Murió Robert Mugabe, el expresidente de Zimbabwe que gobernó hasta sus 93 años

LA NACION

HARARE.- Robert Mugabe fue el héroe de la liberación africana y campeón de la reconciliación racial cuando llegó al poder por primera vez en Zimbabwe, una nación dividida por casi un siglo de dominio colonial blanco.

Casi cuatro décadas después, muchos en el país y en el extranjero lo denunciaron como un autócrata obsesionado por el poder, dispuesto a activar escuadrones de la muerte, amañar elecciones y destrozar la economía en su implacable ansia por el control.

Mugabe, que murió hoy en Singapur a la edad de 95 años, fue finalmente expulsado por sus propias Fuerzas Armadas en noviembre de 2017.

Demostró su tenacidad -algunos dirían terquedad- hasta el final, negándose a aceptar la expulsión de su propio partido, ZANU-PF, y aferrándose al cargo durante una semana hasta que el Parlamento comenzó a impugnarlo tras lo que en la práctica fue un golpe de Estado.

Su renuncia desencadenó grandes celebraciones en todo el país, de 13 millones de habitantes. Para Mugabe, fue un acto "inconstitucional y humillante" de traición por parte de su partido y su pueblo, y lo hundió en la desolación.

Confinado durante los años que le quedaban de vida entre Singapur, donde recibía tratamiento médico, y su enorme mansión Blue Roof en Harare, un Mugabe enfermo solo podía observar desde lejos el escenario político en el que antaño fue protagonista. Nunca lo abandonó la amargura por la forma de su salida.

En vísperas de las elecciones de julio de 2018, las primeras sin él, dijo a los periodistas que votaría por la oposición, algo impensable solo unos meses antes.

De héroe a tirano

Mugabe tomó el poder en 1980 después de siete años de una guerra de liberación y fue -hasta la toma del poder por el Ejército- el único líder que tuvo Zimbabwe, antes Rhodesia, desde su independencia del Reino Unido.

Pero a medida que la economía se desmoronaba a partir de 2000 y mermaba su salud mental y física, Mugabe encontraba menos personas en las que confiar, mientras trataba de allanar el camino a la sucesión de su esposa, Grace, cuatro décadas más joven que él y a quien sus críticos conocían como Gucci Grace, por su afición a las compras de artículos de lujo.

"Es el final de un capítulo muy doloroso y triste en la historia de una nación joven, en el que un dictador, al envejecer, entregó su corte a una banda de ladrones en torno a su esposa", dijo Chris Mutsvangwa, líder de los influyentes veteranos de la guerra de liberación de Zimbabwe, tras la expulsión de Mugabe.

Nacido el 21 de febrero de 1924, en una misión católica cerca de Harare, Mugabe fue educado por sacerdotes jesuitas y trabajó como maestro de escuela primaria antes de ir a la Universidad de Fort Hare, en Sudáfrica, entonces un caldo de cultivo para el nacionalismo africano.

Tras regresar al territorio entonces conocido como Rhodesia en 1960, entró en la política, pero cuatro años más tarde fue encarcelado durante una década por oponerse al dominio blanco.

Cuando su hijo pequeño murió de malaria en Ghana, en 1966, a Mugabe se le negó la libertad condicional para asistir al funeral, una decisión del gobierno del líder de la minoría blanca Ian Smith, que, según los historiadores, explicaría la amargura posterior de Mugabe.

Después de su liberación, subió a la cima del poderoso Ejército de Liberación Nacional Africana de Zimbabwe, conocido como la "guerrilla del hombre pensante", por sus siete licenciaturas, tres de las cuales obtuvo entre rejas.

Más tarde, mientras aplastaba a sus enemigos políticos, se jactó de otro título: "licenciatura en violencia".

Tras el final de la guerra en 1980, Mugabe fue elegido el primer premier negro del país.

"Has heredado una joya en África. No la manches", le dijo el presidente de Tanzania, Julius Nyerere, durante las celebraciones de la independencia en Harare.

Inicialmente, Mugabe ofreció perdón y reconciliación a antiguos adversarios extranjeros y nacionales, incluido Smith, que permaneció en su granja y siguió recibiendo una pensión del gobierno.

En sus primeros años, presidió una economía en auge, gastó dinero en rutas y represas y amplió la escolarización de los zimbabwenses negros como parte de un desmantelamiento generalizado de la discriminación racial de la época colonial.

Con la disminución de la tensión entre blancos y negros, a mediados de la década de 1980 muchos blancos que habían huido a Gran Bretaña o Sudáfrica, entonces todavía bajo el yugo del apartheid, estaban tratando de volver a sus hogares.

Pero no pasó mucho tiempo antes de que Mugabe comenzara a reprimir a los contrincantes.

Organizaciones humanitarias dicen que murieron 20.000 personas. El descubrimiento de fosas comunes dio lugar a acusaciones de genocidio.

La economía se contrajo en más de un tercio entre 2000 y 2008, lo que provocó una tasa de desempleo superior al 80%. Varios millones de zimbabwenses huyeron, la mayoría a Sudáfrica.

La debacle económica y política forzó la salida del dictador hace casi dos años.