Mujeres de Tututepec se resisten a dejar morir el sa'an savi

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TUTUTEPEC, Oax., enero 2 (EL UNIVERSAL).- Estela y otras mujeres Ñuu Savi, conocido como "el pueblo de la lluvia" o mixteco, resisten la pérdida de su lengua, el sa’an savi, pues en San Pedro, cabecera de la Villa de Tututepec, municipio habitado por esta nación, pero fuera de la región Mixteca y enclavado en la Costa de Oaxaca, apenas 60 personas lo hablan y lo conservan.

"Hay que vivir, ¿y cómo vamos a vivir la realidad si no hablamos nuestra lengua. Sin la lengua, no hay vida", dice Estela López Pérez, una mujer indígena pertenciente a la nación de la lluvia, quien llegó desde la región Mixteca y desde entonces se ha dedicado con todas sus fuerzas a enseñar y compartir su lengua a jóvenes de esta comunidad costeña, principalmente a estudiantes.

Se trata de un esfuerzo que comenzó desde hace ya cerca de dos décadas, pero que en todos estos años aún no ha logrado echar raíces del todo, por lo que ella misma reconoce que no ha sido suficiente y son pocos los jóvenes que han querido hablar y recuperar el idioma.

Incluso ella, comenta, ha tenido que enfrentar al tiempo y los estragos que causan a su memoria la falta de oportunidades para mantener viva su lengua en el día a día, por la ausencia de hablantes para compartirla y de interés para que no muera.

"Estoy volviendo a reaprender algunas palabras que se me fueron olvidando por la falta de práctica", acepta.

Estela recuerda, por ejemplo, que su padre le decía que en casa no se hablaba el español, sólo el sa’an savi, porque ellos eran indígenas y no blancos. "Nos decía: nosotros nacimos con nuestro propio idioma y no podemos hablar otro", recuerda.

En su caso, explica, ella aprendió a hablar español cuando tenía más de 10 años, luego de que comenzó a ir a la escuela: "Mi familia y yo vivíamos en el cerro; cuando la autoridad llamó a mi papá para que nos enviara a la escuela, entonces bajamos al pueblo", dice.

Fueron estos esfuerzos de preservación que emprendió su padre los que le permitieron a ella y a todos sus hermanos hablar la lengua; sin embargo, sus hijos y sus sobrinos ya no aprendieron el sa’an savi.

La mujer explica que ni ella ni tampoco sus hermanos les enseñaron la lengua por la constante discriminación que había en la comunidad: "No tuvimos el suficiente valor con nuestros hijos, para hacerles saber que debían hablarla y nunca avergonzarse de ella", dice.

Ante la larga travesía para conservar su idioma y toda la cosmovisión que expresa, y que ya está a punto de desaparecer, a los esfuerzos de Estela se han sumado otras mujeres, como Celerina, de 72 años, Petra y más, quienes se han propuesto enseñarle a hablarlo a los niños y jóvenes, principalmente.

Los últimos hablantes

La Villa de Tutupec, hasta donde se extiende el pueblo mixteco, está ubicada en la Costa de Oaxaca y cuenta con cerca de 50 mil 541 habitantes, 51.5% son mujeres y el resto, hombres, de acuerdo con el Censo de Población 2020 del Inegi.

En la cabecera municipal, San Pedro Tututepec, son cerca de 2 mil personas, pero sólo unas 60 aún hablan la lengua nativa y unos que otros la entienden, según Ramón Meza Martínez, promotor del museo comunitario Yucu Saa. Las pocas personas que aún hablan esta lengua atribuyen la desaparición de su idioma al racismo y discriminación que atravesaron en su vida.

Cuando Estela y otros vecinos acudieron a la escuela, por ejemplo, fue difícil, porque la única lengua que conocían en ese entonces era el sa’an savi, una variante más extendida de la lengua de la lluvia, que en la Mixteca nombran Tu’un Savi.

"Muchas personas de mi edad y de la de mis padres y abuelos sufrimos para llegar hasta acá hablando nuestra lengua. Cuando éramos niños, en la escuela nos decían: los indios del barrio grande. Nadie nos explicaba que éramos indígenas de un pueblo, nadie nos decía que ser indígena es tener una identidad", recuerda Estela.

Celerina, la mayor, también recuerda las palabras de mestizos y españoles que llegaron a Tututepec: "Ustedes, ‘indios patarrajadas’, nos decían si nos escuchaban hablar nuestra lengua, y hasta piedras nos aventaban", platica en entrevista.

Fue por la discriminación que atravesaron que las familias dejaron de hablarle a sus hijos en sa’an savi, para que no pasaran lo mismo. Ahora, los pocos hablantes se esfuerzan porque niños y jóvenes lo aprendan. Otros pueblos también trabajan en su fortalecimiento, pero aún así se están quedando sin hablantes, por ello es doble el esfuerzo, expone Estela.

Ante ese escenario y bajo la premisa de revitalizar la lengua de la lluvia, Yolanda Camacho de Ña’a Tunda A.C., comenzó a trabajar con Nuestra Lengua, Nuestra Vida, proyecto que pretende fortalecer el idioma con los hablantes y al cual se sumaron Estela y las otras mujeres.

Nuestra Lengua, Nuestra Vida nace de la necesidad de fortalecer al sa’an savi ante su evidente pérdida. "Por ello, queremos aprender junto con otras personas. Sé que será difícil, pero también creemos que lo lograremos", expone.

Para ello, las mujeres organizan grupos de jóvenes y niños, a quienes enseñan lo relativo a la oralidad durante seis meses, pues, afirman, es con el habla que una lengua se arraiga.

"Que no les dé vergüenza a los jóvenes hablar su lengua y con orgullo digan: ‘Yo hablo tu’un savi y se habla así…", finalizan las mujeres.

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