Nadando o surfeando, los gazatíes vuelven a disfrutar del agua limpia

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Los ciudadanos del enclave palestino de Gaza, bajo bloqueo israelí, están redescrubriendo los placeres del mar Mediterráneo después de que las autoridades dieran por finalizado un largo periodo de contaminación de sus aguas.

"Hacía un año que no entraba al agua", dice Sabah Abu Ghanem, una surfista de 22 años.

"Tan pronto entro en el agua y surfeo las olas, me siento libre y feliz. Toda la energía negativa es reemplazada por energía positiva", afirma a la AFP.

La contaminación marina ha empeorado en los últimos años en Gaza ante la escasez de estrategias de tratamiento de las aguas residuales, que han convertido el Mediterráneo en un vertedero.

El problema se ve agravado por las destartaladas infraestructuras de este enclave empobrecido y superpoblado.

Los 2,3 millones de habitantes de este pequeño territorio viven bajo un estricto bloqueo terrestre, marítimo y aéreo impuesto por Israel desde que el movimiento islamista Hamás llegó al poder en Gaza en 2007.

En todo este tiempo, el paso fronterizo de Rafah con Egipto, la única conexión de Gaza que no pasa por Israel, también ha estado casi siempre cerrado.

La única planta eléctrica de Gaza, que suministra energía a las estaciones de gestión de aguas residuales, se ha visto repetidamente dañada por bombardeos israelíes.

Pero hace seis meses, una planta financiada por Alemania empezó a funcionar en el centro de Gaza y ahora trata 60.000 metros cúbicos de aguas residuales al día, la mitad de las aguas residuales del enclave, según Mohammed Masleh, funcionario del ministerio de Medioambiente de Gaza.

- Un alivio ante el verano -

El proyecto está solo en su primera fase y, una vez culminado, la planta debería ser capaz de tratar todas las aguas residuales generadas en el territorio.

Desde su puesta en funcionamiento, la calidad del agua en Gaza ha mejorado significativamente.

Ahora, de acuerdo con las muestras tomadas por las autoridades de Gaza, dos tercios de sus playas son aptas para el baño, explica Masleh.

Con el inicio de las vacaciones escolares y la llegada del sofocante calor veraniego, las playas ofrecen un alivio para los habitantes.

La planta también supone un punto de inflexión para el territorio, que ha invertido 300 millones de dólares en proyectos de gestión de aguas en la última década, dice Maher Najjar, vicedirector de la autoridad de aguas costeras.

La nueva planta ubicada en Bureij cuenta con generadores y paneles solares para el suministro de energía.

Najjar asegura que recupera 60 toneladas de residuos sólidos cada día que, de otra forma, hubieran terminado en el mar.

Pero la confianza no es total. Aunque Sabah Abu Ghanem se atreve a meterse con su tabla, todavía no quiere llevar a sus hijos que "tienen la piel sensible y pueden infectarse".

Sentada en la playa de la ciudad de Gaza junto a sus hijos y nietos, Umm Ibrahim Sider también era prudente.

"Dije que nadie iba al agua, pero cuando los niños vieron a toda la gente, fueron y no pude pararlos", dice la mujer de 64 años.

Uno de sus nietos, Ibrahim, de 13 años no quería salir del agua aunque sus ojos estaban enrojecidos por la sal. "He echado de menos nadar en el mar", asegura.

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