¿Qué tan necesario es el oxímetro?

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Cuando mi hija volvió a la universidad este otoño, le envié un paquete de cuidados perfecto para una universitaria que vive una pandemia. Incluía galletas, una taza de café y un oxímetro de pulso.

Un oxímetro de pulso es un pequeño dispositivo que se coloca en el dedo y mide los niveles de oxígeno en la sangre. Aunque mi hija y sus amigos están todos vacunados contra la COVID-19, quería que tuviera el dispositivo a mano por si acaso contraía una infección posvacunación.

Mucha gente conoció el oxímetro de pulso en los primeros días de la pandemia, después de que los médicos advirtieran que algunos pacientes con COVID-19 desarrollan una forma de privación de oxígeno llamada “hipoxia silenciosa”, que se produce cuando los niveles de oxígeno en sangre descienden tan lentamente que el paciente no nota que algo va mal. A menudo, estos pacientes están tan enfermos cuando llegan al hospital que es necesario ponerles un respirador.

Una nueva investigación realizada en Sudáfrica demuestra que el uso de un oxímetro de pulso para comprobar los niveles de oxígeno tras un diagnóstico de covid realmente salva vidas. Para el estudio, se entregó a 8115 pacientes de alto riesgo un oxímetro de pulso para que lo usaran en casa tras el diagnóstico de COVID-19. El estudio se centró en los pacientes de mayor riesgo, entre los que se encontraban personas mayores, embarazadas o con enfermedades crónicas como cardiopatías, hipertensión o diabetes.

Tras el diagnóstico de covid, los pacientes recibieron un oxímetro de pulso y una llamada de seguimiento para asegurarse de que lo utilizaban correctamente. Se les pidió que registraran su saturación de oxígeno y su frecuencia cardíaca dos veces al día, y se les indicó que llamaran a un médico si la lectura empezaba a caer por debajo del 95 por ciento.

Si la lectura caía por debajo del 90 por ciento, se les indicaba que acudieran a emergencias. Y a todos los pacientes se les dijo que buscaran asistencia médica urgente si tenían dificultades para respirar, independientemente del número que apareciera en el dispositivo.

El grupo del estudio se comparó con unos 30.000 pacientes de la población general que fueron atendidos por médicos de todo el país entre marzo y octubre de 2020. Durante el periodo de estudio, 544 personas (de 38.660 pacientes) murieron a causa de COVID-19, incluyendo 49 en el grupo de estudio.

Pero el riesgo de morir era un 52 por ciento menor entre los pacientes a los que se les había indicado que controlaran su oxígeno en casa. Según la tasa de mortalidad general, se esperaba que 95 personas del grupo de estudio hubieran muerto. Pero el uso de un oxímetro de pulso parece haber salvado la vida de 46 personas.

“Creo que es importante saber que un oxímetro de pulso marca la diferencia”, dijo Shirley Collie, autora del nuevo estudio y actuaria jefa de análisis de salud en Discovery Health, una administradora de atención médica controlada en Sudáfrica. “Se controla el oxígeno porque el momento en que se llega al hospital marca una gran diferencia en el resultado clínico”.

La magnitud del beneficio sorprendió incluso a algunos de los partidarios más entusiastas de la monitorización del oxígeno en casa. Richard Levitan, médico de emergencias que dio la voz de alarma sobre la hipoxia silenciosa en un ensayo invitado para el Times, calificó los resultados de “asombrosos”.

“Es extremadamente raro en la medicina mostrar una diferencia tan grande en el tratamiento, particularmente con una enfermedad tan complicada”, dijo Levitan, quien ejerce en Littleton Regional Healthcare en New Hampshire. “Todo esto ocurrió con una gestión diferente, en distintos hospitales, mientras se desarrollaba la pandemia. Tener una diferencia de mortalidad del 50 por ciento es fenomenal. Casi nunca vemos un beneficio tan grande”.

Los investigadores dijeron que la diferencia de mortalidad entre los dos grupos parecía explicarse por el hecho de que las personas que controlaban sus niveles de oxígeno en casa buscaban atención médica antes en el curso de su enfermedad. Entre los pacientes que acudieron al hospital, los que habían utilizado un oxímetro de pulso en casa tenían niveles más bajos de inflamación, medidos por una prueba de proteína C reactiva (PCR).

Además de ayudar a los pacientes a saber cuándo deben buscar atención médica, un oxímetro de pulso puede reducir la ansiedad tras un diagnóstico de COVID-19. Collie dijo que experimentó el beneficio de primera mano tras una infección posvacunación este verano, a pesar de estar completamente vacunada con la vacuna de Johnson & Johnson. Tenía tos y opresión en el pecho y controlaba regularmente sus niveles de oxígeno en casa. “Da mucha comodidad en cuanto a comprobar en qué punto estás”, dijo. “Esta monitorización puede modificar el riesgo de un resultado realmente malo. Creo que es sumamente empoderador”.

Para usar un oxímetro de pulso, hay que presionar el dispositivo para abrirlo, como si se tratara de un clip o una pinza de ropa, y colocar el dedo dentro, de forma ajustada. El dispositivo emite diferentes longitudes de onda de luz a través del dedo. Se dirige a la hemoglobina, una molécula proteica de la sangre que transporta el oxígeno. El oxímetro de pulso te dará una lectura numérica, un porcentaje que indica el nivel de saturación de oxígeno en la sangre. En cuestión de segundos, se iluminan los números que indican el nivel de oxígeno en la sangre y la frecuencia cardíaca.

La mayoría de las personas sanas obtendrán una lectura de oxígeno de entre el 95 y el 99 por ciento. Algunas personas con problemas de salud pueden tener una lectura normal más baja. En general, los médicos dicen que hay que buscar ayuda si la cifra desciende rápidamente o es inferior a 94.

Pero la precisión del dispositivo puede variar, sobre todo en pacientes de piel oscura. Un estudio descubrió que el resultado no era preciso en uno de cada diez pacientes negros. Una persona de piel oscura puede seguir usando el dispositivo, pero los médicos dicen que es importante prestar atención a cualquier tendencia a la baja en las lecturas de oxígeno, en lugar de fijarse en un número concreto. Si estás enfermo en casa con COVID-19 y tu lectura normal baja cuatro puntos o más, es una buena razón para llamar a tu médico. El esmalte de uñas oscuro también puede interferir en la lectura.

El estudio de Sudáfrica se llevó a cabo antes de que las vacunas estuvieran disponibles, y las personas vacunadas tienen un riesgo mucho menor de padecer una enfermedad grave o ser hospitalizadas por COVID-19. Sin embargo, algunas personas vacunadas, especialmente las que pertenecen a grupos de alto riesgo, aún pueden desarrollar una enfermedad grave. Levitan dijo que incluso si estás vacunado y tienes un bajo riesgo de enfermedad grave, debes usar un oxímetro de pulso tras un diagnóstico de COVID-19.

“Tus probabilidades de enfermar gravemente son bajas, pero he hospitalizado a pacientes con neumonía por covid que están vacunados”, dijo Levitan. “En toda la medicina, con un tratamiento más temprano la gente evoluciona mejor. Si llegas pronto y pasas de tres a cinco días en el hospital, es muy diferente a llegar tarde y terminar en la UCI”.

Tara Parker-Pope es columnista de salud, comportamiento y relaciones. Es la editora fundadora de Well, el galardonado sitio de salud para el consumidor del Times. @taraparkerpope | Facebook

© 2021 The New York Times Company

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