Vacunas contra la Covid: el reclamo del papa Francisco en su mensaje navideño

Elisabetta Piqué
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ROMA.- En un momento dramático para todo el mundo, trastornado por la pandemia, en su tradicional mensaje Urbi et Orbi, a la ciudad y al mundo, el Papa no sólo hizo hoy un fuerte llamado a la fraternidad -más que nunca necesaria-, sino también a que todos tengan acceso a las vacunas y a los tratamientos anti-coronavirus, "sobre todo a los más vulnerables".

"En este tiempo de oscuridad e incertidumbres aparecen luces de esperanza como la de las vacunas, pero para que estas luces lleven esperanza al mundo entero, tienen que estar a disposición de todos", dijo Francisco, que tal como sucedió en Pascuas -cuando también Italia se encontraba en confinamiento total, como ahora-, pronunció su mensaje e impartió luego la bendición desde el Aula de las Bendiciones del Palacio Apostólico, sin fieles, en lugar que desde el balcón central de la Basílica de San Pedro como ocurría en tiempos normales, cuando la Plaza se llenaba.

"No podemos dejar que los nacionalismos cerrados nos impidan vivir como la verdadera familia humana que somos. No podemos tampoco dejar que el virus del individualismo radical gane y nos deje indiferentes al sufrimiento de los otros hermanos", afirmó. "No puedo ponerme a mí mismo antes que los demás, poniendo las leyes de mercado y las patente sobre las leyes del amor y de la salud de la humanidad", agregó, con palabras muy fuertes y aludiendo directamente a lo que está ocurriendo en este momento en el mundo con el tema de las vacunas.

En este marco, pidió solemnemente a los responsables de los Estados, a los organismos internacionales y a las empresas, "promover la cooperación y no la competencia, y buscar una solución para todos. Vacunas para todos. Especialmente para los más vulnerables y más necesitados de todas las regiones del planeta". "¡En primer lugar, los más vulnerables y necesitados!", insistió.

"Ante un desafío que no conoce fronteras, no se pueden erigir barreras. Estamos todos en la misma barca. Cada persona es mi hermano. En cada persona veo reflejado el rostro de Dios y, en los que sufren, vislumbro al Señor que pide mi ayuda. Lo veo en el enfermo, en el pobre, en el desempleado, en el marginado, en el migrante y en el refugiado", sentenció Francisco, volviendo a subrayar los grandes temas de su pontificado. Retomó, además, una frase ya pronunciada el 27 de marzo pasado, cuando protagonizó, en solitario en una Plaza de San Pedro desolada, una oración por el fin de la pandemia.

Aunque en el mensaje navideño, como siempre, hizo un repaso de la situación geopolítica del mundo, mencionó Medio Oriente, el añejo conflicto palestino-israelí, Siria, Irak, Yemen, Libia y demás guerras y situaciones de terrorismo que ensangrientan otros rincones del planeta, la pandemia estuvo presente desde el principio hasta el final.

"En este momento de la historia, marcado por la crisis ecológica y por los graves desequilibrios económicos y sociales, agravados por la pandemia del coronavirus, necesitamos más que nunca la fraternidad. Y Dios nos la ofrece dándonos a su Hijo Jesús: no una fraternidad hecha de bellas palabras, de ideales abstractos, de sentimientos vagos... No. Una fraternidad basada en el amor real, capaz de encontrar al otro que es diferente a mí, de compadecerse de su sufrimiento, de acercarse y de cuidarlo, aunque no sea de mi familia, de mi etnia, de mi religión; es diferente a mí pero es mi hermano, es mi hermana. Y esto es válido también para las relaciones entre los pueblos y las naciones: hermanos todos", clamó, con rostro preocupado.

"Que el Niño de Belén nos ayude, pues, a ser disponibles, generosos y solidarios, especialmente con las personas más frágiles, los enfermos y todos aquellos que en este momento se encuentran sin trabajo o en graves dificultades por las consecuencias económicas de la pandemia, así como con las mujeres que en estos meses de confinamiento han sufrido violencia doméstica", agregó.

En el repaso geopolítico del mundo, cuando mencionó a su continente, el americano, "particularmente afectado por el coronavirus, que ha exacerbado los numerosos sufrimientos que lo oprimen, a menudo agravados por las consecuencias de la corrupción y el narcotráfico", nombró a dos países: Chile y Venezuela. Exhortó, en efecto, que puedan superarse "las recientes tensiones sociales en Chile" y se ponga "fin al sufrimiento del pueblo venezolano".

Tal como hizo anoche en la misa de Gallo, el exarzobispo de Buenos Aires también envió un mensaje de esperanza, al recordar que el nacimiento del Niño Jesús que se celebra hoy "nos anuncia que el dolor y el mal no tienen la última palabra. Resignarse a la violencia y a la injusticia significaría rechazar la alegría y la esperanza de la Navidad". Finalmente, se manifestó cercano a las familias que no pueden reunirse hoy, así como a las que se ven obligadas a quedarse en casa. Y concluyó: "Que la Navidad sea para todos una oportunidad para redescubrir la familia como cuna de vida y de fe; un lugar de amor que acoge, de diálogo, de perdón, de solidaridad fraterna y de alegría compartida, fuente de paz para toda la humanidad. A todos, ¡Feliz Navidad!".