Mustafá al Kazimi, un hábil negociador con un futuro incierto al frente de Irak

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El primer ministro Mustafá al Kazimi, que salió ileso el domingo de un "intento de asesinato", fue jefe de espionaje en Irak y está bien conectado y es un hábil negociador que ahora enfrenta un futuro incierto tras las elecciones legislativas de octubre.

Nacido en Bagdad en 1967, este hombre de rostro bronceado y pelo ralo canoso asumió el mando de los servicios de inteligencia de Irak en 2016, en plena guerra contra los yihadistas del grupo Estado Islámico.

Desde este puesto en las sombras, evitando la atención pública, tejió vínculos con decenas de países que luchan contra el yihadismo sunita, incluidos Estados Unidos e Irán, dos enemigos que se disputan su influencia sobre Bagdad.

Formado en derecho en la universidad iraquí, este musulmán chiita huyó a Europa para escapar del régimen de Sadam Husein y empezó a trabajar como periodista opositor.

Cuando cayó el régimen en 2003, volvió al país para fundar el inmenso complejo de medios estatales, a la par que militaba en una fundación para no olvidar los crímenes de Husein.

En 2016, para sorpresa general, el entonces primer ministro Haider al Abadi designó a este editorialista y abogado por los derechos humanos para dirigir los servicios de inteligencia, a menudo blanco de críticos de organizaciones humanitarias.

"Es un pragmático con conexiones con todos los grandes actores de la escena iraquí y los estadounidenses, y que recientemente ha mejorado sus relaciones con Irán", afirma a AFP un político cercano a él.

Kazimi sabe manejar contradicciones. No solo dialoga con Washington y Teherán, también es amigo personal de Mohamed bin Salmán, el príncipe heredero de la sunita Arabia Saudí, el gran enemigo regional del chiita Irán.

En los últimos meses, también ha aprovechado estas buenas conexiones en Oriente y Occidente para elevar su figura internacional.

Irak ha auspiciado reuniones entre iraníes y sauditas, ha recibido la visita del papa Francisco y ha organizado una conferencia internacional sobre la región.

Kazimi "encarna el retorno de un Estado iraquí soberano", asegura un observador occidental.

- "Jugador astuto" -

Aun así, el primer ministro ha tenido que limar a menudo asperezas con las facciones proiraníes del país, que lo acusaron de ser cómplice del asesinato del general iraní Qasem Soleimani por Estados Unidos en enero de 2020 en Bagdad.

La principal oposición interna procede de Hashd al Shaabi, antiguos paramilitares pro-Teherán ahora integrados en el Estado que le exigen la salida inmediata de todos los soldados estadounidenses de Irak.

Ahora lo acusan de "complicidad" en el "fraude" electoral de los comicios legislativos del 10 de octubre, en los que el brazo político de Hashd perdió numerosos diputados.

Esta situación ha elevado la tensión política en el país mientras los diferentes bloques parlamentarios negocian un gobierno y la designación de un primer ministro.

Oficialmente, Kazimi no es candidato a la reelección, pero algunos lo ven como un recurso creíble si no emerge ninguna otra figura en las negociaciones.

Después de obtener el apoyo en mayo de 2020 de la envejecida clase política iraquí, Kazimi trató de mejorar las relaciones con una población enfadada que durante meses se levantó en protestas con sus dirigentes.

También trata de negociar ayuda para un país asfixiado económicamente, con los ingresos petroleros en caída libre.

"Es un negociador sin igual y un jugador astuto", asegura Toby Dodge, director de estudios de Oriente Medio de la London School of Economics.

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