Un mural de Adriana Bustos se quedó con el Premio Azcuy que entrega el Moderno

María Paula Zacharías
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La artista Adriana Bustos es la ganadora de la segunda edición del Premio Azcuy, uno de los certámenes más generosos, organizado por el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires y la compañía de real estate que da nombre al concurso. Por su proyecto Mundo Imaginal, elegido de manera unánime por el jurado, la artista recibirá 800.000 pesos, otorgados por empresa, que también cubrirá el costo de producción de la obra que será emplazada en un edificio aún en construcción en el barrio de Caballito.

Nacida en Bahía Blanca, Bustos se autopercibe cordobesa, porque en esa provincia se crió y se formó en arte y psicología en la Universidad Nacional de Córdoba. Está radicada hace ocho años en Buenos Aires. Figura destacada del arte actual, Bustos es una especie de investigadora o cartógrafa de iconografías, y puebla sus dibujos, fotografías, videos, pinturas y performances de imágenes encontradas en los confines de la historia. Su obra se guarda en colecciones como las del Museo Reina Sofía, la Fundación Arco Ifem, y los museos de arte moderno de Buenos Aires, Lisboa y Medellín.

En Córdoba, una ordenanza municipal obliga a los desarrolladores a comprar y emplazar obras de arte en el lobby de todo edificio que se construya. Pero en Buenos Aires, este concurso es una excepción: pone a pensar proyectos específicos para un edificio de Caballito, un sitio que no es el marco habitual del arte contemporáneo sino un lugar de paso y alta visibilidad para público que, quizá, en sus gustos apenas llegó a los hits del Renacimiento. "Creo que el espíritu de este premio es filtrar el arte contemporáneo en otros espacios. Fue una experiencia interesante pensar una obra saliendo de los lugares acostumbrados, como museo o galerías. Es una situación más de bienal, una obra ad hoc. Lo que hice es una prolongación de mi trabajo, no tuve que forzar mi lenguaje", dice Bustos en diálogo con LA NACION.

El lanzamiento del concurso fue en mayo y en su convocatoria se inscribieron más de 1100 artistas de todo el país. Luego enviaron más de 500 proyectos de obras. En septiembre se anunció la primera selección de siete finalistas, que incluyó a Adriana Bustos, Valentín Demarco, Mariana De Matteis, Juan Gugger, Mónica Heller, Ramiro Quesada Pons y el colectivo Blinky Caballito, integrado por Laura Ojeda Bär y Matías Malizia. Cada uno recibió 60.000 pesos para desarrollar su proyecto en profundidad. Este martes que pasó fue la presentación final en el auditorio del Museo de Arte Moderno ante el jurado, integrado por Victoria Noorthoorn, Javier Villa y Alejandra Aguado (directora y curadores de ese museo), Fernanda Brenner (directora de Pivô, San Pablo), Mónica Girón (artista), Carlos Huffmann (artista y director del Departamento de Arte de la Universidad Di Tella) y Sol Juárez (Gerente de Proyecto Creativo de Azcuy). El mismo día estuvo elegido el proyecto ganador y ayer se anunció en un acto a puertas cerradas en el que participaron Enrique Avogadro, ministro de Cultura de la Ciudad, los jurados y los finalistas.

Mundo imaginal es un mural desplegado en la totalidad del cielo raso del lobby del edificio que se llamará DONNA Acqua, ubicado en Av. J.B. Alberdi 1823, Caballito y estará terminado en 2022. Se trata de dos planisferios celestes y un mapa fluvial, rodeados por una constelación de imágenes significativas, con una narrativa histórica no lineal. "Imaginal es un neologismo que tiene que ver con la producción colectiva de imágenes, donde se cruza lo social y el imago. También tiene una acepción en biología que tiene que ver con los genes de animales e insectos que tienen metamorfosis, como la oruga. El disco imaginal va avisando en qué se va a transformar ese insecto. Jung también habla de lo imaginal", explica la artista.

Su obra siempre es resultado de investigaciones. "Hago como una pesquisa y a partir de ahí se generan las imágenes. Esta obra son dos planisferios celestes, una herramienta de representación que vengo usando desde hace tiempo, que es un dispositivo para leer los cielos en cualquier momento y lugar. Los de este trabajo muestran el cielo en el día en que se considera que se fundó Caballito, en 1921, visto desde sus coordenadas, y el otro muestra el de Flores en 1906 -el edificio está en los límites de estos barrios-. La idea es tatuar las capas de tiempo en el cielorraso. El edificio se llama Acqua, y por eso a los planisferios los cruza un río apócrifo, pensando en los ríos subterráneos que irrigan esta zona, que es alta, 37 metros sobre el nivel del mar. Entre 1915 y 1950 estaba ahí la planta que acopiaba agua y la suministraba a la ciudad. También fue una zona importante en época colonial porque era cruzada por el Camino Real", cuenta la artista, que también investigó sobre flora, fauna, poetas y tranvías.

Alrededor de las dos las bóvedas celestes que hará en acrílico y plata, dibujará en gouache (parecida a la acuarela) una serie imágenes documentales y fantasiosas que caracterizan a su obra. Entonces sí habrá una escena renacentista: la propia artista acostada sobre andamios para pintar como si fuera una cúpula de iglesia el techo de 7.5 por 11 metros.

"Sin dudas, debido a los acontecimientos actuales, esta edición fue muy especial. Me siento sumamente orgulloso del trabajo de todo el equipo involucrado que supo adaptarse al contexto para que, por segundo año, el Premio Azcuy sea posible", Gerardo Azcuy, arquitecto y desarrollador con más de 200.000 m2 construidos en la Argentina y el exterior. "Este es un premio superador para la escena del arte argentino. Logramos un apoyo integral a la creación y los artistas finalistas generaron proyectos extraordinarios", dijo Victoria Noorthoorn, directora del Museo Moderno. "Es un honor poder realizar un proyecto de esta envergadura en el contexto actual, que consideramos fundamental para alimentar a nuestra comunidad artística".