El Museo de la Lengua Portuguesa resurge de sus cenizas en Brasil

São Paulo, 21 jul (EFE).- Las llamas lo consumieron un 21 de diciembre de 2015. Casi seis años después, el Museo de la Lengua Portuguesa resurge de sus cenizas en el centro histórico de São Paulo, la mayor ciudad de Brasil, con una visión integradora y social del quinto idioma más hablado del mundo.

Con unos 260 millones de lusohablantes repartidos en nueve países, hay pocos espacios dedicados a la lengua portuguesa en el planeta. La "Estação da Luz" de São Paulo es uno de ellos.

Tres de las plantas de esta emblemática estación de metro y tren de la capital paulista, construida originalmente en 1901 y donde cada día transitan cientos de miles de personas, volverán a ser un santuario interactivo reservado a la lengua de José Saramago y Joaquim Machado de Assis a partir del próximo 31 de julio.

UN INCENDIO DEVASTADOR

El museo echó a andar en 2006, pero antes de cumplirse sus primeros diez años de existencia un incendio de grandes proporciones lo calcinó casi todo y segó la vida de Ronaldo Pereira, uno de los bomberos que trabajó en las labores de extinción.

Isa Grinspum, una de las comisarias de la exposición permanente, tiene grabado a fuego ese día. Estaba volviendo a su casa, en coche, cuando recibió la llamada de una cadena de televisión preguntándole sobre el incendio. No sabía nada.

Primero pensó que era una broma, luego paró su vehículo, vio que era cierto y se puso a llorar. "Fue un choque muy grande, una pérdida muy grande, pero nos dio la posibilidad de repensar el museo, lo que es una oportunidad única", afirmó a Efe Grinspum.

El acervo, al ser casi todo digital, pudieron recuperarlo gracias a las copias de seguridad, pero la estructura original, ideada por el arquitecto brasileño Paulo Mendes da Rocha, Premio Pritzker en 2006 y fallecido este año, y su hijo Pedro, se perdió.

¿La causa del incendio? Un defecto en uno de los reflectores del edificio, según un informe pericial concluido en junio de 2019, tres años y medio después de la tragedia.

UN ESPACIO REINVENTADO

Hoy, después de una grave crisis económica y una pandemia de la covid-19 que ya deja casi 550.000 víctimas mortales, el Museo de la Lengua Portuguesa será finalmente reinaugurado el próximo 31 de julio con nuevas experiencias.

Por detrás de este hito, hay un "intenso proceso de reconstrucción" que duró años y al que se sumaron artistas, intelectuales y músicos, según explicó Marília Bonas, directora técnica del museo. Levantarlo de nuevo supuso una inversión de 86 millones de reales (16,5 millones de dólares).

El local renace con el mismo objetivo: "celebrar la diversidad de la lengua portuguesa hablada alrededor del mundo" a través de las "influencias" que recibió de las culturas indígenas y africanas y de otros pueblos, como el japonés, el español o el italiano, que fueron poco a poco moldeándola.

Un viaje que comienza con sus orígenes en el latín y llega prácticamente a la actualidad con la integración de las más variadas formas de expresarse en esta lengua de cerca 500.000 palabras, desde el portugués rural hasta el de las favelas, también recogidos en la muestra "Falares".

"La idea es proponer un espacio de diálogo, reflexión y descubrimientos de toda esa potencia de la lengua portuguesa. Al final, es responder 'qué quiere y qué puede hacer esta lengua', parafraseando a Caetano Veloso", explicó Grinspum, en alusión al tema 'Lingua' del popular cantautor brasileño.

Uno de esos descubrimientos es, por ejemplo, conocer las raíces de la palabra "samba", que procede de las lenguas bantúes.

Según la teoría más extendida, vendría del término quimbundo -un idioma que se habla en Angola- 'samba' o 'semba', que significaría un tipo de danza parecido al batuque, en la que los bailarines chocan sus ombligos unos con otros. Sin embargo, en los últimos años ha surgido una corriente etimológica que propone que "samba" viene del verbo (ku)samba, que quiere decir "rezar".

En este contexto, el museo aborda la historia del portugués también desde un punto de vista crítico, especialmente durante el cruento proceso de colonización en el que se impuso a indígenas y a los miles de esclavos procedentes de África.

Todo ello está recogido en la exposición permanente, de atmósfera íntima y flanqueada por una enorme pantalla de más de 100 metros de largo, donde se cruzan proverbios, poemas, propagandas y grafitis en portugués.

Carlos Meneses Sánchez

(c) Agencia EFE

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