‘Mujeres empoderadas’: Centro Comunitario Esperanza lanza programa para ayudar a mujeres inmigrantes en Palm Beach

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Maricela Torres es una inmigrante mexicana que comenzó su vida laboral cultivando fresas y uvas en los campos y limpiando hoteles. Sin embargo, llegó a convertirse en profesional, incluso llegando a estudiar una maestría.

Es su propia historia de lucha y superación como inmigrante lo que inspiró a Torres a crear hace dos años el Centro Comunitario Esperanza, ubicado en West Palm Beach. Se trata de una entidad sin fines de lucro que existe para dar una mano amiga a los inmigrantes de la zona, en particular a los jornaleros.

Y rindiendo honores al Mes de la Herencia Hispana (15 de septiembre al 15 de octubre), el Centro Comunitario Esperanza estará llevando a cabo desde el marte 5 de octubre un programa que busca ayudar a las mujeres inmigrantes: “Mujeres Empoderadas”.

“Mujeres Empoderadas”, que tendrá lugar durante 9 semanas, es un taller gratuito que será dictado por profesionales experimentados que darán a aproximadamente a 40 mujeres herramientas sobre cómo compartir sus historias de inmigración, celebrar los países de donde provienen, cómo cuidar la salud, cómo cuidarse a sí mismas y lo que significa hoy en día ser una mujer empoderada.

“El principal propósito del centro es ayudar a los trabajadores que laboran como jornaleros, que salen a las esquinas y esperan por trabajo día a día y a sus familias. Esa fue la motivación para que abriéramos nuestras puertas. Ahora seguimos con la misma misión, pero hemos desarrollado programas para madres y niños”, explica Torres, residente de North Palm Beach.

“Comenzamos con una oficina pequeña, un escritorio y un teléfono, pero hemos ido creciendo porque la necesidad de la comunidad es muy grande”, dice Torres.

Torres, fundadora y directora ejecutiva del Centro Comunitario Esperanza, dice que ella y su ayudante han salido a las calles a dejarle saber a los jornaleros que existe ayuda para ellos y sus familias de forma gratuita y en su idioma, el español.

“Tenemos una base de dato de trabajadores de la zona, de personas que trabajan como jornaleros, que se paran en una esquina a esperar a que alguien los recoja y les dé trabajo. Hay entre 350 y 400 jornaleros en esa zona”, dice Torres.

No todos esperan al mismo tiempo. De acuerdo con Torres, un día promedio puede haber entre 25 y 30 jornaleros en la esquina de la 44 St. y Broadway, al sur de la 45 St., en una zona conocida como Northwood.

“Yo duré mucho tiempo en tratar de explicarle que éramos una organización sin fines de lucro y que nuestro único interés era ayudarlos sin cobrarles. Iba y les explicaba por qué abrí esa pequeña oficina. Mi misión al final del día era y es tener un centro comunitario que tuviera una parte laboral, donde los trabajadores puedan buscar trabajo adentro, no en las calles bajo el sol”, dice Torres.

Durante la pandemia, el centro ha estado trabajando constantemente educando a estos trabajadores y sus familias, dice Torres, incluso repartiéndoles desinfectantes de manos, dándoles información sobre dónde vacunarse, cómo cuidarse y más.

Igualmente les enseñan cómo evitar convertirse en víctimas de estafa o los ayudan a intentar recuperar su salario.

“No muchas veces tenemos éxito, pero seguimos trabajando muy fuerte para que aprendan a protegerse a sí mismos”, dice Torres.

Una vida diferente

Torres vino a EEUU cuando tenía 10 años. Para entonces, no sabía, dice, lo que era un estatus migratorio. Había nacido en un rancho en Michoacán, México, y creció en California.

“Fui indocumentada. Durante muchos años trabajé en el campo piscando uvas en viñedos al norte de California para ahorrar para ir a la universidad y comprar mi primer auto. También cultivé fresas y lavé trastes en un restaurante, trabajé en un hotel limpiando habitaciones”, recuerda Torres. “Luego mi madre pudo recibir su residencia por la reforma migratoria de 1986 y al hacerse ciudadana pudo arreglar la situación de sus hijos”.

“Yo miraba día a día la vida de los inmigrantes y obviamente yo también era indocumentada en aquel tiempo. Yo miraba la vida de mucha gente, de nuestra gente, que sufría mucho y sufrían abusos. Y el deseo de ir a la universidad se forjó como en una pasión para mí. Sabía que mi vida solo iba a ser diferente a través de la educación, si lograba ir a la universidad y algún día ser profesional”.

Aunque a veces su familia la desanimaba porque nadie en su familia había ido a la universidad, Torres no estaba dispuesta a acabar con sus sueños.

“Y lo logré, tengo un bachillerato en negocios y una maestría en psicología. Yo siempre he tenido el deseo de ayudar a mi comunidad porque vi la gran diferencia que hizo el apoyo de la gente que ayudó a mi madre y quienes me ayudaron a mí. Entonces yo me aferraba a los mensajes positivos que me daban los vecinos y maestras, y que me decían que yo sí podía ir a la universidad, que no era un sueño”, recuerda.

“Yo me prometía que cuando pudiera ir yo iba a ayudar de alguna forma a la comunidad”.

Y cumpliendo esa promesa que se hizo a ella misma, Torres ayuda hoy a otros como a la emprendedora guatemalteca Ester Cedillo.

Esposa, madre de un bebé de 11 meses e inmigrante residente en West Palm Beach, Cedillo será una de las participantes del programa para mujeres y está, dice, agradecida con toda la ayuda que el centro le ha brindado. Cedillo se dedica a la elaboración y venta de trajes típicos y de comida.

“Es un lugar donde he encontrado apoyo en cuanto a mis proyectos... Y también las charlas sobre la familia, la salud y sobre cómo debemos cuidarnos ha sido de gran importancia sobre todo en estos momentos con todo lo del COVID”, dijo. “Este centro me ha motivado a salir adelante como una mujer emprendedora”.

Por un desvío

El destino puso a Torres frente a lo que es hoy el motor de su vida: Ayudar a otros.

“Durante años me dediqué a viajar y trabajar, he hecho cosas que siempre soñé que iba a hacer, hasta que un día me desvié de mi rutina normal yendo a mi oficina y pasé por esta comunidad y miré a esos trabajadores parados allá afuera y me recordó a los trabajadores con los que yo crecí y me di cuenta que acá mismo en mi comunidad había gente que estaba luchando igual que con la gente con la que yo crecí”, recuerda Torres, hoy de 45 años, quien trabaja como asistente legal de una corporación mundial de azúcar.

Talleres de alfabetización, de finanzas, colectas de basura para que los inmigrantes se integren a la comunidad, orientación con expertos en impuestos e inmigración, entre muchos otros programas y actividades, el centro ofrece cada vez más apoyo y orientación.

Y en este Mes de la Herencia Hispana, el turno es de las mujeres. El programa diseñado por profesionales guiará a las mujeres para lograr el objetivo de empoderarlas.

“Miro a las mujeres tan poderosas, tan fuertes, tan resilientes, pero ellas no se miran así... Este programa está diseñado para que ellas vean su propia fueras interna. ‘They are the glue that keeps the family together’ (Son el pegamento que mantiene unida a la familia)”, dijo Torres.

El Centro Comunitario Esperanza está ubicado al norte de la ciudad de West Palm Beach, en 3600 Broadway, West Palm Beach. Más informes sobre el Centro Comunitario en https://esperanzacommunitycenter.org. Para donaciones, el Centro ha cresado una página GofundMe en https://gofund.me/8b7794c5.

El cupo para el programa es limitado. Para informes, llamar al 561-560-3558.

yvaldez@sunsentinel.com, 954-825-7827, @yvonnehvaldezz en Facebook, Twitter.

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