes enviaron sus videos, el doble del número de participantes del año pasado.

Muchas de las participantes adoptaron un enfoque melodramático, al grabar sus dos minutos de llanto correspondientes frente a una tumba y llorar y gritar con la energía de una estrella de telenovela. Otras se decantaron por un estilo humorístico, como una mujer de Aguascalientes que estalló en llanto por el aparente inicio de su menopausia, dedicándole sus lágrimas a su ausente periodo menstrual.

“Siempre fuiste tan puntual”, se lamentó. “Y de repente, un día, sin decir nada, nunca más regresaste”.

“Reírse de la muerte es parte de la cultura mexicana”, dijo Eduardo Guillén, director del Instituto de Cultura, Turismo y Juventud Municipal. “Es una manera de afrontar el problema y sentirse menos vulnerable”.

Guillén dijo que debido a la “tradición” solo convocaron a mujeres a la competencia, aunque afirmó que la ciudad estaba abierta a permitir la participación de llorones masculinos.

Durante años, el concurso estuvo dominado por un dúo de madre e hija que con regularidad ganaban el primer lugar. Sin embargo, no participaron este año, lo que dejó el premio disponible para nuevas participantes de todas partes de México.

Princesa Katleen Chávez Arce, de Baja California, obtuvo el primer lugar y ganó un premio en efectivo de unos 164 dólares. Chávez, que es actriz, nunca había llorado de manera profesional. Pero este 2020, dijo, le proporcionó mucha experiencia como amateur. Tras mudarse a Ciudad de México para intentar actuar en cine, la pandemia acabó con sus oportunidades laborales. En septiembre se rindió y regresó a casa.

“La crisis me afectó”, comentó. “Así que lloré, y no hice absolutamente nada por una semana”.

En el muy bien producido video de Chávez, la actriz comienza riéndose para luego hacer una transición a un sollozo mientras contempla la tumba de un fallecido cerca de su ciudad natal. “Le pedí permiso antes de hacer este ejercicio”, afirmó.

En segundo lugar quedó la improbable María Silveria Balderas Rubio, cuyas hijas se enteraron del concurso en línea y la convencieron de que participara. Silveria, de 58 años, dijo que pretendió ser una de las dolientes inconsolables que ha visto en funerales, para lograr transmitir la emoción suficiente.

“He estado en entierros donde la gente llora de esa manera, y tiene sentido, pero yo no puedo llorar tanto”, dijo Silveria. “Lloro, pero no tanto”.

Su actuación, grabada con un celular en una sola toma, planteó un dilema para los jueces. Por un lado, el video era lo más simple posible, grabado en una mísera habitación sin ningún ataúd visible en el encuadre tembloroso. Sin embargo, el llanto de angustia y la respiración hiperventilada de Silveria, junto con sus palabras insistentes que repetían: “Justo lo vi ayer”, parecían muy reales.

“El video es bastante casero, y lo único que hace es llorar”, señaló Juan Carlos Zerecero, un profesor de teatro local que fungió como jurado en el concurso. Sin embargo, dijo, esa es la idea. “Eso es lo que le pedimos que hicieran, ¿no?”, dijo. “Para mí, ella está llorando de manera muy sincera”.

Silveria mencionó que luego de ver el video deseó haber hecho algo más dramático con su cuerpo, como otras concursantes que “se arrojaban sobre tumbas, se aferraban a ataúdes y cosas así”.

Quizás la participación con la que fue más fácil identificarse fue la de Brenda Anakaren Torres Villarreal, quien le dedicó su video de llanto al año 2020. Torres Villarreal, de 31 años, roció a su camarógrafo con desinfectante antes de quitarse un cubrebocas y gritar sobre cómo este año nos dejó “deprimidos, desempleados y en cuarentena”.

Su inspiración, dijo, fue la inconcebible cantidad de horrores que ocurrieron este año. “Este es, sin duda, uno de los peores años que hemos vivido”, sentenció. “Si el 2020 no te hace llorar, nada te hará llorar”.

Sin embargo, su intención no fue regodearse en el dolor sino reírse de toda esta miseria, dijo Torres Villarreal.

“Los mexicanos siempre hemos tenido la capacidad de encontrar humor en la tragedia”, dijo, “siempre hemos podido ver el lado bueno, aunque no exista”.

This article originally appeared in The New York Times.

© 2020 The New York Times Company